La Universidad, imprescindible comunidad de pensamiento crítico

Tribuna universitaria

La infrafinanciación de las universidades públicas, junto con la privatización descontrolada del sistema académico, puede considerarse como una amenaza concreta y real a la autonomía y a la independencia universitarias

Educación, Universidad y Democracia

Inauguración del curso en la Universidad de Córdoba
Inauguración del curso en la Universidad de Córdoba / E. P.
Stefano Bini
- Profesor titular de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la UCO

Córdoba, 25 de enero 2026 - 06:59

En una reciente entrevista radiofónica en la Cadena Ser, Víctor Vázquez, profesor titular de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla, recuerda muy oportunamente que la pérdida de peso que está sufriendo -objetivamente- la Universidad pública es, ante todo, "pérdida de un espacio de socialización común básico para la cultura de un país y pérdida de un ascensor social".

Imposible no compartir estas palabras, que evocan la función misma de la Universidad, que el gran intelectual y humanista italiano Nuccio Ordine compendiaba en esta fórmula atemporal: "Formar ciudadanos libres, cultos, capaces de razonar de manera crítica y autónoma".

Y precisamente la autonomía, la libertad, la cultura y la capacidad de razonamiento crítico representan -ayer como hoy- valores cardinales, que no parece fuera de lugar reafirmar constantemente en el debate intelectual internacional sobre el papel de la Universidad contemporánea en la era de la inteligencia artificial y de los algoritmos.

De hecho, se asiste hoy en día a fenómenos globales que desafían el protagonismo de una institución -la universitaria- que constituye "la expresión más evidente de los valores de humanismo, de­fensa de los derechos y valores democráticos, de libertad de pensamiento y creación, que Europa quiere proyectar al mundo" (Preámbulo I de la nueva Ley Orgá­nica del Sistema Universitario - LOSU).

Efectivamente, no se puede negar que se observan claras tendencias a la mercantilización de la Universidad, a menudo desafiada por lógicas empresariales, ontológicamente ajenas a la esencia de una institución plurisecular centrada en la generación de conocimiento y de pensamiento crítico. En este sentido, piénsese en la frecuente búsqueda frenética de productividad, efi­ciencia y rentabilidad en el desarrollo de las actividades aca­démicas, así como en aquella “tristeza burocrática” de la que nos habla Remedios Zafra en su libro El informe. Trabajo intelectual y tristeza burocrática.

Como se ha escrito en el volumen Ser Profesor/a Universitario/a hoy. Visión y propuestas para la mejora continua y la calidad docente en la era de los algoritmos (S. Bini, UCO Press 2024), "la Universidad no puede concebirse sino como un espacio de discusión, debate, inclusión y re­composición de una diversidad que es valor añadido, im­prescindible para la generación de conocimiento, a través de procesos de aprendizaje e investigación que exigen empatía, humanidad. Todos estos elementos resultan, como es evidente, di­fícilmente conciliables con la inmediatez, rapidez y rigi­dez que son intrínsecamente consustanciales al paradigma económico-cuantitativo de la rentabilidad".

Pues bien, para que la Universidad pueda seguir cumpliendo con su fundamental función, es indispensable que “tenga oxígeno” y cuente, por ende, con recursos suficientes y adecuados: no parece exagerado afirmar que la infrafinanciación de las universidades públicas, junto con la privatización descontrolada del sistema académico, puede considerarse como una amenaza concreta y real a la autonomía y a la independencia universitarias.

De hecho, el incumplimiento de los modelos de financiación -recurrente tanto en diferentes comunidades autónomas, como en otros ordenamientos- representa una clara manifestación de la tendencia alarmante a la utilización de la presión financiera como palanca de influencia y condicionante de la autonomía universitaria.

Pues bien, frente a estos escenarios, se advierte la necesidad de mantener vivo el debate plural sobre las condiciones necesarias e imprescindibles para el correcto y eficaz funcionamiento de las universidades, garantizando así la autonomía del poder del saber y respetando el auténtico espíritu académico.

En definitiva, se advierte la urgente necesidad de fortalecer las instituciones generadoras de conocimiento y pensamiento crítico, ya que, como destaca Máriam Martínez-Bascuñán, "la libertad académica no es un privilegio corporativo: es un espacio donde las ideas pueden desarrollarse sin rendir cuentas al mercado ni al poder político" (El País, 14 de diciembre de 2025).

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