"Los que hacemos carnaval en Córdoba somos una minoría, aquí la gente se disfraza en Halloween"

Entrevista a Pedro Funes, pregonero del Carnaval de Córdoba 2020

Comparsista desde los años 80, el pregonero de este año reconoce que la fiesta no tiene tanto peso como otras de la ciudad, aunque resalta la calidad que ha ganado el concurso

Pedro Funes, en el Gran Teatro, junto a parte del decorado de la comparsa de Pablo Castilla 'Los soñadores'.
Pedro Funes, en el Gran Teatro, junto a parte del decorado de la comparsa de Pablo Castilla 'Los soñadores'. / Laura Martín
Noelia Santos

16 de febrero 2020 - 06:00

Pedro Funes se inició a principios de los años 80 en el mundo del carnaval, una fiesta que está formada, reconoce, por una minoría. Sin embargo, ese carnaval es su vida, una vida repleta de triunfos sobre las tablas del Gran Teatro y también en el Góngora. Pedro Funes no tiene pelos en la lengua a la hora de hablar de esta fiestal.

–¿Cómo se inicia en el mundo del carnaval?

–Mi padre era gaditano y un amigo suyo le regaló una cinta de una comparsa muy famosa allí, de El Puerto, Raza Mora, que cantaba un pasodoble muy conocido, Un 4 de diciembre. Se la regalaron pensando que a mi padre, por ser gaditano, le gustaba el carnaval y a mi padre no le gustaba el carnaval, le gustaba el flamenco. Esa cinta se quedó en casa y cuando la cogí fue una inoculación en vena directamente. Y en el Campo de la Verdad, donde me he criado, un vecino me dijo que iba a hacer una prueba en una comparsa infantil con un chaval joven, eso fue en el año 82, y ese chaval era Pablo Castilla. Fui con él que iba a probar y yo iba a ver. Y Pablo me preguntó que si iba a probar y que si sabía algo del carnaval. Le dije que sabía Un 4 de diciembre y se lo canté. Entré en la comparsa, se lo dije a mis padres y mi padre me dijo “el carnaval es un pego, niño”. Desde entonces, mi trayectoria está con Pablo Castilla y otros autores, y he hecho yo mis comparsas. Corté para estudiar Medicina con 36 años y las clases, el MIR, las prácticas… me dejaron poco tiempo para el carnaval. Después fui presidente del jurado del concurso. Ahora mismo estoy trabajando de médico y ya me da tiempo para la afición de mi vida, mi vida es mi familia y el carnaval.

–¿Cuánto ha cambiado la cosa en el mundo del carnaval desde aquellos años en el Campo de la Verdad?

–Bastante, la pregunta del millón sería si ha cambiado a mejor o a peor o si simplemente es distinto. Esa pregunta nos la planteamos muchos carnavaleros y yo lo compararía con una comunidad de vecinos. Si en una comunidad hay cuatro vecinos es más probable que haya más hermandad, más amistad, más solidaridad… que cuando esa comunidad es de 50 vecinos. En aquellos tiempos había tres o cuatro vertientes carnavaleras que eran la de los Castilla, los Cobos y Miguel Amate, en comparsas, y en chirigota estaban el padre de Cámaras Alta (chirigotero actual), la de Zoco… En el primer concurso oficial que se hizo, que fue en el 83, había 18 o 19 grupos. Ahora, afortunadamente, hay más de 50. Yo me quedo con el carnaval antiguo pero porque soy de ese carnaval, ahora hay muchos jóvenes que vienen con otras ideas y otra frescura, con buena base y hacen buenas cosas. Pero lo que veo es que esos carnavaleros de ahora quieren subir el Everest en ascensor. Para hacer un buen grupo necesitas rodaje y hay carnavaleros que se están volviendo fundamentalistas en ese sentido y el concurso es su vida y si no ganan “me enfado”. El carnaval es algo más que el concurso. Y en aquellos tiempos estaba el concurso, pero estaba el carnaval en la calle, que era quizá más importante. Ahora no. Ahora se preparan para el concurso y para concursar también fuera. Es otro tipo de carnaval. Sin duda alguna, hay más calidad ahora que antes. Antes había cinco o seis grupos con una calidad buena o aceptable y ahora hay más calidad (y más grupos). Antes éramos menos y nos conocíamos más, era un carnaval más cercano.

