Pasarela

Oro, el 'glamour' llega al plato

Si busca sorprender en la mesa, con el no va más del glamour, aquí hay una idea para deslumbrar en la próxima cena. Échele oro al asunto. No es nada nuevo, porque el oro se viene utilizando en elaboraciones culinarias desde tiempos inmemoriales, pero no por ello deja de ser curioso. Además de como complemento decorativo, el oro es un elemento sorprendente que hace, además de caros y exclusivos, muy atractivos los platos. Los habitantes del antiguo Egipto o la antigua Roma ya añadían oro a sus platos y los chinos lo consideraban un metal con propiedades medicinales. En Venecia, se servían en algunos exclusivos cafés del siglo XVI unos minignardises cubiertos de oro. Unos pequeños dulces que, según se decía en la época, tenían propiedades para aliviar el reuma y reforzaban el corazón. A día de hoy la pastelería francesa lo ha vuelto a poner de moda y algunos famosos lo han incluido en su dieta como algo excepcional.

Se cuenta que una conocida cantante bebe champán con virutas de plata espolvoreadas. Y es que, tanto el oro como la plata llevan algunos años de moda entre la jet set no solo como complemento indispensable en su vestuario sino como ingrediente de bebidas o comidas. Las formas en que puede presentarse son de lo más diverso. Desde láminas o copos a sprays con dosificadores. Todo depende del efecto que se quiera provocar. Las sensaciones, dicen quienes se han dado el gusto, son muy agradables. El oro es un metal que se funde al contacto con la lengua y que no contamina el sabor del alimento al que acompaña. Suele emplearse, eso sí, en pequeñas cantidades por lo que con los 40 euros que cuestan unos 100 gramos podemos tener para rato. Es un elemento creativo y sugerente que tiene mucha aceptación entre quienes pueden permitírselo, pero además de un elemento de distinción es una comida saludable. El oro favorece la eliminación de toxinas y retrasa el envejecimiento de la piel, por lo que al beneficio estético del plato habría que añadir el del comensal. El glamour llega al plato y a nuestra rejuvenecida piel. Ya saben eso de "lo que se come se cría". Nadie podrá decir que no brillamos con luz propia.

Un mercado internacional que se abre paso también en lo digital

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