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Sophie Demange, autora de 'Las carniceras': "La lucha de las mujeres sigue más allá de lo heroico"

escritora

Sophie Demange. / Siruela

CORTAR, DESPEDAZAR, RESPIRAR. Ser carnicera como espacio de control, poder y -también- venganza. Esa es la propuesta que Sophie Demange (Ruan, 1983) desarrolla en ‘Las carniceras’ (Siruela), una novela catárquica -cuenta por teléfono, en un español que sobrevive a una conexión precaria- en la que terminó volcando la frustración ante un sistema que no responde como debiera ante las violencias machistas: una lacra que todos vemos, dice, pero que no tiene una respuesta efectiva.

–¿Cómo llega a esta imagen de unas carniceras justicieras de la violencia machista?

–Pues fue una mezcla de muchas cosas. Primero, fue el toparme con una mujer carnicera: algo que me llamó mucho la atención, porque no hay muchas carniceras en Francia. Para colmo, era una chica muy joven, que trabajaba sola. Quise hablar con ella para saber un poco más sobre su formación. Y, después, creo que la violencia en esta historia viene como respuesta a muchas películas que hemos visto, en las que la víctima es siempre la mujer... Toda esa mezcla inconsciente dio lugar a 'Las carniceras'.

–Imagino que de esa joven carnicera sale, en gran medida, todo el conocimiento específico que vemos en el libro: esas guías de corte y manejo.

–Quería mostrar que estas mujeres son profesionales, que no se limitan a ser personajes atrayentes o atractivos. Que fueran reconocidas por lo que hacen era muy importante para mí. Me interesaba el contraste entre su experiencia, su talento y lo que sufren en su vida diaria. En ellas, se forma esa idea de libertad a través de un trabajo que no es convencional, y que es símbolo de mujer fuerte y poderosa, con capacidad de actuar y manejar su vida.

–Siguiendo esa línea de contrastes, está el modus operandi: en las antípodas de envenenadora, viuda negra...

–De lo que suelen ser métodos “femeninos” de matar. También es una novela en la que ríen mucho, una novela muy colorista, con mucha luz... Eso también quería que fuera un diferencial: estamos en una carnicería, pero hay mucha vida y voluntad de vivir

–Sé que para muchas lectoras, este libro ha tenido mucho de catárquico. Trabaja como asistente social, ¿lo ha tenido también su escritura?

Escribir se convirtió en una necesidad para afrontar realidades con las que no podía más"

–Hoy día, me centro en niños y niñas con problemas de abusos, con padres y madres que no les pueden ayudar, porque también han sufrido violencia. Por eso la mirada social está muy marcada en esta historia: escribir se convirtió en una necesidad para afrontar esas realidades con las que no podía más. El trabajo social hace también de espejo con cosas personales que nos han pasado, o que he conocido de joven, y que han ido resurgiendo conforme escribía. En el libro, de hecho, hay veces que se ve que podemos entender por qué un hombre puede ser violento: cómo funciona el mecanismo, pero no se puede aceptar. No se pueden excusar la violencia y las violaciones hacia las mujeres. Uno también ha de hacer elecciones en la vida para paliar y gestionar sus problemas, para parar la repetición de ese ciclo de violencia que, al final, termina siempre en los mismos.

–Bueno, es que las protagonistas serán carniceras: pero, en el mundo, ellas son las piezas de carnicería.

–En todo el libro hay un doble símbolo con el cuerpo de la mujer como metáfora. Esos pedazos de carne. Ser carnicera se convierte en volver a tener poder sobre el cuerpo, para que no sea esa carne a disposición. Somos muy conscientes de las violencias contra la mujer, especialmente, la sexual, pero parece que sólo vamos poniendo tiritas. De hecho, a pesar de toda la lucha y el humor, bajo la historia late una pulsión triste, porque la justicia es demasiado lenta, la sociedad asume demasiado, y eso es lo que las lleva a convertirse en asesinas de hombres: si quieren sobrevivir, tienen que hacerlo por sí mismas. Y sí, claramente, el sistema legal hoy en día es muy lento e insuficiente.

–Al respecto, ¿cree que el caso de Gisèle Pelicot marcará un antes y un después en Francia?

–Creo que el testimonio de Giséle Pelicot a nivel mundial tiene un peso tremendo. Pero hay un contraste entre las heroínas y la vida de todos los días: desde luego, ella es una heroína absoluta pero, ¿qué hay de las invisibles? Porque no se le puede pedir ser un héroe a todo el mundo. El caso Pelicot servirá para que todo el mundo sea consciente, y ojalá se pueda cambiar un poco el tratamiento del tema. Pero tenemos que seguir dando testimonio a las mujeres de todos los días. La misma hija de Pelicot tiene que combatir para conseguir visibilidad. La lucha sigue más allá de lo heroico. No hay más.

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