Pedro Funes, en la redacción de 'el Día'.
Pedro Funes, en la redacción de 'el Día'. / Laura Martín

–Dice que hay nivel y calidad en el concurso, ¿cómo ha visto el certamen en estos últimos años?

–Veo que hay grupos que mejoran de una manera exponencial, si salen este año, el que viene mejoran de una manera bárbara. Pero, a la vez, hay otros muchos grupos que no mejoran, que continúan cayendo en los mismos errores de afinación o en humor burdo y soez, machista, que no salen del, con perdón, maricón y caca. Ya está bien del chiste fácil. En cuanto a la organización, ahora es bastante mejor que la que había antes, que se hacían las cosas de manera más improvisada. Respecto a los grupos, los hay que verdaderamente se esmeran y cada año van mejorando e intentando superarse y otros que, desafortunadamente, se estancan y cualquier cosa que escriben les vale, no pasan filtros. Y como dice el refrán, menos es más, quizá estaría mejor menos grupos y con más calidad. Lo que sí es cierto es que el concurso, cada año, se afianza más.

–Hay quienes cuentan que hace años se hacía cola para comprar las entradas del carnaval, ahora el teatro se queda vacío cuando no canta “la comparsa de mi amigo” o “la chirigota de mi hijo”.

–En Córdoba el carnaval es una minoría y eso hay que tenerlo en cuenta. Una minoría que no es capaz de llenar un teatro de 800 localidades. Si además la sesión termina más tarde de las 00:00, los que tienen que trabajar al otro día a las siete de la mañana no se complican la vida, ven a su grupo y se van a su casa. Pero yo te puedo decir que si el grupo es bueno, la gente se espera. El teatro también es muy grande para los ocho grupos que cantan por sesión. En la primera sesión de preliminar cerró la chirigota del Chache, que tiene premios y está muy trabajada, y sin embargo estábamos en el teatro 200 personas. Y es cierto que hace años la gente hacía cola, había menos sesiones con 30 grupos que éramos. Yo he hecho esa cola. Era un acontecimiento, una cosa más del carnaval, dos días que te tirabas allí conversando, durmiendo, comiendo, charlando… Los grupos terminaban el ensayo y se iban para la cola a dar el relevo. La cola empezaba en la taquilla y llegaba a San Nicolás. Y hay muchas anécdota. Por ejemplo, el número uno era para el famoso Pepe, que tenía esa butaca, se iba una semana antes porque quería la butaca uno.

"Hace años, la cola para comprar entradas empezaba en la taquilla y llegaba a San Nicolás"

–Imagino que es complicado, casi imposible, que esa cola vuelva a existir.

–Sí, ahora es más fácil sacarte una entrada, lo puedes hacer directamente por internet.

–¿Cómo fue la experiencia de ser jurado?

–Vas a ser malo o bueno, dependiendo de quien te mire. Más allá de eso, cuando me lo propusieron yo ya estaba acostumbrado a ganar primeros premios, y no es por fanfarronear. Por eso no me preocupa tanto ganar o no ganar, mientras hay gente a la que le va la vida. Y acepté ser jurado porque era otra faceta, otra ilusión. Además quería ver cómo era aquello por dentro. Lo hice con mucho orgullo y honestidad y a los dos años fui presidente. El jurado tiene que aprenderse bien las bases, a mí nadie me puede poner una queja porque el grupo tal ha infringido una base, nos tenemos que dar cuenta nosotros antes. Y a unos les decía que tenían que estar pendientes de una cosa y a otros de otra cosa y también dije que quería honradez y filtraciones cero. Les dije: “Llevo en el carnaval 34 o 35 años, voy a ver todos los grupos, como presidente no tengo voto, pero si voy a preguntar que por qué se le pone un 9,5 a un pasodoble si el resto coincide en que es un 6 o un 5 y yo sé que no es para un 9,5. A mí no me vas a engañar”. Advertí que si veía algo raro o que si se filtraba algo, inmediatamente iban a salir del jurado, esas fueron mis premisas. Tienes que controlar el tiempo, ver afinación, cómo se meten en el tipo, las letras, la métrica… Y hay grupos que vienen que les han dicho en el ensayo que lo que traen es una maravilla y cuando se abre el telón ya tienen la guitarra desafinada. Pero bueno, la impresión fue positiva.

