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El partido que habría que ganar siempre

Cuentan los jóvenes saharauis que suelen pasar el verano en familias de acogida españolas que los días en el desierto son interminables. El tedio se apodera del día a día en los campamentos de refugiados. Tanto que los minutos se antojan horas, las horas, días y los días, semanas. Mientras el sol castiga sin clemencia las pequeñas casitas de adobe que componen el campamento de Tinduf (Argelia), los jóvenes suelen evadirse jugando al fútbol, sin apenas un terreno de juego definido y a menudo con una pelota fabricada a base de trapo. Los sueños de esos hijos de la desventura se concentran en ese irregular esférico, mientras sus padres se afanan por sobrevivir de manera digna, aun teniendo que cargar con el desarraigo de verse aislados y fuera de sus tierras. Bajo esa triste realidad tienen que convivir miles de refugiados que tienen grabado a fuego que las desgracias no suelen venir solas.

Así, el pasado mes de octubre una serie de lluvias torrenciales azotó el campamento de refugiados de Tinduf. El agua disolvió sus refugios como si de azucarillos se tratase. La tantas veces anhelada lluvia en el desierto golpeó de manera cruel a los más de 150.000 saharauis que viven en esa zona sin más ambición que sobrevivir a la espera de una solución para un conflicto ante el que la comunidad internacional hace oídos sordos. Una macabra paradoja que dejó hace unos meses sin hogar y sin su exigua reserva de comida a miles de familias en el mar de chabolas y pequeños refugios que reina en los campos de Tinduf, donde el pueblo del Sáhara Occidental buscó cobijo tras la ocupación marroquí de su tierra. "Nunca en 40 años habíamos visto llover así", se lamentaban los más viejos del lugar.

Ante esa catástrofe humana reaccionaron las organizaciones de ayuda internacional, pidiendo ayudas a los gobiernos de occidente y los recursos comenzaron a llegar. Entre esa ayuda internacional, la Asociación Cordobesa de Amigos de los Niños Saharauis (Acansa) aportó su granito de arena para hacer llegar alimentos y recursos a la zona. Y ayer esa primera actuación solidaria recibió un gran impulso de manos del cordobesismo gracias a la ya tradicional recogida de alimentos que organiza la peña blanquiverde Cordobamanía. Una cita que, apoyada en la fundación del club, cumplió en la tarde de ayer su edición número 14. Casi tres lustros en los que esta peña ha puesto su humilde grano de arena para paliar en la medida de lo posible una injusticia que dura ya demasiado tiempo.

El cordobesismo se volcó por una buena causa en todos sus estamos. Desde el propio club, con el apoyo dado a la iniciativa a través de su fundación, los jugadores, que volvieron a reunir fondos en la caseta para aportar una importante compra y, por supuesto, la afición, que poco a poco fue llenando los tenderetes que los miembros de Cordobamanía instalaron junto a las cocheras del estadio.

No fue esa la única iniciativa solidaria que ayer envolvió los instantes previos a la visita de la Llagostera. Y es que la Peña Cordobesista El abuelo y su trupe aprovechó también la cita para realizar una recogida de mantas, con la intención de dotar de abrigo a las miles de personas que, por desgracia, se ven obligadas a pasar el invierno sin un techo que los cobije.

Una previa solidaria que dejó paso a una nueva victoria del Córdoba ante su público. De nuevo el estadio ofreció una gran entrada pese a la poca entidad del rival. El mero hecho de caminar con paso firme hacia el retorno a Primera es aliciente de sobra para una afición volcada, que ayer volvió a ayudar a su equipo cuando más falta le hacía. Aunque ayer, más allá de la mucho o poca trascendencia que pueda alcanzar un partido de fútbol, lo realmente importante sucedió en la previa. Ahí, el cordobesismo firmó un triunfo que nos concierne a todos. Bravo por ellos.

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