juan serrano. arquitecto y artista plástico

"No podemos ya confiar en un sistema que va contra la vida"

  • Entre la veterinaria y el arte, la arquitectura y la conciencia, los viajes, la amistad y el aprendizaje se han desarrollado las décadas del miembro de Equipo 57

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ANUDA frases con una sabiduría transparente y una sencilla vocación de compartir. Evoca, medita, propone y de cuando en cuando enjuaga un verbo en el café que se le está quedando frío. Para Juan Serrano (Córdoba, 1929) la palabra transformación tiene una importancia nuclear. Fue uno de los fundadores de Equipo 57 y arquitecto municipal y ahora es el presidente de la asociación Amigos de Medina Azahara. Y en todas las escalas de su vida la pasión del conocimiento y la voluntad de hacer, dialogar, avanzar. Y transformar.

-Usted iba para veterinario...

-Yo pertenezco a una familia de nivel medio más bien bajito, mis abuelos eran de Montoro y se vinieron a Córdoba. Me crié en la calle Gutiérrez de los Ríos. Éramos cinco hermanos y el mayor mostró desde pequeño unas cualidades grandes para la pintura, sobre todo para el retrato. Fue un retratista bastante reconocido. Nos transmitió a todos los demás la afición por el dibujo. Ingresé en la Escuela de Artes y Oficios muy joven, incluso creo que antes de tener la edad necesaria. Conocí a Pepe Duarte en el Colegio Español, que estaba por la plaza de la Corredera. Yo quería hacer una carrera en la Universidad y la única cosa que se podía estudiar en Córdoba era Veterinaria. Así que por ese avatar hice Veterinaria. Perdí el contacto con Pepe Duarte, que se fue a estudiar Bellas Artes a Sevilla, y nuestro reencuentro se produjo cuando yo terminé la carrera y él me llamó para que viera a una vaca enferma de su tío, que tenía una granja. Pero yo cuando estaba terminando la carrera ya me di cuenta de que mi vocación no era esa. Y con aquella vaca, la verdad, confirmé esta impresión. Recuperé el contacto con Duarte y formamos un grupo que se llamó Espacio, con Luis Aguilera Bernier y Francisco Aguilera Amate, y empezamos a hacer fundamentalmente obras de decoración. Rafael de La-Hoz nos encargó algunos trabajos, éramos lo más moderno que había en la ciudad, y posteriormente, cuando ya éramos Equipo, hicimos otras cosas con él. Y a través de Rafael vino a Córdoba Oteiza, con el que tomamos contacto y que nos habló de Agustín Ibarrola. La deriva que estaba tomando nuestro trabajo aquí era cada vez más comercial. Y decidimos irnos a París. Pepe Duarte y yo dejamos lo que estábamos haciendo en Córdoba, los compromisos que eran cada vez más profesionales, reunimos un dinerillo y nos fuimos.

-Y París era Picasso...

