FRANCISCO GOMERA | PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN LA TRIBU EDUCA “Los grupos de Whatsapp de padres son puro chismorreo para anécdotas que no ayudan”

  • Está al frente de un colectivo de docentes jubilados al que le queda mucha por hacer “desde el punto de vista de la cooperación” y defiende que lo importante del sistema educativo es “aprender”

Francisco Gomera, presidenta de la Asociación La Tribu Educa. Francisco Gomera, presidenta de la Asociación La Tribu Educa.

Francisco Gomera, presidenta de la Asociación La Tribu Educa. / Juan Ayala

Presidente de la asociación La Tribu Educa, Francisco Gomera (Beas de Segura, Jaén, 1945) fue también jefe del servicio de Inspección de la Delegación de Educación durante una década. Dice que ahora está en “la tercera vida” y destaca que el trabajo que desarrolla la asociación “no sería posible sin la contribución de sus socios”. “Somos conscientes de que nuestra vida no se acaba en la familia y en lo lúdico personal, sino que creemos que tenemos un compromiso colaborativo con la comunidad”, sostiene.  

–¿Por qué surgió la asociación La Tribu Educa?

–Llevamos nueve años y, ahora nos damos cuenta de que tuvimos una intuición porque hoy podemos afirmar que alrededor de una cuarta parte de la población española es gente mayor o jubilada. Eso es una paradoja porque antiguamente los ancianos eran pocos, duraban poco tiempo y tenían prestigio social. Ahora, los mayores son muchos, el prestigio social se ha dispersado y son más longevos. Hoy, la gran pregunta es qué va a pasar con el 25% de la población que tiene una proyección de vida bastante importante y sus anteriores cometidos han sido sustraídos por otro tipo de cosas. Tuvimos la intuición de que los jubilados docentes de todos los niveles teníamos una vida por delante y que estábamos entrando en la tercera vida, como yo la llamo, y que nos quedaba mucho por hacer, no sólo desde el punto de vista personal, sino que también podíamos ser útiles a la sociedad desde la perspectiva de la cooperación.

–¿Cuál es esa perspectiva?

–Hay un refrán africano que dice que para educar a un niño se necesita a toda la tribu. Como nosotros éramos docentes, pensábamos que podíamos contribuir y colaborar desde el conocimiento, la experiencia, desde el saber, en la formación integral de los nenes, fueran nuestros nietos, nuestros hijos o los niños de la comunidad. EY, como los nenes no están aislados, pensábamos que podíamos colaborar con la comunidad en su conjunto era mejor. Era un prisma de triple cara.

–Y esas caras del prisma a las que se refiere, ¿cuáles son?

–Podemos desarrollar una cara, que es la personal, la lúdica. Otra cara sería la familia, que también es importante y, la tercera sería la comunitaria y, así el prisma se queda derecho. Nos juntamos un grupo de forma espontánea que, en el fondo, compartíamos esta concepción de colaboración social, desarrollo personal e implicación familiar.

–Después de estos primeros nueve años de vida, ¿las caras del prisma continúan en pie?

–Empezamos a explorar. Ya no éramos docentes, no podíamos intervenir en el sistema educativo, pero podíamos hacer algo. Desde esa perspectiva empezamos a explorar cosas y, después de nueve años se han concretado. 

Francisco Gomera, durante la entrevista concedida a el Día. Francisco Gomera, durante la entrevista concedida a el Día.

Francisco Gomera, durante la entrevista concedida a el Día. / Juan Ayala

–¿En qué se han concretado?

–Hacemos viajes anuales, internacionales, hemos llevado una carta en el Parlamento Europeo, hacemos viajes locales, paseos y actos de convivencia;es el sustrato casi universal de esta tercera edad. Luego tenemos otras actividades con un carácter más implicativo.

–¿Podría citar alguna de ellas?

