Nueva andadura musical

Cuarteto Fuerte debuta este martes en el Cicus con su jazz "sin ataduras ni corsés"

  • El grupo señala a Art Blakey, Wayne Shorter o Morricone como influencias de su singular sonido

Cuarteto Fuerte, el nuevo proyecto sonoro de cuatro músicos experimentados. Cuarteto Fuerte, el nuevo proyecto sonoro de cuatro músicos experimentados.

Cuarteto Fuerte, el nuevo proyecto sonoro de cuatro músicos experimentados.

El auditorio del Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (Cicus) acoge este martes (21:00, 7 euros general, 4 para la comunidad universitaria) el debut de Cuarteto Fuerte, la nueva formación de cuatro experimentados músicos sevillanos, Gustavo Domínguez, clarinete bajo; Álvaro Vieito, guitarra; Juan M. Martín, bajo, y Nacho Megina, batería.

En su primer disco, publicado por Titanical Records, la formación liderada por Juan M. Martín -bajista vinculado a proyectos como la Big Band de Assejaz o Malheur- se adentra "en los territorios del jazz contemporáneo sin ataduras ni corsés, rehuyendo inercias y propiciando una experiencia que sacude la rutina en el oído del oyente", se asegura de Cuarteto Fuerte en las notas promocionales con que el conjunto se presenta al mundo.

El álbum contiene ocho temas de sonido a la vez denso y fluido, con una atmósfera personalísima que se sostiene en los firmes cimientos del sonido y el timbre inconfundibles de Martín y el compás preciso y dinámico de Megina, y se expande sin cesar con el poderoso contraste que generan el fraseo ejemplar y los meditados solos de Vieito y la locura controlada de Domínguez, músico ligado al ámbito clásico-académico (como miembro de Proyecto Ocnos y clarinetista habitual de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla y la Euskadiko Orkestra) que da en esta grabación rienda suelta a su pasión por la improvisación y el free-jazz.

Entre las influencias, Cuarteto Fuerte señala tanto al Morricone menos difundido (el que se dejó atrapar por los timbres y los ritmos del rock y la psicodelia), como a las tensas y oscuras bandas sonoras de cine criminale italiano de los 60 y 70; y tanto a figuras fetiche para el bajista como Bill Frisell y especialmente John Zorn, como a episodios indispensables del gran libro del jazz del siglo XX, caso de los firmados por Art Blakey, Ornette Coleman o Wayne Shorter.

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