Córdoba

"Yo soy rockera y lo seré siempre"

  • Después de 17 años al frente de unos de los locales referentes en la noche cordobesa, admite que no le dan miedo los retos ni los momentos de grandes dificultades por los que está atravesando el país

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El bar Soul es uno de esos referentes de la noche cordobesa que aparece en las guías y las recomendaciones de los que pasan por Córdoba. El Soul ha visto muchas crisis sin cambiar su identidad y su gusto por la buena música. Su propietaria nos atiende con la deferencia de quien cuida a sus clientes y tal y como deberían ser atendidos todos los periodistas: con una botella de champán que libamos a medias en copas de fin de año.

-¿Lleva 17 años de Soul, cómo se mantiene un bar de copas durante tanto tiempo?

-Siendo todo el tiempo uno mismo. El Soul es el Soul y seguimos siendo lo mismo con la misma filosofía. Pero también hemos ido cambiando, no somos el mismo Soul que abrió hace 17 años, aunque el hijo sigue siendo nuestro.

-¿Cuando pone en marcha el Soul, qué bar abre?

-Cuando abrí el Soul, España pasaba por una crisis tremenda. Había cuatro millones y medio de parados. Yo venía de trabajar en una agencia de detectives privados, donde estuve cinco años y anteriormente había ya trabajado en bares. Salí muy desengañada de aquello de los detectives porque lo mío no era investigar infidelidades ni bajas laborales. Como no encontraba trabajo lo abrí para buscarme el sustento, aunque sin dinero y además me habían robado todo, hasta las bragas.

-Menuda detective.

-De verdad, me robaron el dinero, el bolso, las bragas, todo, absolutamente todo.

-¿Cuando lo abre había otros bares de este mismo modelo en Córdoba?

-Ninguno. Un sitio donde pudieras escuchar música y a la vez desayunar, tomar un café por la tarde y copas por la noche no existía. En eso fuimos pioneros en Córdoba. Mucho tiempo antes yo trabajaba en El Cafetín y allí, como era la encargada, ponía rock y se abría por la tarde y por la noche y me quedé con ganas de hacer más cosas. También influyó el hecho de que acababa de llegar de Londres, una ciudad que me deslumbró y cuyos bares me dejaron fascinada, pudiendo desayunar en el mismo lugar en el que la noche de antes habías estado bebiéndote una copa. De hecho, tardamos tres años en que funcionara lo de los desayunos porque la gente se extrañaba de verlo abierto por la mañana. A partir de ahí otros bares similares nos imitaron.

-Me dijo antes de la entrevista que era una persona poco interesante, que por qué la entrevistaba. Esa es la condición adecuada para ser un buen detective, pasar desapercibida.

-Yo paso de todo menos desapercibida, no sé por qué. Yo de detective me disfrazaba, interpretaba un papel, por ejemplo llamando a la puerta de alguien y presentándome como encuestador del Círculo de Lectores o de cliente de un dentista para ver si ese señor estaba trabajando, aunque en ese caso me vine con una muela del juicio menos. Eso fue una cosa anecdótica.

-¿Teme que algún infiel la descubre ahora?

-No, nunca me descubrieron ni lo harán, me disfrazaba muy bien.

-¿Se pueden llevar negocios por la noche y tener una cierta normalidad como madre y esposa?

-Yo he sido nocturna toda mi vida. Con la edad que ahora tiene mi hijo me quedaba leyendo a Julio Verne y me costaba mucho levantarme para el colegio. Y cuando era algo más mayor escuchaba a Radio3, a Rosa de Sanatorio y todos esos programas que me enseñaron muchísimo. La noche nunca me ha costado trabajo vivirla. El hecho de ser madre cuesta mucho trabajo: duermes poco, te cansas. Fíjate que recuerdo una anécdota de una de las inauguraciones de temporada del Soul en la que mis camareros me dijeron que sacaron a El Cordobés a hombros del local; aquello yo me lo perdí porque estaba en el hospital con una cesárea. Si ha sido posible que el Soul funcione es porque siempre ha sido un trabajo de equipo y he tenido una suerte tremenda con la gente que ha colaborado conmigo. Unos se habrán ido de mejor manera que otros, pero siempre he dado con gente maravillosa que me ha ayudado cuando mis necesidades de madre no me permitían estar aquí todo lo debido. Gracias a ellos el Soul sigue vivo. Yo soy el motor, pero un capitán de barco sin tripulación no va a ningún lado.

