Zira Williams: “Ni una sola vez me he planteado tirar la toalla”
Entrevista
Con su propia compañía, la intérprete, pionera del teatro inclusivo, reclama más herramientas para garantizar la igualdad de oportunidades en las artes escénicas a nivel profesional
La pérdida irreversible de la visión a los 23 años a consecuencia de una diabetes significaría la deserción inmediata para cualquiera que soñara con dedicarse al teatro. Para Zira Williams, nombre artístico de Esther Ruiz Jurado (Córdoba, 1976), semejante trance tuvo el efecto contrario: la más absoluta convicción en su decisión de emprender una trayectoria profesional en el sector. Pionera del teatro inclusivo en España, dio sus primeros pasos junto a Mercedes León en el grupo El Malecón de la ONCE en Málaga, donde reside, y hace unos años fundó su propia compañía, en la que además de actuar produce sus espectáculos. El Festival de Teatro de Málaga le concedió en su pasada edición el Premio Ángeles Rubio Argüelles por su contribución a la igualdad y la integración en las artes escénicas.
Pregunta.¿Quién le inoculó el veneno del teatro?
Respuesta.Mi abuela. Era actriz aficionada y escribía sus propios textos. Hacía teatro en el barrio, en Córdoba, con más vecinas, y con lo que recolectaban se iban luego de perol.
P.¿Estaba predestinado que usted siguiera sus pasos?
R.Yo he amado el teatro desde pequeña y en mi niñez quería estudiar arte dramático. Pero en mi casa hacían falta ingresos, así que estudié peluquería y me puse a trabajar con 16 años. Perdí la vista a los 23 y entonces comprendí que tenía una oportunidad. Algunos años más tarde, en 2005, entré en El Malecón, el grupo de teatro de la ONCE en Málaga. Allí conocí a Mercedes León.
P.¿Qué le enseñó?
R.Todo lo que sé. Me formé con ella durante seis años, mientras seguía mi rehabilitación y aprendía braille. Pero, principalmente, aprendí a tener confianza en mí misma.
P.¿No tuvo dudas en aquellos primeros pasos sobre si estaba haciendo lo correcto?
R.No. Es más, nunca, ni una sola vez me he planteado tirar la toalla. Ahí Mercedes León fue determinante. Cuando apenas llevaba un mes en el grupo de la ONCE, entré a sustituir a una actriz en los ensayos de una obra suya, Cinco cubiertos. Me hizo una prueba y, cuando la terminé, me dijo después de guardar silencio unos segundos: “Eres tú. Eres el personaje que yo he creado”. Aquello me dio toda la seguridad que necesitaba. Poco más tarde, cuando mi abuela me vio por primera vez en un escenario, ya tuve claro que nunca me dedicaría a otra cosa.
P.¿Le costó dar sus primeros pasos fuera del grupo de teatro de la ONCE, ya como actriz profesional?
R.No. Afortunadamente, estuve muy bien acompañada. Trabajé en Málaga para Antonio Zafra y en Teatro de la Orilla, la compañía de Mel Rocher. Los dos son artistas muy sensibles con el teatro inclusivo.
P.Hasta que fundó su propia compañía.
R.En noviembre de 2019, mientras trabajaba en una comedia con Mel Rocher, tuve por primera vez la idea de producir mis propios espectáculos y contar mis propias historias en un escenario. Y me puse a ello. Hasta ahora, hemos estrenado dos espectáculos, Manto y Yo, Lady Macbeth. Y los dos me han dado muchas satisfacciones.
"Como te consideran amateur en casi todas partes, lo habitual es que te paguen menos o que directamente te pidan que trabajes gratis"
P.¿Qué es lo más difícil de su trabajo?
R.Lo más complicado es lo que tiene que ver con la gestión de la compañía y, especialmente, la distribución de los espectáculos. Cuidado, no por mi discapacidad: distribuir lo que haces es lo más difícil para cualquier compañía. Yo siento que estoy dando todavía los primeros pasos en este mundo, pero voy aprendiendo. También en esto me siento muy bien acompañada.
P.En este sentido, ¿se siente en desventaja respecto a otras compañías? ¿Cabría la posibilidad de introducir herramientas que garantizaran una mayor igualdad?
R.Sí, hay mucho margen de mejora, tanto en lo que tiene que ver con las administraciones públicas como con instituciones privadas. La sola tarea de rellenar una ficha online con tus datos puede hacerse muy cuesta arriba, porque la mayoría de veces estas fichas no son accesibles, con lo que el lector de pantalla no puede guiarte en el proceso. Hay días en que sientes que poner una X en una casilla te cuesta la vida. Ahí, por supuesto, te ves en desventaja respecto a quien puede cumplimentarlo todo sin problema. Pero entiendo que no sería muy difícil garantizar la accesibilidad en estos trámites. Es una cuestión de voluntad.
P.¿Hay que demostrar más desde el teatro inclusivo?
R.El problema es que el teatro que hacen personas con discapacidad siempre se considera amateur. Todavía hay que hacer mucha pedagogía para aclarar que somos cada vez más lo que trabajamos a un nivel profesional. Pero, como te consideran amateur en casi todas partes, lo habitual es que te paguen menos o que directamente te pidan que trabajes gratis. Como si eso fuera una oportunidad y encima tuvieras que estar agradecida. Sería muy interesante que hubiera más festivales de teatro inclusivo en España para dar visibilidad a esta realidad. A día de hoy, hay muy pocos.
P.¿Son los teatros suficientemente accesibles?
R.A menudo el escenario es un espacio hostil para nosotros, sencillamente porque muchas veces solo puedes acceder desde los camerinos por una escalera. Luego, si quiero bajar al patio de butacas para estar más cerca del público, casi nunca voy a poder porque lo que hay son más escaleras. Y entiendo que tampoco sería tan difícil eliminar estos obstáculos. Ya en el escenario, eso sí, corresponde al artista, sea cual sea su discapacidad, aplicar las soluciones necesarias para facilitar su movilidad y para que salga bien la función. Y con esto también se aprende, por supuesto. A mí me han pasado cosas que ya no me van a volver a pasar.
P.¿Qué le pide al futuro?
R.Que el público venga a ver mis obras como se va a ver el trabajo de una actriz. Sin más.
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