Editorial

Tinta de calamar

Sánchez convirtió el debate de investidura en un intento de justificar el pago que ha tenido que realizar a los independentistas para conservar el poder

La primera sesión del debate de investidura la convirtió Pedro Sánchez en un intento de justificar el pago que ha tenido que realizar a los independentistas catalanes para asegurar su permanencia en la Moncloa. Desde el discurso largo y previsible de la mañana hasta el bronco y desabrido duelo de intervenciones con el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, lo trufó el candidato a la Presidencia de apelaciones a haber hecho “de la necesidad virtud” y de haber convertido la amnistía en un instrumento de reconciliación frente a la cerrazón de la derecha para articular la convivencia con Cataluña. Nada que no hubiera sido ya reiterado en anteriores intervenciones. Pero, sobre todo en su primera intervención, el dirigente socialista dejó evidencias de que ese montaje ideológico trasluce una mera transacción que le beneficia a él por encima de cualquier otra consideración. Más de una hora tardó en citar la amnistía y antes había disparado abundante tinta de calamar en dos direcciones: anunciando medidas sociales en la línea iniciada en la anterior legislatura –desde la rebaja del IVA para los alimentos hasta el transporte gratuito para jóvenes y parados– y proclamándose como único muro para bloquear las políticas ultras y trumpistas que según él aplicarían PP y Vox. Tampoco Núñez Feijóo fue mucho más lejos del discurso vehemente y radicalizado que ha exhibido en sus últimas intervenciones públicas, centrándose en la sumisión del socialista a la exigencia de unos delincuentes que no creen en el Estado ni en la Constitución y en la deslegitimación de las elecciones. Esto fue básicamente, al margen de los exabruptos extremistas de Abascal y de su comparación de Sánchez con Hitler, el contenido de un debate de investidura que se celebró en un Congreso de los Diputados blindado por la Policía y con tensión contenida en el hemiciclo y en la calle. En ese clima Pedro Sánchez se va a convertir hoy en presidente del Gobierno. Para los ciudadanos queda un fiel reflejo del nivel al que se ha llevado a la política española.

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