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Cordobeses en la historia

El juez que comenzó a poner a Carteya en el mapa hasta las Filipinas

  • Francisco Merino Cuevas creció entre los niños carteyanos destinados a vivir de sus brazos, despuntó por su mente, ejerció la judicatura en Filipinas y la solidaridad entre sus paisanos

HABÍAN pasado 25 años desde la fundación de la Aldea de San Juan que derivaría en la bimilenaria Nueva Carteya. Corría el 17 de febrero de 1847 cuando Juan Eulogio Merino Poyato y María Gracia Cuevas Gallardo recalaron en aquella localidad, desde la Doña Mencía natal de él y la malagueña Archidona de donde ella era natural. En ese mes y ese año vino al mundo su hijo, Francisco María de San Ignacio, de quien dice el cronista oficial de Nueva Carteya, Antonio Pérez Oteros, que "fue el primer carteyano, que demostró tener capacidad, deseo y talento para el estudio", y el primero, quizá, empeñado en "poner a Carteya en el mapa", como apuntaba el prólogo del entonces alcalde, Antonio Ramírez, en los Estudios sobre Nueva Carteya. En esta obra, el académico Julián García García se ocupa de la biografía de Francisco Merino Cuevas, entresacando los escasísimos datos que de su vida personal, política y profesional se han escrito, además de las reseñas de las hemerotecas.

Por ello sabemos que el maestro de su pueblo fue el primero en vislumbrar las dotes intelectuales del muchacho, animando a Juan y a María a darle instrucción más allá de la escuela del pueblo. La salida hacia estudios superiores la consiguen a través de la Iglesia, que lo admite en el seminario de San Pelagio, en donde permanece hasta los 22 años, etapa en la que da el salto al instituto de Cabra. Allí, en un solo año, presentándose por libre, se examina y obtiene el título de Bachiller.

Francisco Merino Cuevas se prepara entonces para dedicarse profesionalmente a la abogacía y, tras el paréntesis de un curso -dice Julián García- "se matricula en la llamada Universidad Libre o Escuela Libre de Córdoba". Aprueba 1º y 2º de las 6 asignaturas que constituyen la base fundamental del Derecho. Durante el curso 1871-72, las 8 restantes son superadas con éxito en la Universidad hispalense y en 1874 obtiene su licenciatura.

También en Sevilla, causa alta como letrado en el Colegio de Abogados. Allí ejerció hasta 1876, en que solicita a la corona el traslado a Filipinas.

En enero de 1877 Alfonso XII firma el título de Promotor Fiscal del Juzgado de Jaro en aquellas islas, con el nombre de Francisco Merino, y en 1878 se produce su llegada a Heilo de donde partió hacia la Isla de los Negros. En 1881 recala en Jagua la Grande tras ser ascendido a Juez de Primera Instancia, empleo que repite en Capiz.

Su brillante carrera ultramarina se ve interrumpida súbitamente en 1884, fecha en la que su paisano y cronista Pérez Oteros da cuenta del permiso de cuatro meses que le concede el Gobernador General de Filipinas, tras enfermar de fiebre amarilla. Así, en mayo de 1884 llega a Córdoba y a su pueblo desde el Puerto de Barcelona, al que arribó a bordo del Magallanes.

No fue la mejoría tan rápida como esperaban y en 1887, dice el mismo autor, "volvió a matricularse otra vez en el Colegio de Abogados, esta vez para ejercer en Cabra". En la ciudad subbética, añade, "no tardaría mucho en enredarse en la política", haciendo de "su casa, el número 38 de la calle Álamos" un lugar de tertulia política e intelectual, dando cuenta de su atractiva elocuencia, adornada por su alta formación y cierto toque humorístico.

Nombrado Jefe de los Conservadores egabrenses, se afana en conseguir mejoras principalmente para crear comunicaciones entre los dos pueblos que formaban la sístole y la diástole de su corazón: Cabra y Nueva Carteya. Ambas quedan comunicadas por carretera gracias a sus gestiones. En esta primera ciudad, y arropado por los compañeros de partido, logró con grandes esfuerzos levantar el hospital de San Vicente de Paul en 1917, guardando una cama siempre disponible para los enfermos físicos o psíquicos, "varones o hembras", de Nueva Carteya.

Diputado provincial y abogado de la Compañía de Ferrocarriles Andaluces, recibió numerosísimos reconocimientos de la Casa Real, de manos de la Regente María Cristina, y de los círculos intelectuales y políticos, tanto por sus méritos profesionales cuanto por su sensibilidad para con las cuestiones sociales.

Las secuelas de la fiebre amarilla hicieron mella en sus 83 años y Francisco Merino Cuevas murió el 12 de octubre de 1930, mientras se celebraba el Día de la Raza, en un país con actos solemnes, huelgas generales o visitas a los museos. La prensa menos politizada dio cuenta de su pérdida, en tanto otros diarios como La Voz hacían hincapié en la detención del aviador republicano Ramón Franco, o el entierro de un obrero muerto por accidente en la fábrica de cemento en un día de fiesta. Quiso reposar en Nueva Carteya, y su pueblo, de espalda a todo cuanto acontecía, enterró a su hijo ilustre en acto multitudinario. Tras un largo tiempo de olvidos, ahora "desde un ángulo de la plaza, observa la vida cotidiana sin parpadear el impasible busto de un carteyano ilustre", en palabras de Solano Márquez, "sobre un pedestal de rojos mármoles" esculpidos por José Manuel Belmonte.

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