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Muere Carlos Ruiz Zafón

El guionista que dijo no al cine

  • En una época en la que la pantalla fagocitó las novelas más populares, Ruiz Zafón rechazó una y otra vez que se adaptaran sus libros

Ruiz Zafón, fotografiado al piano. Ruiz Zafón, fotografiado al piano.

Ruiz Zafón, fotografiado al piano. / Marta Pérez / Efe

Aunque Carlos Ruiz Zafón, fallecido este viernes a los 55 años, era un entusiasta del cine y se había instalado en Los Ángeles para trabajar como guionista, nunca quiso que sus novelas fueran objetos de una adaptación audiovisual. En 2011, cuando presentaba El prisionero del cielo, explicó en un encuentro con la periodista Gemma Nierga el porqué de su rechazo: sentía que trasladar el Cementerio de los libros olvidados a la pantalla sería una traición a la filosofía con la que planteó sus narraciones, como si al aceptar alguna propuesta fuera desleal a sus personajes. "Concebí esta serie como un homenaje a los libros, a quienes los escriben, quienes los venden, quienes los leen y los destruyen", dijo entonces. Además, aseguró, "no hace falta que todo sea una película, una serie, un videojuego: estaría mal convertir las novelas en otra cosa para hacerlas más populares".

Ruiz Zafón se mantuvo firme en su decisión pese a que el cine y las televisiones habían descubierto el filón de las adaptaciones literarias, y el gancho de obras como Palmeras en la nieve, de Luz Gabás, El tiempo entre costuras, de María Dueñas, el Alatriste de Pérez-Reverte o la Trilogía del Baztán de Dolores Redondo funcionaba en la taquilla o en las cifras de audiencia televisiva. Tal vez porque el autor sabía que el éxito "te proporciona la libertad para hacer lo que quieres", Ruiz Zafón pudo seguir escribiendo sin vender los derechos de sus narraciones y contentarse con un resultado que escapaba a su control. Una contrariedad para un novelista que según el editor Emili Rosales era "muy meticuloso, lo planeaba todo bien, tenía muy claro cómo quería hacer cada cosa con sus libros". Y abrir la puerta al cine era poner su legado en manos del azar.

Cuando terminó la serie, en 2016, en un multitudinario acto en el Tibidabo de Barcelona, insistió en su negativa. "Estos libros son un homenaje a la palabra escrita", remarcó entonces, "y llevarlos a la pantalla sería una traición. La única razón para hacerlo sería para tener más fama o más beneficios económicos, y no lo considero necesario. No hay nada que cuente una historia con la intensidad de una novela bien escrita", dijo.

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