Día Internacional del Hombre

Una lucha contra el cáncer y los prejuicios masculinos

  • El 19 de noviembre se celebra el Día Internacional del Hombre y con él se apoyan campañas de visibilización de patologías masculinas como el cáncer de próstata o testículo

Antonio Romero y Alberto Porras conversan en un banco. Antonio Romero y Alberto Porras conversan en un banco.

Antonio Romero y Alberto Porras conversan en un banco. / Lolo Agredano

El cáncer mantiene su presencia en la vida de millones de personas sin atender al desarrollo de la crisis sanitaria del coronavirus y la evolución de los contagios. El miedo a contraer el virus es un obstáculo más para quienes tienen que combatir, día a día y sesión a sesión, una patología que afecta a su salud e impacta de forma incontestable en sus proyectos y relaciones. El desarrollo de la pandemia no ha impedido la detección de nuevos casos ni los tratamientos en contra de un mal que persiste.

Entre estos casos se encuentran las historias de muchos hombres que se enfrentan al cáncer de testículo, de próstata o de pene, historias que se hacen visibles gracias a iniciativas como Movember –organizado en torno al 19 de noviembre, Día Internacional del Hombre– y tras las que hay un gran esfuerzo por parte de los expertos en psicología para que se conviertan en un ejemplo más de superación.

Durante el mes de noviembre se ponen en marcha campañas que dan voz a estas patologías y a la repercusión en la vida de quienes las sufren. En Córdoba, el Hospital Reina Sofía ha continuado con su colaboración con Movember para la promoción de hábitos de vida saludable en el hombre y concienciación sobre la incidencia del cáncer de próstata.

En estos momentos, representa el tumor más frecuente en varones y supone entre el 15 y 20% del total de casos de cáncer, excluyendo el de piel no melanoma. En esta iniciativa participan urólogos y otros especialistas que han colgado vídeos explicativos sobre el abordaje y manejo del cáncer de próstata. Se trata de una batería de vídeos informativos y con carácter divulgativo que pretenden acercar la información a pacientes y a la sociedad en general para fomentar la corresponsabilidad.

"Todavía hay mucho tabú en torno a los problemas del hombre"

En Córdoba, es la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) la encargada de prestar estos servicios a todos los pacientes oncológicos. Los problemas que afectan a la salud masculina, sin embargo, se mantienen en un segundo plano debido al lastre que suponen los prejuicios sociales que derivan en falta de comunicación por parte de los pacientes. Así lo explica uno de los integrantes del grupo de psicología de la AECC, Carlos Hortelano, que se encarga de la mayoría de pacientes que han sido diagnosticados con cáncer de próstata o testículo.

“Todavía hay mucho tabú en torno a los problemas del hombre, los pacientes con estas patologías siempre prefieren ser atendidos por un hombre”, apunta. Además, incluso en la consulta “es difícil abordar el tema sexual”, ya que “se siente más seguros, pero este aspecto cuesta tratarlo y es tan importante como cualquier otro.

El psicólogo de la AECC, Carlos Hortelano. El psicólogo de la AECC, Carlos Hortelano.

El psicólogo de la AECC, Carlos Hortelano. / Lolo Agredano

De hecho, Hortelano asegura que, a nivel general, “suelen pedir más atención psicológica, como pacientes, las mujeres”. Esto lo atribuye a los estereotipos “del hombre fuerte” que interfieren con sus necesidades básicas para afrontar el tratamiento y los cambios que derivan del diagnóstico. La asociación se vale del trabajo de su voluntariado para captar a los pacientes oncológicos, especialmente a través del Hospital Provincial gracias a su distribución, si bien son ellos quienes deben solicitar la colaboración de la AECC y los tratamientos dependen de ellos.

El psicólogo matiza que “las sesiones van en función de la necesidad del paciente”, salvo en los casos de “seguimiento profesional, normalmente antes de las revisiones”. La asociación no pone límites a las sesiones y son gratuitas, algo que “muchos parece que no conocen”, y los profesionales siempre recomiendan “al menos pasar por una, a veces una única sesión es suficiente para evitar que se enquiste el problema y hace posible redirigir la situación”. Los psicólogos hacen trabajo con los pacientes de forma individual y en grupo, así como con sus familias.

