salvador ruiz. director de cáritas diocesana

"Hay casos de pobreza vergonzante, oculta, en barrios como Ciudad Jardín"

  • Denuncia que la crisis económica no ha afectado a todos por igual y advierte de que la red de voluntariado atiende todavía a 20.000 familias al año en Córdoba, cerca de 60.000 personas

Ruiz, en su despacho de Cáritas diocesana, en la calle Pérez de Castro. Ruiz, en su despacho de Cáritas diocesana, en la calle Pérez de Castro.

Ruiz, en su despacho de Cáritas diocesana, en la calle Pérez de Castro. / reportaje gráfico: jordi vidal

"Cáritas no puede desarrollar ninguno de sus proyectos sin la generosidad de los voluntarios", agradece el montillano Salvador Ruiz, director de la organización diocesana desde hace apenas dos meses tras nueve años como secretario general de una institución desde la que ha conocido todos los recovecos de la crisis. A sus 35 años, es licenciado en Derecho por la Universidad de Córdoba, doctor en Derecho Romano por la misma y profesor en la Universidad Pontificia de Comillas y en la Escuela de Magisterio Sagrado Corazón. "Pese a que los datos macroeconómicos indican que ya se ha salido de la crisis, todavía hay más familias de las que podemos atender que lo están pasando mal", avisa.

-A diferencia de las administraciones públicas, Cáritas habla sin eufemismos y utiliza el término "pobres" en lugar de "personas sin recursos" o "en exclusión".

-Sí, en Cáritas hablamos de pobreza, que es lo que está pasando en nuestra sociedad. Diferenciamos pobreza de exclusión, que son dos términos diferentes. El primero se refiere a las dificultades económicas y el segundo, al problema a la hora acceder a determinados recursos, ya sean prestaciones sociales, sanitarias, educativas... A veces se puede ser una familia en exclusión pero no pobre, y otras veces la pobreza lleva a la exclusión. La crisis económica se ha cebado con determinados perfiles, como los más jóvenes, que ahora tienen dificultades para acceder al mercado laboral, y con los mayores, fundamentalmente creando parados de larga duración. La crisis ha hecho que tengamos pobres entre personas que no se encuentran en situación de exclusión, que viven en barrios de trabajadores y educativa y socialmente no están en exclusión.

-¿A cuántas personas atiende Cáritas en la actualidad en los diferentes programas que desarrolla en la provincia?

-En el último ejercicio, hemos asistido a unas 20.000 familias, lo que equivale a alrededor de 60.000 personas. Pero en los años más duros de la crisis hemos llegado a atender a 200.000 cordobeses. Ya desde 2007 nuestros informes alertaban de que algo estaba ocurriendo, porque el número de personas que llegaban a las Cáritas parroquiales, que constituyen nuestra atención primaria, empezaba a crecer. Y a partir de ahí, año a año, la situación ha ido empeorando hasta el punto de que un informe de Foessa, la Fundación Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada, llegó a calcular que una cuarta parte de la población española se encontraba en riesgo. Y, de ese 25%, había cinco millones en situación de pobreza severa, un millón en Andalucía.

-¿Cuál es el perfil de quien acude a Cáritas a pedir ayuda?

-En un porcentaje muy alto, se trata de mujeres, porque hay un fenómeno de la feminización de la pobreza muy importante. Son mujeres jóvenes con cargas familiares y también mayores de 55 años en situación de desempleo de larga duración. También asistimos a familias enteras, a inmigrantes... El perfil es muy variado.

-¿Y cuáles son los recursos que más solicitan?

-Dependiendo del nivel al que asistan. En las Cáritas parroquiales, que son las que funcionan en los barrios, se prestan servicios de atención primaria. Se trata de los bienes más básicos, como alimentación, vestido o suministros como la luz o el agua. También hemos ayudado a pagar hipotecas y, en los últimos años, ha repuntado el volumen de personas que nos demandan asistencia farmacéutica y medicamentos. A nivel de Cáritas diocesano, se ha impulsado el empleo. El año pasado conseguimos dar trabajo a 170 personas en exclusión gracias nuestros distintos programas, como Solemccor.

-La crisis ha aumentado el nivel de pobreza, pero ¿ha hecho también que incremente la solidaridad entre la población?

-Sí, ahora tenemos más de mil socios, muchas personas se han involucrado en nuestros proyectos como consecuencia de la crisis. Somos 1.700 voluntarios en la Diócesis de Córdoba, con 170 Cáritas parroquiales, que constituye una de las mayores redes de voluntariado de la provincia de Córdoba, que nos permite estar a pie de calle. Durante 2017 distribuimos ayuda por valor de 5,5 millones de euros. En cuanto a trabajadores técnicos, somos unos 60. Aunque insisto en que el gran valor de Cáritas son los voluntarios, que han pasado de 900 a 1.700. Es importante destacarlo porque, aparte de los recursos materiales que seamos capaces de prestar, es fundamental el acompañamiento que hacemos. La clave es que actuamos en horizontal, poniéndonos en lugar de la otra personas y respetando su libertad. Con quien ríe, se ríe; con quien llora, se llora...

-La Iglesia suele recibir críticas por parte de diferentes sectores de la sociedad por su posicionamiento ante distintas cuestiones, pero Cáritas es otra forma de ver la Iglesia...

-Cáritas es la Iglesia y se siente Iglesia. Nuestros voluntarios son esencialmente personas de las parroquias que se sienten cristianos. Separar Iglesia y Cáritas es equivocarse de institución.

-Hay quien, precisamente, critica el concepto de la caridad cristiana como sistema para lograr la igualdad social.

