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Pedro Díez | Empresario y fundador de Ieducando “Los niños van a escuelas del siglo XX en pleno siglo XXI”

Pedro Díez posa para la entrevista. Pedro Díez posa para la entrevista.

Pedro Díez posa para la entrevista. / Juan Carlos Vázquez

Pedro Díez Tella (Madrid, 1963) es militar. Confiesa que nunca se deja de serlo pese a que se retiró con el grado de capitán para convertirse en empresario. Además de su carrera como oficial del Ejército, estudió Business Administration en la Universidad de Houston, y tiene varios títulos de posgrado, entre ellos en Computer Science por la Universidad de Hardvard. Todas sus empresas han sido tecnológicas. Su compañía actual, Ieducando, de la mano de Google, ayuda a colegios en su transformación digital y a implementar metodologías educativas tecnológicas.

–Su empresa lleva un lustro trabajando en ayudar a usar la tecnología para educar en los colegios. ¿Hay mucho trecho entre la realidad actual y dónde debería estar en ese campo la enseñanza en un mundo tan tecnológico como el de hoy?

–Un trecho brutal. El problema que tenemos es que los niños siguen entrando en escuelas del siglo XX cuando estamos en el siglo XXI. Muchas escuelas siguen sin tener medios tecnológicos, ya no sólo para mejorar el aprendizaje de los alumnos, que es importantísimo, sino para individualizar la enseñanza. A los políticos se les llena la boca de hablar a la atención a la diversidad, pero la diversidad no es sólo de género, religión u origen. También es diversidad a qué ritmo aprendemos cada uno en las distintas asignaturas.

–¿Cada uno tiene una capacidad?

–Claro. Pero las capacidades pueden ser diferentes incluso en un mismo alumno, que puede tenerla alta en Matemáticas y ser más limitada en comprensión lingüística. La tecnología sí nos permite tener eso en cuenta. Porque nos permite medirlo. Eso no quiere decir que el profesor no sepa hacerlo. Lo sabe hacer, pero tenemos que darles herramientas para que no dependan sólo de su criterio, que en algún momento pueden estar sesgado.

–Hoy por hoy, con niños que son nativos digitales, porque conviven hace años con la tecnología y no conciben su vida sin pantallas, ¿no usar esa herramienta si no les aboca al fracaso escolar sí hace que se aburran?

–No creo que se les aboque al fracaso escolar, pero tampoco se está haciendo nada para evitarlo. Los niños están habituados a buscar y encontrar las cosas que les interesan por ellos mismos. Y eso es lo que tiene que hacer la escuela. Empezar a plantearse que hay que educar a los alumnos en una serie de competencias para que sean ciudadanos digitales, para que puedan practicar el ocio activo, ser aprendices constantes. Y que sean capaces aplicar esas competencias.

–¿Cómo?

–No podemos obviar que el conocimiento ya no está en el profesor. Ya no tiene que explicar las cosas. El modelo de clase invertida es el que está tomando mucho valor. Es un modelo en el que los profesores les dicen a los niños qué tienen que mirarse de la teoría y, después en clase, hacen lo que antes se hacía en casa: los deberes. Poner retos en el aula, promocionar que los compañeros se ayuden entre ellos, trabajen en equipo o por proyectos. Las asignaturas no se presentan como algo aislado, sino planteando problemas que ayuden a aplicarlas.

–¿Cinco años de trayectoria en Ieducando es tiempo suficiente para ver que eso funciona en los colegios en los que se aplica?

–Sí. Los resultados se ven bastante rápido. Uno de los indicadores que medimos es el compromiso de los alumnos con la enseñanza. Y se incrementa de forma sencilla. En algunos casos llega a duplicarse. Impresiona el nivel de compromiso que alcanzan los alumnos.

–En un sistema educativo con un abrumador peso de la educación pública y concertada, que la controla lo público, si esto no se lo cree la Administración será difícil implementarlo.

–Ahí estamos ahora mismo. Sí que es cierto que la educación concertada puede decidir si quiere usar medios técnicos, el problema es cómo los financia.

"La falta de un pacto de Estado por la educación es un gran problema y también la diferencia entre autonomías"

–Pero yendo al fondo...

–La educación pública está empezando a ser consciente de esto. No digo que antes no lo fuese. Pero claro, si hablas de Andalucía por ejemplo, con un millón de alumnos susceptibles de usar tecnología, financiar darles un dispositivo para cada uno, por muy barato que sea, 100 euros por ejemplo, son 100 millones de inversión. Y ahí es donde viene el problema. Pero el mayor problema es la duración de los planes educativos, que no tienen continuidad. En cuanto cambia el Gobierno quiere derogar lo anterior. Mientras no haya un pacto de Estado por la educación de largo plazo, es complicado que de verdad avance.

–¿Y no hay el problema de la velocidad tecnológica que deja una inversión como ésa obsoleta en tres años?

–Eso es cierto. Los dispositivos pueden durar más de tres años. Ahora son muy ligeros y menos complejos. Lo que están haciendo los colegios privados y concertados es comprar los dispositivos con un renting a cuatro años. Y pasado ese tiempo cambian el dispositivo.

–¿Hay fórmulas financieras, entonces?

–Claro. Una fórmula que está empezando a surgir, sobre todo en los países más avanzados en esto, es el dispositivo como servicio. Alquilan por una cuota mensual dispositivos que ya traen incluido el material educativo.

–¿Eso erradica el libro?

–No. El libro es digital.

–El libro físico, digo.

–El de texto sí. Ahí creo que va a haber un cambio importante. Una evolución similar a la que inició la música, que ahora se paga por el acceso al catálogo. Y eso permite no ligarse en todas las asignaturas a una misma editorial. Y también incluir contenido hecho desde el propio claustro del colegio o de un profesor concreto. Tener una plataforma que lo permita facilitará que haya listas de reproducción. Una Administración Pública que tiene 3.800 colegios, como Andalucía, podrá decir que para sus 2.000 centros de Secundaria quiere para_Lengua de 1º de la ESO una la lista que dará el temario completo.

–¿La estabilidad del sistema es entonces el mayor problema para aplicarlo?

–Es un obstáculo muy grande. Y otro gran problema es la gran diferencia que hay entre autonomías. Diferencias abismales. No hay igualdad en los medios para educar a los alumnos.

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