-¿Tiene muchos currículum en estos momentos?

-Siempre he tenido currículum. Yo abrí en época de crisis, así que me río de la crisis. Evidentemente me afecta, la gente tiene menos dinero, sale menos, todos tenemos menos dinero. Todos debemos aprender a vivir como vivíamos antes. Lo que ha habido entre la crisis anterior y ésta ha sido inventado; esos años excesivos y de endeudamiento vital eran mentira. Cuando yo abrí todo lo hacíamos nosotros, los carteles eran a mano, con una fotocopiadora. La campaña de apertura eran fotocopias en las que habíamos puesto Soul Chicken 3-El Corte Inglés 0, porque los dos estábamos en obras y nosotros logramos abrir antes. Toda la obra la hicimos nosotros, desde la barra hasta el zócalo, y nos pasamos meses sacando escombros.

-Y antes del Soul tenía aquí en el almacén una pequeña tienda.

-Estaba la tienda Perversita Montiel, pero tuve que cerrarla porque no había acceso a los minusválidos, había que subir unas escaleras. Era una tienda de todo, con material de piercing y mucha moda fetichista, discos, libros de Taschen, cosas de segunda mano. También montamos una caseta de feria, no perdimos dinero, pero nunca más, nos llovió todos los días... Si alguien me propone algo me lanzo, me gusta la aventura y el riesgo.

-Esos riesgos a veces no salen bien, como su proyecto de restaurante Soul Food.

-No, bueno, yo no lo traspasé porque fuese mal. Me desprendí de él porque no soy una persona ambiciosa, aquello fue un reto, yo iba pagando mi inversión, pero me restaba mucho tiempo con mi familia. Cuando estaba con mi hijo sabía que debía estar trabajando y cuando estaba trabajando me sentía una madre horrorosa porque no estaba con mi hijo; aquello me causó un desasosiego vital grandísimo. Puestos a elegir, elegí a mi familia.

-Cada vez la gente joven que sale es más vieja, algunos no acaban de retirarse de la noche.

-Eso es el rock and roll. Yo soy rockera y lo seré siempre. Yo tendré el pelo blanco y seguiré ahí, delante o detrás de la barra.

-¿Qué bares de la ciudad recuerda con mayor nostalgia?

-El Varsovia, que estaba en la Judería. Yo eché las muelas en el Varsovia. Allí también iban los rockers hasta que hubo una pelea y los echaron. Como yo era novia de uno de ellos nos fuimos a otro sitio y con el tiempo los rockers acabamos en el Swing, otro clásico. Y recuerdo el Portón4 donde empecé a trabajar con 17 años. No ha vuelto a haber nada como el Varsovia. Aunque no se puede dejar de citar el pub B-18, el pub La Luna, el Level, el Etcétera...Todos fueron bares que marcaron aquella época.

-¿Echa de menos aquel pasado de siniestros, 'mods', 'rockers', diferentes tribus, en definitiva?

-Yo no echo de menos nada porque yo no soy nostálgica, vivo en cada momento y soy de mirar para adelante. Evidentemente tengo recuerdos y de los 80 tengo muy buenos recuerdos. La movida madrileña fue algo muy importante que tenía detrás muchas cosas. Ese espíritu que había lo recuerdo con cariño pero no creo que haya dejado de existir. La gente joven de hoy tendrá sus propios varsovias. Siempre pensamos que nuestra juventud era distinta pero eso es discurso de viejos y no voy a caer en ese discurso. Ahora también vivimos en un momento muy excitante por los cambios que se están produciendo. Creo que estamos viviendo otra Transición. La juventud tiene muy mala prensa. ¿Qué es eso de la generación perdida? Eso es una falta de respeto hacia los jóvenes de hoy día.