-Soy un firme defensor de este concepto, como nuestro Papa Francisco ha proclamado en varias ocasiones. Porque la caridad no se opone a la justicia, sino que trabaja y sirve a este fin. Y, sobre todo, permite intervenir en ocasiones en que la justicia no llega, como hemos visto en estos últimos años.

-En todo caso, ¿hay que ser cristiano para pedir ayuda a Cáritas?

-Claro que no, en Cáritas estamos abiertos a todo el mundo. Aquí no se pide carnet, ni ideología, ni religión... Llevamos 50 años de trabajo y todo el mundo conoce que estamos abiertos a aquel que lo necesite. Con toda la llegada de migrantes que estamos teniendo ahora, hay muchos voluntarios que se han sorprendido porque muchas de estas personas cuentan que, en sus lugares de origen, les recomendaron que cuando llegaran a España buscaran la torre de la iglesia, como lugar en el que encontrarían ayuda. Aquí no hacemos distinciones.

-¿Dónde han estado las administraciones públicas durante los años más duros de la crisis?

-Tampoco quiero decir que hayan sido ajenas a toda la situación vivida, sería injusto, sobre todo porque han tenido un problema muy serio de financiación. Pero sí es cierto que en determinados momentos nos hemos sentido desamparados, solos, como si las administraciones públicas hubieran delegado su responsabilidad. Es decir, el llamado tercer sector se ha sentido mal tratado, respecto a que no hemos estado bien acompañados ni bien atendidos. Sobre todo como consecuencia de algunos informes que hemos publicados sobre la pobreza que algunas administraciones han visto como un ataque, cuando lo que intentábamos era iluminar. Seguiremos trabajando para que de esta crisis no quede gente en las cunetas, para que salgamos todos adelante por igual, aunque hay situaciones que se han enquistado y difícilmente van a tener salida.

-¿A qué situaciones se refiere?

-Los menores en situación de exclusión social, por ejemplo, serán adultos pobres y las administraciones públicas no deberían permitirlo. Desde Cáritas insistimos en dar la alarma ante situaciones de pobreza severa grave. He estado tres veranos en Calcuta y he sido testigo de pobreza extrema, muy extendida. Todos hemos visto esas imágenes por la televisión. Puede resultar polémico, pero en Córdoba también hay situaciones gravísimas que nada tienen que envidiar a lo que sucede allí.

-Los informes oficiales apuntan a barrios como Las Palmeras, Las Moreras o el Sector Sur. ¿Son éstas las situaciones a las que se refiere?

-Siendo verdad lo de las zonas que cita, empieza a ser preocupante lo que ocurre, por ejemplo, en Ciudad Jardín, en el centro de la ciudad. Hay pobreza vergonzante, oculta. Vecinos que no saben que la familia que vive arriba no tiene para comer. Pasa sobre todo en las ciudades, porque en los municipios más paqueños las redes vecinales y familiares funcionan menor. La cuestión es que no podemos poner el foco siempre en las mismas barriadas porque nos sorprenderíamos de lo que ocurre en muchas otras.

-¿Qué está fallando en la sociedad para que podamos vivir tan tranquilos desconociendo que la familia que tenemos en la puerta de al lado no tiene dinero para pagar la luz?

-Pues falla el centro de todo nuestro sistema. La crisis que hemos sufrido no ha sido sólo económica, sino de modelo. Vivimos en un sistema que no sitúa en el centro de su razón de ser a la persona, y ese es el problema de fondo. En la mayoría de las empresas, por ejemplo, existe un departamento que reduce a las personas a recursos humanos, como simples números. Y nos equivocamos radicalmente. Ha pasado, por ejemplo, con la inmigración. Cuando los acogíamos de buen grado, era por cuestiones puramente económicas. Queríamos que aumentara la natalidad o que creciera la recaudación de impuestos. Luego llegó la crisis económica y ya no nos hacían falta esas personas, nos molestaban. Y ahora tenemos a una gran población que no hemos sabido integrar porque no los hemos apreciado, sino que los vimos como recursos, al igual que hacen muchas empresas. Y el centro de nuestra sociedad, por encima de todo, debe ser el ser humano.

-¿Les han llegado a cerrar puertas?

-Sí, hemos sentido que las administraciones públicas no han querido o sabido atender nuestras demandas. Con el gobierno local, por ejemplo, tenemos muy buena relación y ha sido muy importante para poner en marcha nuestra empresa Solemccor de la mano de Sadeco, pero en otros aspectos hemos tenido falta de colaboración. Han existido, por ejemplo, dificultades a la hora de sentarnos para tratar la situación que viven muchas familias y plantear necesidades.

-La macroeconomía asegura que la crisis ya se ha dejado atrás, pero sigue habiendo pobreza. ¿Va a ser nuestro sistema capaz de mejorar la situación para todos?

-No, porque no hemos cambiado el modelo, y ésa era la clave. Dentro de unos años viviremos una nueva crisis económica, y luego otra... Al final nos hemos conformado con que la crisis sea cíclica. Hace falta que la Justicia sea el eje común que estructure toda nuestra sociedad, pero ese cambio no se ha producido.

-Ahora se habla, incluso, de la figura del trabajador pobre. ¿Os han llegado personas con este problema?

-Sí, es una nueva realidad. Personas que aún trabajando la jornada laboral completa, siguen siendo pobres. Y eso en un modelo económica y socialmente justo es impensable. Antes de la crisis económica, ser mileurista se consideraba ser pobre. Sólo lo toleraban quienes se acababan de incorporar al sistema laboral y se consideraba una situación transitoria. Hoy en día, en cambio, te ha tocado la lotería si eres mileurista, te puedes considerar un privilegiado. Y esto afecta a la sociedad, que al final se va resquebrajando.

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