Herminio Rodríguez: "Los sueños hay que madrugarlos"
El hombre vuelve a la Luna y un grupo de alumnos del colegio San Ignacio del Viar de Alcalá del Río (Sevilla) viaja en marzo a la base de la NASA en Cabo Cañaveral, donde será testigo de los preparativos del proyecto Artemisa 2, en el que cuatro astronautas orbitarán el satélite con una particular fijación por la cara oculta. El promotor es el maestro Herminio Rodríguez Pozo (Álava, 1974), que ha contado con el apoyo de Carlos García, subdirector de la próxima estación lunar de la NASA, de la misma agencia estadounidense, de la Agencia Espacial Española, de la agregaduría de Educación de Miami, del Ayuntamiento de Alcalá del Río y de varios ministerios. No es poco.
Pregunta.–¿Qué hay en la cara oculta de la Luna que no haya en la visible?
Respuesta.–Se habla de la posible existencia de minerales de alto interés. También está el tema del agua, pensando en una futura habitabilidad allí.
P.–¿Qué habrá antes en la Luna, una mina, un hotel o una base militar?
R.–Diría que un hotel, por ese principio de que hay que sacarle rentabilidad a todo.
P.–¿Más que una mina?
R.–Es que tal vez no haya tanto mineral o quizá no tenga tanto valor. Hoy el valor es el turismo, las fotos, los selfis...
P.–¿Hay selenitas y hay lunáticos?
R.–Está ese enfoque hacia la Luna de personas que piensan de una manera diferente. Creo que los lunáticos nunca sobran.
P.–¿Fue el Quijote el menos lunático entre los lunáticos?
R.–Cuando se lee por primera vez al Quijote, se piensa que es un loco y ves cómo los demás se ríen de él. Cuando lo aplicas a la vida, te das cuenta de que se debe tener un punto de locura, de osadía, de soñar en grande, aunque los demás piensen que es imposible y se sonrían. Yo me he encontrado con gente que me decía que tal cosa era imposible, que no había recursos, que no podría contactar con la astronauta Sara García, con Pedro Duque...
P.–¿Hay que ser lunático para conseguir ciertas cosas?
R.–Sí, porque los sueños se madrugan. Uno puede tener una idea fantástica pero tienes que contagiar a los compañeros, a la comunidad... Los sueños hay que madrugarlos.
P.–¿La Luna es de todos o no es de nadie?
R.–No debería ser de nadie. De lo contrario, corremos el riesgo de haya gente que se pregunte por la parte que le corresponde.
P.–Ha promovido con sus alumnos la elaboración de una constitución para la Luna. ¿Tienen el visto bueno de Trump?
R.–Pues no lo sé, vamos a comprobarlo ahora. Por ahora llevamos el respaldo de la Agencia Espacial Europea. Y la Agencia Espacial Española lo ha mencionado.
P.–Luciano de Samosata recreó hace muchos siglos un viaje a una Luna donde sucedían cosas invertidas, aberrantes. ¿Son necesarias las leyes lunares?
R.–Se están desarrollando muchas leyes espaciales. Iniciamos el camino de la constitución escolar lunar a raíz del lanzamiento del cohete Orión de la NASA y lo hicimos desde un punto de vista infantil, creando derechos y deberes, con el objetivo de ir desarrollando en los niños el pensamiento crítico, partiendo de cero en la Luna y evitando cometer los errores cometidos en la Tierra.
P.–¿Cómo se define el satélite en la constitución escolar que han elaborado?
R.–Un lugar donde debe haber cabida a todo el mundo. Está traducida a muchos idiomas y transcrita al braille. Es importante transmitir el conocimiento científico pero también que haya una conciencia interplanetaria.
P.–¿Quiénes son los Carl Sagan y los Rodríguez de la Fuente para los niños de hoy?
R.–Gente como la astronauta Sara García Alonso, que tiene una impresionante capacidad para llegar a la juventud. Hay gente, científicos, ingenieros que están repartidos por todo el mundo que deberían ser los referentes. También los maestros.
P.–Defiende usted la inculcación a los alumnos del valor de mejorar el mundo. ¿Cómo se mejora el mundo?
R.–Educar es sacar desde dentro. Les mando el mensaje de que tienen la capacidad de hacer algo, al menos en su entorno. Conque tengan pensamiento crítico, conque pienses que pueden hacer algo distinto por este mundo, aunque sea en el entorno más cercano, ya están mejorando el mundo. Y siempre hay que empezar por uno mismo.
P.–¿Es ésa su receta en la tarima?
R.–Al niño hay que conectarlo con el mundo, llegarle con la ilusión. Muchos de mis proyectos salen de una casualidad, de una efeméride, de una señal. Luego hay que hacer a los chavales partícipes, por ejemplo, del descubrimiento de la tumba de Tutankamón o del lanzamiento de un cohete espacial. Aunque sea desde un pueblo pequeñito, se pueden hacer cosas extraordinarias desde la sencillez. Así se cambia el mundo.
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