-Vimos una exposición suya en París y con toda la cara decidimos que queríamos ver a Kahnweiler, su marchante. Nos recibió en su despacho de caoba, en plan magnate, y nosotros íbamos con alpargatas... Unos desharrapados. Le dijimos que queríamos ver a Picasso y nos explicó que estaba en Vallauris. Allí nos plantamos. Picasso tenía tomado el pueblo, era la época en la que hacía cerámica y por todas partes había puestos de venta. Picasso vivía allí como un potentado, entronizado como artista millonario. Vimos a Picasso en un coche con su hijo Paul. Era un hombre festivo, siempre divirtiéndose. El coche llegó al centro del pueblo y lo abordamos. Le dije: "Picasso, yo soy español y soy pintor". Y él me respondió: "Y yo también". Nos recibió estupendamente, nos llevó al estudio, nos hicimos fotos, nos pintó postales... Iba a haber una corrida de toros y la gente del pueblo nos confundió con los toreros, al ver que éramos españoles. Estuvimos un montón de tiempo en el estudio de Picasso solos, la verdad es que podríamos haber cogido lo que hubiéramos querido... Luego hicimos un segundo viaje a París, ya con idea de quedarnos, después de casarnos. Y allí conocimos a Agustín Ibarrola y Ángel Duarte. Empezamos a pensar en la idea de trabajar juntos y de hacer una obra colectiva. Fue el germen de Equipo 57, que se vio reforzado con la primera exposición colectiva que hicimos en España, en la que aún figuraban los nombres de cada uno. Pero lo importante es que en París lanzamos nuestro primer manifiesto contra el sistema, que se puede homologar con cualquier manifiesto que se haga actualmente. Contra el arte, contra las galerías, contra los marchantes... Ya teníamos clara la idea del trabajo colectivo. Hablamos de un momento en que Picasso era ya muy famoso porque estaba respondiendo a las expectativas del capitalismo y las vanguardias habían derivado de sus planteamientos revolucionarios a otros asimilables por el sistema. Picasso era el artista más conocido a nivel mundial independientemente de lo que hiciera. Gracias a los medios de comunicación se convirtió en la figura que más se relacionaba con la modernidad, pero los realmente modernos fueron Equipo 57 y otros grupos. Y en Córdoba lo moderno era Cántico, Rafael de La-Hoz y Equipo 57. Le propusimos al alcalde Antonio Cruz Conde un museo de arte contemporáneo y se creó incluso un patronato. Pero era difícil que en la Córdoba de la época ese proyecto saliera adelante.

-Sí salió adelante, con fuerza, el Equipo...

-El Equipo 57 pone en práctica en aquella época lo que hoy se está pidiendo como alternativa a lo que está pasando: individualidades que mantienen su singularidad pero que crean un espacio común. Cada persona tiene una capacidad creativa y ésta no tiene por qué someterse a un programa o a una estructura organizativa. Pero ¿hay alguna alternativa actualmente a un sistema que ha demostrado que no tiene capacidad de regenerarse? Hay que partir de la capacidad creativa de los individuos para que de forma espontánea confluyan en un momento determinado y sean capaces de crear un pensamiento político. No hay tanta diferencia entre arte y política. Una solución estética es una solución política. Cuando la política es creativa, claro. El problema de hoy es que los políticos son incapaces de crear, de inventar, simplemente porque los sistemas que los controlan los están deformando. Han deformado la democracia y el régimen parlamentario. El caso de los medios merece otro análisis. El Picasso universal es un fruto de esa potencia que adquieren los medios de masas y su capacidad para crear realidades. Picasso no habría sido lo que fue si no hubieran existido esos medios capaces de trasladar a la gente la imagen de Picasso por encima de su obra. Nosotros, sin conocimientos muy específicos, llegamos a elaborar una teoría que tiene que ver con el pensamiento zen, con el vacío y la nada del pensamiento oriental... La invención y la intuición tienen una potencia tremenda. Y hay que defenderlas frente al pensamiento técnico o científico. La salvación de la humanidad está en la cultura. En el sentimiento y la inteligencia no cerebral, no aristotélica. En poner la vida por delante de la técnica y de la ciencia. Eso jamás lo va a hacer el científico, que tiene sus procedimientos deductivos. Equipo 57 dijo que todo es espacio, y esto es una cosa tremenda. En el fondo, todos estamos hechos de la misma cosa. La interactividad del espacio plástico tiene mucho que ver con la biología.

-En esos primeros tiempos del Equipo, ¿eran conscientes del alcance de sus teorías y de su capacidad de proyección en otros ámbitos?

-No. Lo que pasa es que el mundo del arte es muy curioso, sobre todo cuando el arte dice sin decir, cuando plantea esa otra dimensión de las cosas... Íbamos intercambiando opiniones y sin darnos cuenta llegamos a hacer el individuo colectivo. Y esto pasó simplemente porque no partíamos del sentimiento expresivo. El sentimiento expresivo es cuando Picasso dice: "Yo no busco, yo soy yo y todo lo que yo haga vale. Si hago cerámica, es importante; si hago escultura, también".

