Miguel Muñoz Zurita: “En el teatro a veces es deseable equivocarse”
Entrevista
El actor, figura fundamental del teatro andaluz, acabo de ser reconocido con el Premio Ateneo de Málaga de Teatro por su último espectáculo, 'Uno', un monólogo de naturaleza experimental que además ha escrito y dirigido
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Actor fundamental del teatro y el audiovisual andaluz, Miguel Muñoz Zurita (Málaga, 1968) es un viejo conocido de los espectadores que frecuentaron las producciones del Centro Andaluz de Teatro. Intérprete visceral y a la vez disciplinado, conserva los mejores registros de la vieja escuela y al mismo tiempo no duda en incorporar lenguajes contemporáneos a su práctica del oficio. Creador visionario más allá de la interpretación (dirigió en su ciudad durante varios años El mal de Tourette, un festival de poesía escénica pionero en España), acaba de recibir el Premio Ateneo de Málaga de Teatro al mejor actor por su último espectáculo, Uno, un monólogo de alto voltaje que también ha dirigido y escrito.
Pregunta.¿Cómo fue su debut profesional?
Respuesta.La primera vez que me pagaron por actuar fue por un montaje que hicimos en el grupo de teatro de mi instituto, que dirigía Antonio Olveira. Hicimos El Veneno y la Triaca, el auto de Calderón, que desacralizamos a conciencia. Yo tenía 16 años, así que mis compañeros y yo nos gastamos el dinero en una discoteca. Aquel verano estuvimos con este espectáculo en la sección joven del Festival de Almagro. Moncho Alpuente nos dedicó un artículo porque, al parecer, la liamos bien gorda.
P.Cuarenta años después, ¿cuál es el mejor premio que se le puede conceder a un actor?
R.Pues tener la oportunidad de trabajar con la mayor dignidad. Es decir, igual que al principio. Con el cine y el audiovisual se gana más dinero, pero hacer teatro significa estar siempre en el alambre.
P.¿Ha encontrado el molde en el que mejor encaja como actor, o eso son supersticiones?
R.Eso va cambiando. Hace dos años te habría respondido seguramente algo distinto, pero mi último espectáculo, Uno, me ha llevado a un lugar distinto, me ha sacado de mi zona de confort y me he descubierto de otra manera como intérprete. Ya no puedo hacerme trampas al solitario. Hasta que empecé con esta obra siempre había prestado la mayor atención a la palabra y la técnica, pero me he dado cuenta de que eso ya lo tengo garantizado después de tantos años de oficio. Ahora quiero trabajar poniendo el foco en las emociones.
P.¿No son las emociones demasiado imprevisibles para apostarlo todo por ellas?
R.Bueno, aquí no estamos operando a nadie en un quirófano. Puedes equivocarte. Es más, lo deseable es que te equivoques. Cuando trabajé con José Carlos Plaza, siempre que empezábamos los ensayos nos decía a cada uno “venga, equivócate”. En este oficio no hay recetas, ni debe haberlas.
P.¿Cómo recuerda hoy el Centro Andaluz de Teatro?
R.Hice mi primera obra con el CAT en el 97. Se trataba de Madre Caballo, un texto de Antonio Onetti, dirigido por Emilio Hernández, con Terele Pávez y Mariano Peña en el reparto y la música de Tomatito. Imagínate, caí ahí de pie. Como otros muchos intérpretes andaluces de mi generación, aprendí lo que significa trabajar en buenas condiciones. Después hice otros ocho o nueve espectáculos más en el CAT hasta 2011.
"En el escenario importa lo que sucede, no cómo lo catalogamos"
P.¿Y qué perdió Andalucía con la desaparición del CAT?
R.Principalmente, la oportunidad de hacer producciones de envergadura, con unas condiciones muy difíciles de igualar en el teatro independiente. Y con el criterio propio de una institución pública, es decir, con programas que llevaban aquellas producciones a todos los rincones de Andalucía y también a otros teatros de España. Había un compromiso visible con la creación más joven, también en la dramaturgia, con el Premio Romero Esteo. Eso sí, yo llegué al CAT justo cuando el proyecto atravesaba un proceso de descentralización. Creo recordar que fue a partir de Los borrachos, de Antonio Álamo, cuando se abrieron los castings a actores y actrices de toda Andalucía, no solo de Sevilla.
P.¿Queda algo del teatro andaluz?
R.Queda el teatro andaluz que viene. Hay gente joven haciendo teatro con lenguajes distintos, propios, de la manera más independiente, a un nivel muy prometedor. Es un signo de los tiempos, el mundo está cambiando y el contexto ofrece un caldo de cultivo perfecto a los lenguajes nuevos y rabiosos. Hay además nuevos festivales, como Autóctonos, que dirige en Málaga Alessandra García, que prestan un escaparate perfecto a estos artistas. Entiendo que los espectadores con un criterio más académico tendrán problemas para encajar sus propuestas, porque en estos lenguajes las viejas disciplinas escénicas tienden a diluirse. Pero, ¿qué hay de malo en eso? En el escenario importa lo que sucede, no cómo lo catalogamos.
P.¿Hace frío en la escena independiente?
R.Depende. La escena independiente suele ser más transgresora, más experimental. Aunque también hay propuestas más convencionales. Ahí se trata de hacer de la necesidad virtud. Muchas veces, lo que más le gusta al público es la solución que encontraste casi al paso para resolver cualquier problema técnico, cualquier cosa que inventaste con imaginación y con pocos medios. Pero la carestía siempre es una gran escuela. Creo que todos los actores deberían pasar por la escena independiente y la escasez de medios, por lo que significa cambiarte en el baño del bar de la plaza del pueblo porque en el teatro donde vas a actuar no hay camerinos. Situaciones así te devuelven a los cómicos, a los orígenes de este oficio. Al mismo tiempo, todos deberían pasar por también por la experiencia de ver un Cervantes o un Falla lleno y puesto en pie tras una función en la que has trabajado. Lo importante es hacer lo que haces con la mayor dignidad.
P.¿Tiene ideas para su próximo espectáculo?
R.Ideas siempre hay, pero ahora la prioridad es seguir llevando Uno a todo el público que podamos. En eso estamos.
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