“No piensas que te ha tocado la lotería”

Alberto Porras tiene 32 años y en junio de 2019 se enfrentó por primera vez a esta nueva realidad. Ahora con la operación y el tratamiento superados, cuenta cómo notó “un crecimiento en el testículo” y recurrió a su médico para que le derivase al urólogo. Sin embargo, recuerda que esta que no acudió a la cita por despiste, “no piensas que te ha tocado la lotería”, por lo que tuvo que volver a solicitarla.

En la revisión con los especialistas “no vieron nada, pero decían que no les gustaba y que su consejo era quitar el testículo”. Aceptó la operación “sin pensarlo” y en menos de una semana ya había pasado por la intervención y recibido el alta y el diagnóstico: “un tumor, un seminoma, que no había salido de su cápsula”.

Se trataba de la noticia más positiva dentro de las posibilidades, aunque Porras advierte que “el golpe no se olvida, es una guantá enorme de la que te cuesta desprenderte muchos días”. En su caso, la situación estaba condicionada por la información que él mismo había buscado en internet durante la semana anterior, que asegura que es “lo peor que se puede hacer en estos casos”.

Alberto Porras. Alberto Porras.

Alberto Porras. / Lolo Agredano

Con ello llegaron las dudas sobre los cambios físicos y el efecto en el día a día que pudo combatir “gracias a una experiencia deportiva”, ya que tras la operación se probó en una actividad de rápel “y podía seguir el ritmo de la gente”.

Así, a través de su madre, Porras comenzó su tratamiento con Carlos Hortelano en octubre de 2019 y con él encuentra “esa comprensión necesaria, sin dejar de ser realistas, para entender el problema”. A través del trabajo con el psicólogo consigue combatir “los días con miedo, cuando piensas que vuelve o que en la revisión van a haber malas noticias”. Ahora, consigue “darle solo su momento, el de las revisiones”, y continúa haciendo vida normal porque, “aunque es algo que está ahí, toca aprender a gestionarlo”.

Porras lamenta haber consultado la información en internet antes que con un especialista y por ello desaconseja a cualquier persona que se enfrente a un nuevo diagnóstico hacer lo mismo. Considera que hay “demasiada información, a veces ni siquiera buena, y se cree que esto es igual para todos”.

La realidad, como ya conoce, es otra. A través de un seguimiento especializado “tienes a alguien que conoce de lo que hablas y por lo que estás pasando”, por lo que se consigue “llegar guiado a lo que se necesita sin tener que explicarlo todo”. En su caso, mantiene que no quería “endulzar” la situación, sino ser realista “manteniendo la positividad”.

En este sentido también agradece el trato que recibió en oncología. Según detalla, su oncóloga “dedicaba un día a tener dos o tres citas de pacientes que acababan de recibir el diagnóstico y daba todo el tiempo del mundo para preguntar las dudas y explicarlo todo bien”. En especial, destaca que el encuentro fue “sin rodeos y con tacto”, lo necesario para conocer todos los aspectos a tener en cuenta y “seguir con ánimos para salir adelante”.

La clave para él ha sido “estar en manos de los especialistas y confiar en ellos con todo lo que proponían”, como fue el caso de la operación y el tratamiento para evitar la expansión. Por el contrario, cuando previamente había consultado de forma online el posible diagnóstico su reacción fue imposible de controlar y le quedó claro que “fue un error y es una opción que queda totalmente descartada”. Algo similar sucedió con la atención psicológica, ya que antes de las sesiones en la AECC “pasaba los días como ausente”, afirma.

En su caso, la crisis sanitaria no ha intervenido en el tratamiento pero sí en una de las revisiones que tenía programada en marzo. Los médicos le pidieron que no asistiese, por lo que se puso nervioso hasta que le aseguraron que, en caso de que se hubiese producido algún cambio, le llamarían. Por consiguiente, Porras tuvo en mente “la situación de quienes tenían tratamiento sin saber si entra dentro del grupo de riesgo”.

