Audición en público: ¿por qué temerle?

Loco por la música

Las claves para la superación del temor al fracaso y la crítica pasan por la calidad del estudio, la preparación y la superación de las metas técnicas, estilísticas y musicales

Audición en público: ¿por qué temerle? / El Día
Harold Hernández

01 de diciembre 2019 - 06:00

Este artículo pretende sensibilizar al lector acerca de la importancia que tiene para un músico tocar en público por su repercusión social, personal y profesional, tanto como solista como inmerso en una agrupación. Este “momento” de actuar ante un público es fundamental para cualquier intérprete, sea profesional o no, y es importante enfrentarse a ello sin temor a la ansiedad escénica, el miedo al ridículo, la crítica o la incomprensión social.

Como profesor Superior de Tuba, Titulado en Canto, MsC en Gestión del Patrimonio y actualmente Profesor de Tuba en el Conservatorio Superior de Música Rafael Orozco de Córdoba, sé que la mayoría de lectores de este artículo son o serán sensibles a nuestras opiniones. Por ello, pretendo exponer mi criterio sobre la importancia de realizar presentaciones en público para cualquier músico desde sus inicios y su valor social y personal desde mi experiencia como interprete y profesor.

Podríamos decir que casi en su totalidad, estas “ideas” podrían ser extrapoladas a las demás manifestaciones artísticas, pero lo ejemplificaré con la música al ser nuestro campo de interés. Siendo sinceros, “esta no es toda la verdad, pero es mi verdad y es la que les puedo brindar”. (sic)

El músico, o al menos el que se precia de ello y vive y/o disfruta con el acto de tocar, siempre estará presentándose ante el público. Este puede ser conocido, afín, cercano, distante, apático, reflexivo, crítico o prejuicioso para con el intérprete, pero en definitiva, público al fin, ante el que se tiene una serie de sensaciones que hoy se han englobado en el término “ansiedad escénica” y que siempre han estado presentes en todas las facetas del hombre, sea caminar, hablar, escribir, correr, amar, etc.

Todas estas son cuestiones que cualquier ser humano sin distinción de raza, sexo o nacionalidad realiza a diario sin temor, pero que al abordarlas por primera vez, le crean tensión, miedo o sensaciones diversas. Esos sudores, molestias físicas, aumento del ritmo cardíaco, etc –que algunos intentan mitigar con métodos dañinos para la salud o con terapias físicas y psíquicas muy en boga y que obviamente respeto y no minusvaloro– en realidad terminan donde todo comienza, en el cerebro humano y su inmensa capacidad de regeneración y control de todo lo que realizamos a diario de forma consciente o inconsciente.

He aquí, a mi juicio, un buen análisis a abordar; el de la capacidad de nuestro cerebro de concientizar el acto de tocar en público como algo natural, normal, inherente al hecho de ser artista.

En nuestra experiencia, que seguro comparto con muchos docentes e intérpretes, las claves para la superación de estos temores al fracaso y la crítica pasan por la calidad del estudio, la preparación y la superación de las metas técnicas, estilísticas y musicales que les plantee cada obra que han de interpretar.

La música, a pesar del desconocimiento social, es una carrera que se inicia a muy temprana edad, muy larga (de media unos 14 años) y muy difícil. Mientras un niño de diez años con sus estudios básicos obligatorios aún no tiene , por lo general, muy claro qué va ser de mayor y en su vida, un niño de la misma edad que asiste a un Conservatorio, donde tiene una carga lectiva y horaria de alguna consideración, ya ha iniciado un camino profesional para su futuro, que será duro, tortuoso, competitivo en alto grado, pero bello espiritual y emocionalmente. Esta realidad, nos debería obligar “a todos y en todos los niveles y tipos de enseñanza”, a prestar más atención a los alumnos que la realizan y valorar su esfuerzo en su justa medida y contexto.

Es recomendable que, desde el inicio de los estudios, los alumnos tengan el apoyo de su entorno familiar y social, que también tengan la oportunidad de presentar “sus logros” ante público. Que se diviertan, que jueguen con el hecho de actuar en público, que lo vean desde el inicio como algo normal, bueno, importante y que los haga delirantemente felices.

Si consiguen superar las dificultades técnicas, si logran conseguir el concepto de “hacer suya” la obra, seguramente, lograrán más fácilmente esa felicidad al actuar y desaparecerán en gran medida los miedos, ya que serán intérpretes seguros de sí mismos y de sus capacidades y potencialidades. Espero haber sido lógico en mi explicación y a la vez sensibilizar al lector que no conoce este mundo maravilloso del arte, sobre la importancia del apoyo y comprensión para con los alumnos e intérpretes en general.

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