Cordobeses en la historia

El jurista que reformó el Código Civil y terminó el Murallón

  • Santos Isasa Valseca, fue nieto de un jabonero e hijo de un escribiente; llegó desde la molinaza montoreña a la plaza de las Tendillas y alcanzó toga, ministerios, cátedras y presidencias en Madrid

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LA segunda parte del reinado de Fernando VII el Deseado o el Felón tocaba a su fin en 1833. Tres años antes, en octubre de 1830, había nacido su hija Isabel II, sucesora merced a la Pragmática Sanción de marzo de ese año, que derogaba la Ley Sálica de Felipe V de 1713, y que supuso para muchos estudiosos la primera Guerra Civil Española: la Carlista de 1833-1840, que enfrentó a los partidarios de Isabel con los de su tío Carlos María Isidro de Borbón.

Para entonces, según el cronista José Lucena Llamas, habían contraído matrimonio en la iglesia de San Bartolomé de Montoro los jóvenes Juan Francisco Isasa, escribiente y ayudante del batallón de Voluntarios Realistas, y María Juana Valseca. Se establecieron en la montoreña calle Frailes y tuvieron, al menos, 4 hijos: Santos, Manuel, Francisco y José. El mayor, Santos Isasa Valseca, nació allí el 30 de diciembre de 1831, según Lucena Llamas, aunque otros señalan que fue al día siguiente. Aprendió las primeras letras en Montoro y se hizo bachiller en el cordobés Colegio de la Asunción, con un expediente académico ejemplar y deslumbrante.

De la capital marchó a Madrid, en donde a los 24 años obtuvo la licenciatura en Derecho por la Universidad Central. A partir de ese momento, Santos Isasa comenzó una apasionante carrera que le llevó con éxito al campo de la función pública, la enseñanza y la política, todo ello sin dejar el ejercicio de la abogacía desde su pronta incorporación al Colegio de Abogados de Madrid, del que llegaría a ser vice-decano. Así, antes de 1867 consigue por oposición dos cátedras: una de Enseñanza Media y otra en la Escuela Superior de Diplomática de Madrid.

En 1863 es nombrado gobernador civil de Cádiz, cargo que no llegaría a desempeñar ni un año retomando sus labores docentes. Asimismo, Santos Isasa obtiene acta de diputado por Córdoba en 1865 y 1872. Ya estaba casado en 1870 con la madrileña Juana de Echenique Lezama y tenía fijada su residencia en Madrid. Los esposos tuvieron seis hijos, todos nacidos en la capital de España. Sólo uno llegó a gozar de notoriedad por motivos distintos a su padre: Emilio Isasa Echenique, tristemente célebre por ser el juez instructor en 1913 del famoso crimen de Cuenca, que se empeñó en llevar a dos inocentes a prisión durante doce años y dos meses.

Retomando a Santos Isasa Valseca, en 1874 alcanza el puesto de secretario general del Ministerio de Gracia y Justicia, en el que se mantuvo poco tiempo por voluntad propia. En 1875 es miembro del Cuerpo de Bibliotecarios y Archiveros, desarrollando su trabajo, entre otras instituciones, en la Biblioteca Nacional. Desde 1876 hasta 1891, ininterrumpidamente, forma parte de la Cámara Baja española en la que, dice Manuel Criado Hoyo, llegó a vicepresidente. Tan larga ocupación como diputado le valió el nombramiento de senador vitalicio. En 1884 es nombrado fiscal del Tribunal Supremo, quehacer que mantuvo cerca de dos años, pasando luego a ser vocal de la comisión encargada de reformar el Código Civil promulgado en 1889. En 1890, y durante un corto espacio de tiempo, alcanzó la cartera del Ministerio de Fomento, ostentando la distinción de gobernador del Banco de España en 1892 y 1895. Presidente del Tribunal Supremo de 1895 a 1901, en que su avanzada edad le aconsejó cesar en tal responsabilidad, es también el autor de los textos que declararon el inicio del año judicial entre 1896 y 1898.

A nivel local, las distintas y altas funciones que desempeñó a lo largo de su vida, cristalizaron en las obras de la carretera Cardeña-Montoro; en la capital, fue el artífice de la transferencia de grandes cantidades de dinero que permitieron acometer reparaciones en la Mezquita, así como el revulsivo que supuso su gestión en la Ronda de la Ribera cuando las obras del Murallón, cuyos planos habían sido aprobados en 1792, pero los cordobeses no los verían consolidados gracias a él hasta 1858; de ahí el dicho popular que hace referencia a la tardanza en terminar un proyecto. De aquellos tiempos quedó un cortijo típicamente agrícola, en una loma, entre los olivos de Montoro, por la carretera que lleva a Cardeña y él mismo hizo desviar hasta las mismas puertas, rompiendo el trazado primigenio. Un error o un privilegio corregido recientemente.

Santos Isasa Valseca murió en Madrid el 18 de diciembre de 1907, apenas un año después de fallecer Juana de Echenique, su mujer, sin sufrir la tragedia del suicidio de su hijo Emilio (el Juez de Instrucción de Belmonte mencionado).

La prensa nacional y algún columnista local se hicieron eco de su pérdida y de los múltiples cargos y distinciones que durante su vida atesoró; sin embargo, él, reseña Lucena Llamas, dejó dispuesto en testamento "que su entierro y funeral deben ser sencillos: su cadáver recubierto sólo con la toga de abogado sin insignias de ninguna clase, sobre el ataúd sólo el birrete profesional" y, un detalle curioso: prejuzgando que moriría después que su esposa, expresaba el deseo de reposar juntos "si ella así lo deseara". Montoro, su ciudad, le dedicó una calle y el Instituto de Enseñanza Secundaria lleva también su nombre, como la Ronda de la Ribera del Guadalquivir en Córdoba.

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