“Las pruebas nos dejan ir por delante”

Quien sí que tuvo que enfrentarse a 30 sesiones de radioterapia durante la pandemia ha sido Antonio Romero. Con 64 años, lucha contra el cáncer desde su primer diagnóstico en 2009, más de diez años en los que ha sido diagnosticado dos veces por cáncer de próstata que se ha acabado extendiendo a la pelvis. Por suerte, tras las últimas sesiones “está todo limpio” y solo debe acudir a las revisiones con los especialistas.

A su juicio, “no queda otra que tirar hacia adelante” en una lucha en la que lo más importante es su voluntad de vivir. “Cuando me tenga que llegar, me va a llegar, quiera o no”, asevera.

Romero acudió a su médico del seguro cuando empezó a detectar sangre en su orina, ante lo qu le dijeron “que tal vez era una prostatitis de tanto coche en el trabajo”. Tras un mes de antibióticos y sin mejoras, le recomiendan realizarse una biopsia en Cruz Roja en la que se le detecta “un tumor que estaba muy encapsulado”.

En este punto su mujer decide que cambie a la sanidad pública “porque sabe lo que hay, lleva muchos años colaborando con la AECC y está muy informada”. En su cita con la oncóloga resalta que “lo puso claro”, aunque era un tumor encapsulado “lo que tenía era cáncer de próstata, había que decirlo y se tenía que tratar como lo que era”.

Antonio Romero. Antonio Romero.

Antonio Romero. / Lolo Agredano

Tras más de 40 sesiones de radioterapia todo estaba “perfecto”, pero en poco tiempo “lo valores en la analítica empiezan a dispararse de nuevo y eso no le gusta al urólogo”. Tras una nueva biopsia conoció que tenía un nuevo tumor “que venía agresivo y había que quitar la próstata”. Debido a las características, la operación no se demoró más de un mes y que “salió bien a pesar de los 15 días con la sonda”. A pesar de la extirpación, este año supo que se había reproducido en la pelvis, por lo que necesito las nuevas sesiones.

Por ello, Romero insiste en la importancia de realizar revisiones periódicas, ya que “las pruebas nos dejan ir por delante de la enfermedad y sobre todo conocer los riesgos”. Además, asegura que “estas situaciones hay que superarlas, hay que ponerse en manos de los especialistas y atender a lo que indican”. Esto es algo que conoce bien que funciona, ya que le ha ayudado a superar también un infarto que ha sufrido en los últimos años.

Con estas premisas, Romero descarta “totalmente” hacer uso de internet para informarse respecto a los temas médicos, ya que “al final se pierde el ánimo, los papeles y todo”. “Hay que confiar en los profesionales que tienen la información”, insiste, para evitar las situaciones en las que tanto el paciente como sus allegados se ve afectada “más de la cuenta”.

En su caso, son sus familiares quienes “lo llevan peor”. Romero explica que su hija “lo ha pasado y lo está pasando muy mal”, algo que se extiende a su hijo y a su mejor dada la carga psicológica que comparten ante la situación. Para ello, entre otros aspectos, hace uso de las sesiones con Carlos Hortelano, que sirve de guía para “evitar la sobreinformación, que es muy mala”.

Así, insiste en que no hay que dejar pasar las pruebas “que son un momento” y permiten llevar un control sobre los posibles problemas médicos. En especial, aclara que, a pesar del miedo al coronavirus, “un tratamiento, incluso en estos momentos, siempre viene bien; hay que ir o la cosa se vuelve más complicada”. Como ejemplo tiene su experiencia y gracias a las revisiones lucha contra todos los contratiempos que le dejan “más cansado pero con ganas de seguir y de vivir”.

En este sentido, Carlos Hortelano destaca que el coronavirus puede tener un efecto añadido sobre estos pacientes, independientemente del tipo de cáncer, al derivar en “un aislamiento social que es muy perjudicial para la salud mental”. A los miedos de la propia enfermedad y del virus se suma “no poder ver a familiares y seres queridos”. Por ello, reitera la importancia de la atención psicológica “que siempre beneficia y se ha conseguido ver como algo esencial”.

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