–Hemos creado una editorial, que se llama La Tribu Edita. Con ella, pretendemos publicar libros de distinta índole y, ya hemos sacado ensayos, relatos de socios y hemos llegado a Hispanoamérica. Esa editorial, además, ha sacado un concurso de poesía y de prosa al que se pueden presentar hombres y mujeres de Córdoba con más de 60 años. También hemos creado un club de lectura, que no está cerrado, y en el que ya se han leído más de 150 libros. Además, tenemos un relator que hace un resumen y lo publicamos en la editorial y se llama La Tercera Lectura, de la que forma parte lo que lee cada persona, lo que leemos en común y la reflexión que sale por escrito. También hemos inaugurado un club de senderismo, hay un taller de sevillanas en el centro cívico y tenemos una exposición bianual que se llama El artista de la tribu, en la que la gente de la asociación muestra distintos trabajos. Lo que queremos es desarrollar ese aspecto intelectual, emotivo y creativo que tienen las personas y que, muchas veces, en la sociedad no le da salida. Otro proyecto es Tiene la palabra, con el que pretendemos dar la palabra a una persona que tenga algo que decir y que tenga algún valor. Ahora, tenemos uno previsto sobre el arte de envejecer.

"Hoy la gran pregunta es qué va a pasar con el 25% de la población que tiene una proyección de vida bastante importante”

–Y a todos estos proyectos se suma el que desarrolla con el Centro de Integración Social.

–Si, es una institución anexa a la prisión provincial, que está en Las Quemadas y reservada para los que están en tercer grado. Duermen allí y salen para buscar trabajo pero tienen problema para salir. Allí tenemos un taller de bicicletas y se intenta que las monten y las arreglen para facilitarles el transporte. También tenemos un taller de carácter emocional tras salir de la prisión. Uno de los grandes problemas que tienen los presos es que tienen grandes dificultades en gestionar sus emociones –la impulsividad, la falta de autocontrol y, a veces la falta de empatía–. No estamos aquí como voluntariado, aunque es una asociación sin ánimo de lucro. Tenemos la visión de que somos colectivo activo y que, por lo tanto, tienes que crear un nicho de intervención y, ese nicho es muy amplio. Lo único que pasa es que lo estamos construyendo nosotros. 

–Fue inspector de Educación durante treinta años, de los que diez fue jefe de servicio, ¿qué recuerdos tiene de aquellos años?

–Fue una experiencia muy interesante. Siempre he creído que la Inspección era un factor de calidad y que su intervención era para mejorar, de tal manera que cuando un inspector salía de un centro tenía que dejarlo mejor de cuanto entró. Siempre he creído que lo más importante del sistema educativo es aprender y no enseñar.  

–¿Por qué piensa eso?

–El currículum español, que viene mucho del francés, tiene invertido todo eso. Lo más importante para el sistema es enseñar y, luego eso hay que aprenderlo. Pues no. El libro te dice lo que hay que enseñar, pero no lo que tienen que aprender los alumnos.

–Pero en los últimos años, el sistema educativo ha mejorado.

–El sistema ha mejorado porque todos los niños están escolarizados, han bajando las ratios, los edificios de los colegios también han mejorado, pero hay problemas serios.

–¿A qué problemas se refiere?

–Uno de los más importantes es la formación del profesorado. No creo que tengan todas las habilidades necesarias para abordar el tema de la educación actual.

"No creo que el profesorado tenga todas las habilidades necesarias para abordar el tema de la educación actual"

–Algunos partidos e, incluso  la Conferencia de Decanos de Educación han llegado a proponer una especie de MIR para el profesorado, ¿sería una buena fórmula?

–Puede ser, pero habría que reflexionar. El otro día estuvieron aquí unas alumnas de Magisterio que colaboran con nosotros y le pregunté a una de ellas que cómo actuaría si entrase en una clase de quinto de Primaria y todos los niños se ponen de acuerdo para hacer ruido, también le pregunté si les enseñan a actuar en un conflicto. Y decían que no. Creo que ante la realidad compleja del mundo en el que vivimos, en el que cambia todo, donde tenernos internet, los problemas de convivencia y de relación con las personas, donde el conocimiento está al acceso de todas las personas pero no todos son verdad, hay que plantearse qué necesitan estos niños para abordar un futuro indeterminado que nadie conoce, a diferencia de nuestros padres, que sí sabían su futuro. Hoy no soy capaz de imaginarme el futuro de 30 años. ¿Qué herramientas tienen que tener esos niños para poder defenderse en un mundo indeterminado? No puede ser solo por lo que yo digo y lo que tengo que enseñar, tendré también que explorar.

–Defiende entonces un cambio en la formación de los maestros y profesores.

