Mujeres

La educación como bandera

  • Balbina Cerdeño Delgado ejerció como maestra y alcanzó un gran prestigio entre sus paisanos

  • Creó una fundación en Puente Genil para ayudar a los más necesitados

Balbina Cerdeño cuenta con una calle en su Puente Genil natal. Balbina Cerdeño cuenta con una calle en su Puente Genil natal.

Balbina Cerdeño cuenta con una calle en su Puente Genil natal. / El Día

Nació en Puente Genil el 21 de julio de 1923 en el seno de una familia sencilla. Comenzó estudiando en el colegio de la Compañía de María, continuando su formación de Bachillerato Superior en la vecina localidad de Cabra, para luego trasladarse a Córdoba, donde hace magisterio de forma interna en la institución teresiana.

Aprobó las oposiciones siendo muy joven y su facilidad para estudiar la llevó a terminar la carrera en menos tiempo del reglamentario, aprobando unas oposiciones para maestra en la pequeña aldea Golosalvo, en la Sierra de Málaga. En aquella época, el traslado a su puesto de trabajo no era nada fácil: cada mañana llegaba a su escuela a lomos de un burro. Más tarde la trasladaron a Corcoya, en la provincia de Sevilla.

Tras pasar allí algún tiempo, consiguió al fin la plaza que tanto añoraba en Puente Genil. Su primer destino en la localidad pontana fue el colegio Ramiro de Maetzu; pasó después a El Carmen, donde su labor se complicó, ya que tenía que atender a niños de distintas edades hasta en cinco cursos diferentes. De aquí pasó al colegio José Luis Arrese, (ninguno de ellos existe en la actualidad) y por último al Agustín Rodríguez, donde permaneció hasta su jubilación.

Su primer destino en la localidad pontana fue el colegio Ramiro de Maetzu; pasó después a El Carmen, donde su labor se complicó, ya que tenía que atender a niños de distintas edades

Tan dilatado periplo profesional sirvió para que doña Balbina hiciera gala de su impecable labor en la comunidad docente, que reconoció y admiró su labor casi tanto como lo hicieron la infinidad de alumnos y alumnas que pasaron por sus aulas. Sin embargo, también se puede recordar a doña Balbina como lo que fue, una mujer volcada en la labor social, la inteligencia y la eficacia al servicio de los demás.

Una fundación con su nombre

Mientras estuvo en el colegio Agustín Rodríguez, tuvo acceso a informarse de cómo funcionaban las fundaciones, unas obras sociales que protegen a determinado colectivo social y que se vinculan a la cultura. De reconocida vocación humanitaria y de profundas convicciones religiosas, su gran obra ha sido ésta.

Dejó ordenado en su testamento que su dinero y patrimonio sirvieran para poner los cimientos de una fundación en su nombre, para ponerla en marcha el 10 de junio de 1978, la Fundación Docente Balbina Cerdeño Delgado, dedicada a la educación de jóvenes de Puente Genil que no pueden acceder a la enseñanza, ya sea reglada o no, sin limitación cualitativa, bien por su situación económica o por las circunstancias familiares adversas.

La fundación, en estos casos, se hace responsable de los gastos que se derivan de la formación integral de los jóvenes que se acogen a esta especie de beca. Balbina dejó en su testamento 250.000 euros más su vivienda como dotación inicial. Para que la fundación gozara siempre de transparencia económica y apoyos institucionales, doña Balbina designó a un patronato, formado por 11 miembros, en el que se incluyen reputados miembros de la vida política –el alcalde– económica, cultural, representantes del colegio Ramón y Cajal y religiosa –el párroco de la Iglesia de San José de la villa– o a Cáritas, además de amigos y familiares. Así, dotó las becas que los miembros que conformen el patronato estimen oportunas con la cuantía que proceda en cada caso.

Dichas ayudas se concedieron a quienes pretendían continuar estudios, hacer cursillos, preparar exámenes, asistir a cursos de Formación Profesional o aprendizaje de oficios; en resumen, sin limitación cuantitativa alguna para todo lo que afecte a la formación cultural, profesional o educativa que propicie la elevación de las cualidades humanas de la persona.

El buen hacer y el acierto en sus objetivos hicieron posible que la fundación aún siga en marcha, si bien en los últimos años su actividad se ha reducido sensiblemente una vez que se han ido invirtiendo esos fondos. Doña Balbina murió en 1999, a la edad de 76 años, arropada por el cariño de los muchos a los que ayudó y con el reconocimiento de sus compañeros y compañeras.

Puente Genil la recuerda

Su biografía se recoge en el libro La Huella de las Mujeres en Puente Genil editado por el Ayuntamiento de dicha localidad en 2004, que fue presentado en 2005 y coordinado por María del Carmen Guerrero, y aprobada su dotación y edición en pleno por unanimidad el 8 de marzo de 2011, para surtir a todas las bibliotecas escolares de la localidad, actualizando su edición para el mejor recuerdo de estas mujeres que fueron pioneras y emprendedoras y que busca poner en valor el trabajo y la labor desarrollada por mujeres muy conocidas en la ciudad.

De nuevo, la inquietud y valentía de una mujer volcada en la labor social, la inteligencia y la eficacia al servicio de los demás. Tiene una calle en el barrio de La Pitilla en Puente Genil. Fue maestra de profesión.

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