Córdoba

Más de 100 voluntarios prestan su ayuda a los subsaharianos

  • Identificaión, revisión médica, ducha, kit con ropa básica, cena y descanso, entre otros servicios, son los que ofrece Cruz Roja

Jose María Castellano explica el programa en el pabellón del Vista Alegre. Jose María Castellano explica el programa en el pabellón del Vista Alegre.

Jose María Castellano explica el programa en el pabellón del Vista Alegre. / el día

Más de 100 voluntarios esperaban el pasado martes, en el pabellón de Vista Alegre, a los 215 emigrantes que llegaban procedentes de Algeciras y San Roque. De los 215, la mayoría eran hombres. Las mujeres eran un grupo de 54. Cuatro menores llegaron acompañados de sus padres, dos de ellos eran bebés. Todos los menores que llegan con sus dos padres, o con uno de ellos, viajan al destino que deciden sus progenitores. En caso contrario, la Junta se encargaría de su tutela. Los voluntarios afirman que los menores de corta edad vienen acompañados, la mayoría de las veces, y que sólo algunos adolescentes emprenden este viaje en solitario o con algún amigo. Médicos, profesores, estudiantes, jubilados y muchos más voluntarios prestan su ayuda a estas personas que llegan con lo puesto. Incluso ciudadanos de a pie que firman un convenio de colaboración y prestan su ayuda desinteresadamente.

José María Castellano es uno de estos voluntarios. Es profesor de traducción e interpretación en la Universidad de Córdoba y colabora con Cruz Roja en circunstancias como ésta. Castellano cuenta cuál es el proceso que se sigue una vez que llegan a Córdoba los migrantes. Primero se les da la bienvenida y se les recibe en las gradas del pabellón, donde se les explica el programa. Después, pasan uno a uno por unas mesas donde otros voluntarios les toman sus datos, se les da un número y se les asigna una cama. En tercer lugar, asisten a una revisión médica, donde se les toman las constantes vitales y se les cura alguna quemadura o molestia que tengan, según Castellano; muchos traen problemas visuales a consecuencia de tantas horas al sol. Algunos poseen enfermedades como la sarna. Después se les entrega un kit de ropa básico, cenan y se van a dormir.

Castellano explica que los voluntarios se dividen en dos grupos. Por un lado está el equipo de logística y socorro; ellos se encargan de la organización, las infraestructuras, víveres o la provisión, entre otros. El segundo grupo es el social-humanitario, compuesto por trabajadores sociales, sanitarios y los traductores. A este grupo pertenece Castellano. Los migrantes son francófonos, no entienden ni saben hablar el español, por eso se necesita la labor de un traductor. El voluntario cuenta cómo su labor es más de acompañamiento, y de "intentar darles todo el calor que necesitan", añade.

Aunque vienen con lo puesto y pocas pertenencias más, como el móvil, se les da algo de dinero. La asociación ofrece también un pequeño plano con los lugares cercanos de mayor importancia para ellos a los que pueden ir, como una farmacia, un supermercado u otros. Para Castellano, esta labor es muy gratificante. Los migrantes son muy educados, están muy agradecidos y predispuestos a recibir la ayuda que se les brinda. "Lo que más necesitan es calor humano", afirma el traductor. Dedicarles una sonrisa les conforta. "Para mí, el mejor regalo fue dormir a uno de los bebés que llegaron mientras su madre se estaba duchando y no lo podía coger".

Ahora mismo otras embarcaciones se disponen a cruzar el Estrecho. Voluntarios y agentes están recibiendo a otro grupo de migrantes. Y así será en los próximos días. Mientras esta situación continúe, la mejor opción siempre será la solidaridad. La crisis, defienden, no se da por el aumento de inmigrantes, sino por la falta de medios para prestar servicios.

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