–La formación del profesorado  se tiene que plantear como probablemente la profesión más importante de este país, junto a los médicos, desde el hecho de que cualquiera no puede ser profesor, desde el hecho de que cualquier profesor tenga que tener unas calificaciones y prestaciones personales de carácter muy alto. Tiene que ser una formación en la que el propio profesor pueda abordar tareas que no están previstas en los cánones clásicos. ¿Cómo va a mostrar camino si no se lo han mostrado? Tiene que estar continuamente investigando sobre cómo tiene que actuar a base de ensayo y error, pero no constantemente.   

–Ha hecho referencia a la bajada de las ratios y, esta misma semana el área de enseñanza de CCOO ha vuelto a señalar que 25 alumnos por aula “es excesivo”.

–Los estudios dicen que la bajada de la ratio, por si misma, no mejora la calidad, aunque puede ayudar. Lo que creo es que ese tipo de reivindicaciones, siendo legítimas, camuflan el problema principal, que es el currículum y la organización escolar. El sistema no tiene bien resuelto el problema de la dirección, lo tiene de aquella manera. Una ratio muy baja no mejora la educación porque si realmente mejora desde la cooperación y la colaboración, con niños de diferentes edades, qué tipo de formación va a haber. Lo que hay que buscar es una ratio razonable, no es lo mismo 25 niños en un determinado barrio complejo, que 25 en otro espacio que no es tan complejo. No es el factor principal para mejorar la educación.

"Los estudios dicen que la bajada de la ratio, por si misma, no mejora la calidad, aunque puede ayudar"

–Pero en los últimos años ha habido avances y mejoras en este sector.

–El profesor, en general, hace un esfuerzo enorme por la mejora, pero solos no lo pueden hacer, el sistema tiene que ayudar. El profesorado es el mejor capital que tiene el sistema, pero por otro lado, son los actores y víctimas de este proceso. A ellos, a lo mejor, les gustaría tener iniciativas alrededor del aprendizaje, pero como se les exige que tienen que enseñar determinadas cosas, su campo de maniobra es relativo. Las familias se han colocado en un espacio a veces complicado que hace difícil la tarea educativa. No puedes estar continuamente observado porque ese profesor se puede sentir equivocado y pensar en qué se está equivocando. Las familias no pueden estar continuamente juzgando la decisión del profesor y más en los cursos pequeños porque eso no ayuda.

–Sin embargo, la Administración educativa pide en muchas ocasiones que las familias se impliquen en los centros.

–En algunos casos, han ido por lo anecdótico, por lo casual y han olvidado, y no digo todo –porque hay gente que lo hace bien–, pero luego están los grupos de Whatsapp y es un puro chismorreo para anécdotas que no ayudan. Eso no es situarse. Hay que dejar al profesional que trabaje y luego se le puede preguntar.

–¿Con qué se queda de su labor como inspector y qué fue lo más difícil que hizo?

–Lo que más me costaba era mantener y mejorar el prestigio de la institución y hacer visible sus cosas buenas. También intenté que los 30 inspectores que formaban el servicio, muy diferentes, pero con un alto nivel de formación, trabajáramos con el mismo objetivo. Otra cosa que me costaba era desarrollar el pensamiento crítico y el desarrollo intelectual de cada uno de los inspectores. Otro aspecto fue cómo avanzar para que los centros percibieran que nuestras acciones eran útiles para los profesores. Hice lo que pude y, si la inspección no mantiene su independencia, su pensamiento crítico, si no es percibida como un factor de calidad por el sistema educativo, si no desarrolla un trabajo cooperativo de mejora, tiene el peligro de desaparecer como yo la conocí. 

–¿Hasta dónde va a llegar la Tribu Educa?

–Tenemos varios proyectos, como el Copatio, que consiste en que la gente mayor viva en comunidad, una especie de cooperativa, con servicios comunes, que es una salida a la soledad. Otro proyecto es Libros con Alas, unos quioscos para que se depositen libros y se puedan coger, pero con algunas particularidades, como que fueran parte del mobiliario urbano. Tenemos un convenio ya con la Delegación de Educación para poner un par de quioscos y también con la Universidad. Queríamos poner en marcha también el Museo de la Educación en Andalucía, con material para que los niños interactúen y saquen valores y producto educativo a la relación con ese material. Se aprobó una moción en el Ayuntamiento, teníamos elegido el sitio, pero a la fecha de hoy no somos capaces de sacarlo adelante. Las autoridades locales y autonómicas no se ponen de acuerdo.

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