Funes, en el Gran Teatro.
Funes, en el Gran Teatro. / Laura Martín

–¿Cree que el apoyo institucional, especialmente el del Ayuntamiento, es el mejor posible?

–Siempre ha variado en función de qué grupo político esté, pero varía poco. He pasado carnavales con IU, el PSOE y el PP y la relación suele ser buena, sobre todo con los grupos de izquierda. Pero somos una minoría y el carnaval no reporta grandes beneficios a la ciudad. Si comparamos el Carnaval con otras fiestas de la ciudad, como la Semana Santa o los Patios, nosotros hemos cobrado la subvención en diciembre. En mi comparsa hay una persona que pertenece a una junta de gobierno de una hermandad (eso de que la Semana Santa y el Carnaval están reñidos… yo he sido nazareno, costalero, he salido en una comparsa y he afinados dos chirigotas en un mismo año) y le preguntamos que cuándo le habían pagado a ellos y resulta que le pagaron en junio. Pero claro, la Semana Santa aporta 30 o 40 millones de euros a la ciudad. Si el Ayuntamiento a la Semana Santa no le paga en su momento no puede preparar el evento del año que viene que va a reportar a la ciudad, por ejemplo, tantos miles de turistas. O a los Patios, que traen a muchos turistas. Y el Carnaval tiene el teatro vacío. Puedes decir que somos un grano en el culo para el Ayuntamiento, tenga la Corporación el apellido que tenga. Nosotros intentamos que no sea así. Crear una comparsa o una chirigota o un cuarteto si lo quieres hacer bien, tiene mucho trabajo. Queremos que el Ayuntamiento nos valore, pero el Ayuntamiento valora una globalidad y lo que es rentable es la Semana Santa y los Patios, pues para ellos gloria bendita.

–Van poco al teatro los políticos, ¿no?

–Los de izquierdas van más.

–¿Cree que irá alguien de Vox?

–Yo creo que sí, aunque lo mismo van para hacerse notar.

–¿Y el carnaval en la calle cómo está?

–Del carnaval en la calle, de lo que me han contado mis hijas, que salen más, sobresale por ejemplo el pasacalles del Casco Histórico. Y en el Centro, la minoría que te dije en un principio que éramos, si no nos dispersamos mejor. Yo he vivido muy buenos años en la calle Montero y San Agustín, pero eso coincide con el ambiente que tú lleves. Sin duda, hubo años muy bonitos al inicio, en los años 80, en San Agustín o San Juan de Letrán. Después la cosa se desvirtuó un poco, el carnaval pasó de ser genuino a ser marketing. Y ahora, con la nueva dirección de ponerlo en el Casco Histórico y en el Centro hay más gente que te ve y estamos más juntos. Pero insisto, en Córdoba somos una minoría y la gente en Córdoba se disfraza en Halloween.

–¿Es consciente Córdoba de lo que ha perdido con la muerte de Miguel Amate?

–Córdoba sabe de sobra quién era Miguel Amate y lo que ha supuesto para carnaval. En carnaval, quien se pueda igualar en cuanto a aportación y a calidad a Miguel Amate, no los cuentas con los dedos de una mano. Y Córdoba sabe quién es Pablo Castilla o quién es David Amaya, aunque viva en otro sitio. Miguel Amate era muy conocido, se crió en un barrio castizo, ha ido con su grupo a Cádiz, fue pionero en eso, y la gente ve el Carnaval de Cádiz. A mí en el hospital en aquellos años me decían “ayer cantó en Cádiz la comparsa de Córdoba, los saca un tal Miguel Amate, ¿no?”. Pero no me preguntan cuándo canto yo y me está oyendo cantar todo el año. Eso puede significar que nosotros no le damos la calidad para que el carnaval de aquí tenga su renombre. En Córdoba hablamos del Carnaval de Cádiz. Pero los que estamos, estamos luchando, hay más grupos, la asociación está luchando. Mi mensaje en el pregón será positivo, de intentar unir y seguir luchando. Y por supuesto, no querer nunca emular al Carnaval de Cádiz en cuanto a calidad o a aportación a la ciudad. Nuestra fiesta es el Mayo Festivo y su fiesta es febrero, no hay parangón. El Carnaval de Córdoba es una copia del Carnaval de Cádiz, las copias son copias.

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