Blue Note celebra sus 80 años Más allá de las notas

  • Blue Note celebra su 80 aniversario con una serie de propuestas en las que el sello combina su legendaria historia con miradas a un remozado presente

El pianista y compositor israelí Yaron Herman (Tel Aviv, 1981). El pianista y compositor israelí Yaron Herman (Tel Aviv, 1981).

El pianista y compositor israelí Yaron Herman (Tel Aviv, 1981). / Marta García

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Llegó a Nueva York en 1936 huyendo de la Alemania nazi. Un territorio idóneo para extender su pasión por una música que lo había conquistado en su adolescencia. Alfred Lion (1908-1987) era judío y amaba el jazz. Secundado por amigos de la infancia (Francis Wolff) o padrinos (el escritor y músico Max Margulis o el también escritor Emanuel Eisenberg), Lion puso en marcha una marca discográfica bautizada con un término procedente del lenguaje musical afroamericano: Blue Note Records.

Sus iniciales referencias llegaron a las tiendas el 3 de marzo de 1939 protagonizadas por los pianistas de boogie woogie Meade Lux Lewis y Albert Ammons. Y ahora, 80 años después, el sello puede presumir tanto de un fabuloso catálogo, conformado por leyendas de la dimensión de Thelonious Monk, Sonny Rollins, Art Blakey, Miles Davis, Bud Powell, Eric Dolphy, Herbie Hancock, Ornette Coleman o Wayne Shorter, como de una actualidad oportunamente revitalizada para la ocasión.

La historia exige al presente. Y a Blue Note no se le puede reprochar falta de empuje a la hora de de haber superado crisis empresariales, episodios de ruptura y vaivenes corporativos. Su capacidad adaptativa y el ideario personificado en nombres esenciales en su tradición como los productores Rudy Van Gelder y Michael Cuscuna, el diseñador de portadas Reid Miles o los ejecutivos Bruce Lundvall y, en este momento, Don Was fueron marcando los tiempos de una ruta que ha establecido alianzas con los distintos estilos –be bop, hard bop, soul jazz, free...– desplegados a lo largo y ancho de la vasta crónica jazzística.

Por ello no sorprende que Universal, actual propietaria de la marca, haya previsto una variada agenda de propuestas para este año con el fin de honrar su legado. Tomen nota: la serie de reediciones Tone Poet con registros extraídos de los masters originales en vinilo de 180 gramos y portada desplegable, cuyos primeros títulos vienen protagonizados por Wayne Shorter, Chick Corea, Sam Rivers, Cassandra Wilson, Gil Evans o Joe Henderson.

A ella se suma el lote temático Blue Note 80, la serie Vinyl, Please y las cajas Blue Note Review incorporando más recuperaciones en vinilo. Playlists especiales en Spotify y Apple Music, el documental Blue Note Records: Beyond the Notes de la directora Sophie Huber, impresiones artísticas enmarcadas de legendarias portadas, diseñadas por Reid Miles y con fotografías de Wolff, giras y programas especiales en festivales como Monterey, un reloj conmemorativo e incluso un crucero musical por el Caribe vienen dando forma a una conmemoración que no pierde de vista la actualidad. De esta forma, nombres como Yaron Herman o Kendrick Scott Oracle –nacidos ambos en los 80– ejemplifican con sus flamantes lanzamientos la vigencia de la etiqueta.

El baterista y compositor Kendrick Scott Oracle (Houston, 1980). El baterista y compositor Kendrick Scott Oracle (Houston, 1980).

El baterista y compositor Kendrick Scott Oracle (Houston, 1980). / Todd Cooper

Songs of the Degrees supone el regreso de Yaron Herman al formato de trío acústico, ausente de su propuesta desde Follow the White Rabbit (2010) y tras alguna que otra prescindible incursión en el ámbito electrónico: una cita del poeta T. S. Eliot confirma su vuelta al lugar donde inició su exploración para conocerlo de nuevo. Junto al contrabajista Sam Minaie y la batería de Ziv Ravitz, el pianista israelí asentado en París construye un exquisito álbum, probablemente su mejor trabajo, sobre una partitura propia a la que se suman en Crazy Cat las firmas de sus compañeros. Un ejercicio de interiorización en el que cada composición es una carta dirigida a sí mismo y que lo libera de cierta rigidez precedente. El balance brilla por su versatilidad, ajustando dinámica y lirismo en un recorrido que no rehúye el influjo pop en su perfil melódico. Once canciones que señalan el camino hacia un formato cuyas características y recursos permiten a Herman dar lo mejor de sí mismo.

El batería Kendrick Scott Oracle también encarna a la perfección el rol de nuevo valor con el que Blue Note busca refrescar su imagen. "Este proyecto es una respuesta a una lucha personal que también es colectiva: cómo estamos más conectados que nunca, pero también más separados; y las oportunidades que se nos plantean dentro de esa conciencia", dice él mismo sobre su segundo trabajo para el sello, A Wall Become A Bridge, su más completa obra hasta la fecha.

Una proclama a favor de la comunicación en la que el líder y compositor armoniza con cuidado equilibrio la estructura clásica –guitarra, bajo, saxo, pianos, batería...– con efectos de DJ Jahi Sundance y fogonazos vocales. Doce composiciones de sugerente y asimétrico diseño, impulsadas por las precisas intervenciones del piano de Taylor Eigsti, la guitarra de Mike Moreno o los saxos y clarinete bajo de John Ellis, que otorgan carácter a este valioso álbum. Otra piedra más con la que Blue Note consolida sus puentes con el presente.

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