Loco por la música Una pérdida lamentable

  • Me gustaría llamar la atención sobre lo que supone para la cultura y la educación musical no reglada en nuestra ciudad la desaparición de la escuela El Gato

Cartel anunciador del Festival de Música El Gato. Cartel anunciador del Festival de Música El Gato.

Cartel anunciador del Festival de Música El Gato. / El Día

El artículo de hoy gira sobre la desaparición inminente, por no decir evidente, de una escuela de música ya con cierta solera en Córdoba. Me refiero a la Escuela de Músicos El Gato que se encontraba en la calle Alfaros. Este centro, que durante muchos años estuvo prestando un servicio muy interesante para la ciudad brindando su arte cada época estival en lugares como el Jardín Botánico o el Teatro de la Axerquía con conciertos de sus alumnos –de todo tipo y edad– lamentablemente ya no estará entre nosotros, de momento, porque cuestiones económicas y burocráticas así lo han decidido.

Desde esta tribuna me gustaría llamar la atención en la pérdida (reparable) que supone para la cultura y la educación musical no reglada en nuestra ciudad de cualquiera de las escuelas de música que existen actualmente y que cuentan con profesores y alumnos entregados el arte musical de una forma magistral unos y de una forma encomiable otros con el fin de divertirse, pasarlo bien y provocar que la música les haga la vida más feliz a sus alumnos y a los ciudadanos.

Los inicios y antecedentes de esta escuela, que echaremos en falta, están en la pasión de su creador y director, Ángel Molina, integrante del conocido grupo cordobés Jazzpacho, que junto a su compañera Rosa Villalón crearon el Aula de Guitarra en el sótano de la conocida tienda musical Melody en el centro de la ciudad allá por el año 1999, con una filosofía cuando menos curiosa, pero acertada. Pensar que el alumno siempre debía tocar más que el maestro en la clase; lograr que el alumno llegase a emocionarse con la música y que actuar ante el público formara parte del acto de interpretar música, entre otras ideas fácilmente extrapolables y sensatas, son algunos de sus objetivos.

La idea de crear una escuela municipal de música moderna en Córdoba (EM3CO), le llevó a presentar el proyecto en varias ocasiones a las distintas corporaciones municipales, pero por diversas razones no fue posible y, al final, decidió abrir en 2006 el centro de enseñanza musical del cual hoy lamentamos su desaparición. Esta escuela llegó a tener, según su director, más de 350 alumnos de todas las edades, razas, signos y creencias. Habían creado, entre alumnos y profesores, una gran familia basada en el respeto a la música y en el placer de trabajar entre todos, ayudándose para disfrutar de la música y sonreír.

Haciendo historia, la crisis de 2008 nos golpeó a todos y la escuela de música El Gato no fue una excepción. Los alumnos fueron mermando y los gastos de mantenimiento, alquiler y demás no bajaban a igual velocidad.

Con no pocos esfuerzos económicos propios, la escuela se mantuvo con una merma considerable de alumnos, una media de 150 mensualmente, hasta que cerró sus puertas definitivamente tras el decreto de alarma del 14 de marzo de este año, ante la imposibilidad real de continuar prestando un servicio educativo musical presencial. Se continuaron las clases de forma telemática durante un tiempo, pero no fue posible hacer más.

Por sus aulas pasaron algo más de 4.000 personas de todo estrato social: profesionales de diversos ámbitos ajenos a la música, extranjeros que aprovechaban su estancia para recibir algunas clases, niños que empezaban en el aula infantil y después las familias los matriculaban en el conservatorio, etcétera.

Evidentemente, el equipo había mantenido, durante más de 20 años, una escuela de música que ayudaba a cubrir unas necesidades de formación musical de una forma no reglada y sin expectativas, pero cada uno enganchado a la música sin remedio.

Según parece, en la zona donde se encontraba la escuela El Gato existe un colegio llamado Luciana Centeno que se ha quedado vacío. Este espacio ha sido solicitado, uniendo fuerzas con las asociaciones de vecinos del barrio, para hacer uso del mismo y poder solventar diversas necesidades.

De esta forma, la directiva de El Gato, unida a la asociación de vecinos, presentó un proyecto conjunto de interés social para el barrio y la ciudad en el Ayuntamiento, donde cabía un proyecto de escuela de música. Por diversas razones, no ha podido llevarse a cabo. Qué duda cabe de que sólo el tiempo confirmará que la pérdida de centros de enseñanza como el que hemos referenciado ensombrece la cultura de una ciudad como Córdoba.

Somos conscientes de que la situación económica y social actual es lapidaria para sectores, que, vistos con un prisma de embudo sin futuro, tendrán una recuperación lenta y seguramente cambiante. Reconvengo a quien sea oportuno a que mantengamos la esperanza y no nos dejemos caer en la desidia, aceptando con resignación o condenando a la desaparición de centros como El Gato. La cultura, como ya he comentado en otras ocasiones, es importante para superar las malas rachas y la música en concreto nos llega hasta el alma y nos ayuda a superar todos los momentos desafortunados que nos encontramos en nuestro camino por la vida.

Estimados lectores, en el día de hoy me despido de ustedes para un breve descanso estival, pero no quisiera hacerlo sin agradecerles su atención todos estos meses a esta sección e invitarlos a que a partir del mes de septiembre continúen con la costumbre de seguirme cada domingo. Muchas gracias. Feliz verano a todos.

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