-¿Y Dalí?

-No está entre los grandes surrealistas. Explota su genio sin ser tan genio como Picasso. Dalí es un muy buen pintor, pero...

-... ¿se construye su propio personaje?

-Sí, más de acuerdo a la modernidad. De Picasso, los demás hacen espectáculo, mientras que Dalí se convierte en hombre espectáculo. Adquieren su mayor potencia en los años cincuenta y algo...

-Y ustedes, con la interactividad del espacio plástico...

-El manifiesto del Equipo conecta con la química orgánica y con la informática. Nos dimos cuenta de que un cuadro se puede dictar por teléfono. Para la burguesía y el mercado estaba funcionando otro tipo de arte. Córdoba estaba en el culo del mundo del arte y nosotros desde jóvenes tuvimos claro que había que agruparse. El Equipo duró poco porque requería la presencia física, el contacto. A Agustín, en los 60, lo metieron en prisión, Ángel Duarte se fue a Suiza... Intentamos prolongarlo un poco a través de correspondencia pero aquello ya no progresaba. A mí me seguía interesando más lo colectivo que lo individual.

-Y usted se hizo arquitecto.

-Me gustaba la arquitectura y le planteé a mi mujer que quería estudiar la carrera. Era difícil, teníamos cuatro hijos, pero nos fuimos a Madrid y lo hice. Las matemáticas me sonaban a chino pero el dibujo se me daba muy bien. Vuelvo a Córdoba, ingreso en el Ayuntamiento como arquitecto municipal y me invento la oficina del casco antiguo. Me vi defendiendo el patrimonio histórico con mi formación de arquitecto de vanguardia.

-Y ahora preside la asociación Amigos de Medina Azahara. ¿Qué alcance tiene este proyecto?

-Tenemos que remontarnos a cuando Carmen Calvo era consejera de Cultura y nos pidió a Juan Cuenca y a mí un estudio previo para la convocatoria del concurso de la nueva sede institucional de Medina Azahara. Un informe que sirviera para redactar las bases. Tenía tiempo y me implique bastante en esto. Y comprendí la complejidad del proyecto. Hicimos unas bases, creo, muy buenas. Y en estos casos, un buen proyecto depende de unas buenas bases. Por otra parte, había un estudio previo de Juan Navarro Baldeweg que también sirvió de referencia. Antonio Vallejo sabía perfectamente lo que quería para Medina Azahara y cómo debía funcionar. Yo me di cuenta en esa etapa de que Medina Azahara era lo que era por Antonio Vallejo, no sólo por su capacidad y dedicación sino por su sensibilidad artística. Los cordobeses algún día, cuando las cosas se serenen, tendremos que hacerle este reconocimiento. La madurez técnica y científica de Medina Azahara se debe a él. Tuvo una salida muy desgraciada. Fue en aquellos tiempos, al comienzo de las obras, cuando surgió la idea de la asociación, no encontrábamos presidente y Antonio me pidió que asumiera yo el cargo, aunque fuera de manera temporal. Yo acepté con esa premisa de la provisionalidad. No sé hasta cuándo continuaré. Mi experiencia con el pasado y con la actualidad me lleva a unas reflexiones que me veo en la necesidad de transmitir. La deriva política de la que dependen las instituciones está demostrando la incapacidad del Estado y sus organismos para reestructurarse y recomponer situaciones que a la vista de todos van hacia el abismo. Y esto tiene que ver con el pensamiento de lo que es la cultura, la vida y el arte, y cómo estas cosas se entremezclan. No podemos ya confiar en un sistema que va contra la vida. Contra las personas, contra la salud y el bienestar.

-Nos han dicho que este es el mejor sistema...