-Intuyo que esta isla del Soul le gustaría que volviese a sus carteles a mano.

-No te puedo decir que la crisis me tenga contenta, porque es un disparate, hay mucha gente sufriendo, pero en cierta manera no me inquieta demasiado, creo que mi aval está en mi cabeza, ese es mi patrimonio, mis ideas, y por eso estoy tranquila. Yo siempre he vivido en crisis y estos años de bonanza los he visto como unas vacaciones.

-A pesar de los anuncios catastrofistas con la famosa ley del tabaco, la hostelería sigue viva.

-La ley del tabaco ha hecho muchísimo daño y además no han conseguido reducir el consumo de cigarrillos. También ha hecho mucho daño a los vecinos porque la gente molesta cuando sale a la calle a fumar. La ley ha provocado que los que no fuman se queden solos en los bares porque sus amigos se salen a fumar a la puerta. Ahora se cobra una copa a precio de copa y parece que estás de botellón. Añade a eso las denuncias de los vecinos, las quejas policiales, el bar medio vacío porque la gente está fuera. Sí, el tabaco es malo, pero hay muchas cosas malas. La ley del tabaco no nos ha venido nada bien.

-¿Qué espera del futuro, algo diferente?

-Poder vivirlo. Lo que venga. Poder ver crecer a mi hijo, lo demás son negocios, aventuras, si no hay unos habrá otros.

-Dele por favor a los lectores masculinos un pequeño consejo para ligar en los bares de copas.

-Es que yo no he ligado en mi vida, siempre me han ligado y han sido muy pocas veces, porque es muy difícil ligarme a mí. Pero creo el único consejo es el sentido del humor. Lo que más le puede gustar a alguien es que lo hagan reír y sobre todo en los tiempos que están cayendo. No sirve ser guapo o inteligente si no se es divertido. Otra cosa importante es aceptar el no a la primera y no convertirse en un pesado.

-¿Cuántos años de vida le quedan al Soul?

-Yo no sé cuando será la última temporada. Tal como está la situación es como si te diagnostican una enfermedad gravísima y no sabes si será tu último año, por eso este año quiero hacer aquí como si fuese el último, quiero hacer muchas cosas, desde concurso de relatos a colaborar con los comedores sociales, tenemos muchos proyectos. Por otro lado mi hijo, que tiene ocho años, dice que quiere ser DJ del Soul y que lo llamará el Soul Chicken Black; le he dicho que no sé si aguantaré tanto y me ha echado en cara que lo vaya a dejar para trabajar en un puesto de limonadas. Siempre he sido una superviviente, si ahora no hay dinero hay que ingeniárselas e inventarse la vida porque me he estado inventando la vida todo el tiempo. Ha habido seis o siete años sin privarme de nada, cierto, pero eso no hace falta y ahora no se puede hacer. Todavía, si no tenemos dinero para comprar un libro, podemos ir a la biblioteca a sacarlo y eso es algo que no se puede hacer en muchos sitios.

-Bueno pues con esto acabamos esta entrevista, que es la última para mí, ¿quiere decir algo más?

-¿Puedo saludar?

-Por supuesto.

-Saludo a mi madre, que en paz descanse, porque por ella se llama así el Soul Chicken, ya que la idea era ponerle Soul Kitchen, como la canción de The Doors, pero ella siempre me decía: ¿y cuándo abres el Soul Chicken?

-Pues queda saludada su madre y por mi parte un saludo a todos los que en este tiempo me han ayudado en El Día con estas entrevistas y a todos los incautos que se han prestado a ellas.

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