-Sí, pero está demostrando cómo pervive la corrupción en las estructuras políticas, con políticos corruptos que incluso salen revalorizados en los referendos populares. Y al tiempo que nos dicen que ya se está acabando la crisis, nos están anunciando la siguiente. Una vez desaparecido el socialismo de los países del Este sólo quedó la referencia del capitalismo. Y el tipo de capitalismo que hemos conocido en un sistema cuyos núcleos de poder y decisión son totalmente antidemocráticos. Van contra el sistema democrático y el sistema parlamentario. No permiten que los parlamentos funcionen como tienen que funcionar, que se legisle como se tiene que legislar, que es a favor de la vida de las personas, no contra ésta. El ciudadano tiene que luchar contra el Estado pero a la vez elige a los representantes que cuando llegan al poder actúan contra sus intereses. ¿Quién entiende este galimatías? ¿Por dónde anda la cultura? ¿Tiene que estar a favor de esto o funcionar de otra manera para colaborar con la sociedad, siendo un producto no de elites o individualidades excelsas y maravillosas sino buscando un espacio común, eso que nos une? Por eso Equipo 57 fue un adelantado. Creadores somos todos, no sólo los artistas, y el sistema está matando la capacidad creativa. Estas fiestas, los Patios..., son un mal entendimiento de la Historia. Estamos falseando la Historia. Y ésta está operando sobre el presente de una manera perversa. Hemos fabricado unos recuerdos que responden a una Historia falsa. Esa pesadez del recuerdo inhabilita a la hora de hacer, de proyectar algo nuevo. Por eso hay tanto rechazo en Córdoba a lo nuevo, tanta melancolía. Eso que se llama senequismo es la pesadumbre de una mirada que no hemos sabido expurgar. No hemos sabido filtrar el pasado para coger lo que nos interesa en la vida presente.

-La asociación surge con estos planteamientos....

-El pasado es una nebulosa, no tiene capacidad para conducir nuestra vida por muy importante que haya sido. Lo caricaturizamos, explotamos la tradición, la fiesta, la Semana Santa... Es un fantasma, un monstruo que ha inhabilitado a Córdoba, le ha impedido que sea una ciudad con ganas de vivir, alegre... El proyecto de la asociación, que no depende ni de la cultura oficial ni de los mercados, va a depender de la capacidad y la voluntad de los propios cordobeses y de las cosas que seamos capaces de plantear. A mí me gustaría que fuera un instrumento de análisis, de estudio, de comparación y de debate sobre cuestiones diversas. Hay que implicarse. Ya no vale con ver el telediario e indignarse. La indignación no es suficiente: hay que ponerse a hacer. Ya está bien de resignados pasivos y de críticas a la inoperancia de los otros. Aquí tuvimos el proyecto de la Capitalidad Cultural, que era un proyecto conservador, y perdió frente al proyecto moderno de Donosti. Se habló de trampas pero no hubo nada de autocrítica, no se reconoció ningún error. Y algo habremos hecho mal. Nadie se pregunta: a estas alturas del siglo XXI, ¿dónde estamos? No hay una toma de conciencia más allá del recuerdo, y la conciencia del recuerdo es peligrosa: hay que saber olvidar. Sin el olvido no se puede vivir. Vamos a ser modernos de verdad, no modernitos, que también hay muchas modernidades nefastas. Vamos a ser contemporáneos, que significa vivir la vida como es. No vayamos contra lo más elemental.

-Pero los elementos del entorno no contribuyen a ello...

-No. Una política desgraciada, unos medios que no ayudan... Desde Alemania se nos ve como un tercer mundo por los niveles de paro, de corrupción... Tenemos el coeficiente democrático por los suelos: es un mal nacional.

-Hablando de males, ¿qué le parece el desarrollo que está teniendo el proyecto del C4?

-El planteamiento era que no iba a ser un museo y que sería un centro para las nuevas tecnologías. Hay un fetichismo sobre el progreso del arte a través de las nuevas tecnologías. Hay quien está luchando para que el centro tenga otro enfoque, no tan exclusivamente vinculado a las tecnologías, y yo me sumo a eso. Hay unos colectivos que recientemente se han manifestado y creo que los políticos tienen que ser receptivos, buscar fórmulas y soluciones para que el centro no esté más tiempo parado por temas económicos.

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