Pedro Rodríguez Cantero. Exsenador y expresidente de la CHG “Los cordobeses carecen de un proyecto común de ciudad o no lo encuentran”

  • Habla con claridad, aunque también hay que leer entre líneas algunas reflexiones, sobre todo las que tienen que ver con el PSOE

  • Defiende que los políticos son un reflejo de la sociedad

Rodríguez Cantero posa para 'el Día'. Rodríguez Cantero posa para 'el Día'.

Rodríguez Cantero posa para 'el Día'. / Jordi Vidal

Ha cumplido los 78, pero se mantiene activo, sobre todo en el plano físico, ya que su pasión por la bicicleta permanece intacta pese "a mis problemas de vista". Hasta el punto de que asegura que la bici "es una más de la familia". Ejerce de tertuliano al menos una vez en semana con "gente de mi generación", donde "arreglamos el mundo, pero a las pocas horas vemos que nos lo han vuelto a deshacer", asegura. No suele faltar a los encuentros con ex senadores andaluces y se siente especialmente orgulloso de "ejercer de abuelo, pero algo cascarrabias, según dicen ellos" [en referencia a su familia]. De lo poco que echa de menos de otros tiempos es la docencia, si bien mata ese gusanillo con sus nietos. Ha sido una voz autorizada en el PSOE cordobés durante años y si bien asegura antes de la entrevista que "voy a hablar poco de política", no rehuye hablar de su partido y de la actualidad.

–¿A qué se dedica ahora?

–Siempre que he cerrado una etapa he abierto otra sin mirar atrás. Y cuando me jubilé en septiembre de 2010 al cumplir los 70, a pesar de que en el Ministerio decían que había opciones para seguir, dije que había cumplido con lo marcado y que ya no iba a seguir quitando tiempo a mi familia. Lo único que no he olvidado es mi etapa como docente, siempre la he tenido presente y ahora me desquito como puedo con mi nieto. Bueno, de la bicicleta tampoco, que forma parte de mi agenda. Además formo parte de alguna tertulia en la que arreglamos el mundo los lunes, pero el martes está otra vez igual.

–¿Y cómo está Córdoba?

–Es una ciudad magnífica para vivir los jubilados. [Ríe]

–Punto y final.

–No hombre. Se lo digo porque vivimos muy bien. Mire, yo me encontré hace poco con un representante del movimiento ciudadano de mi época y le escuché las mismas cosas de siempre. Y le pregunte: ¿oye, por aquí el tiempo no pasa? Porque yo me veo más viejo y con más achaques y al escucharte parece que hemos vuelto 20 años atrás. Porque volvíamos a hablar del centro logístico, del aeropuerto, casi de las mismas cosas. Y eso quiere decir que la ciudad no ha andado en el sentido en el que nosotros creíamos o que lo ha hecho por otros senderos. O ha sido eso o es que realmente no se ha movido. Yo creo que los cordobeses carecen de un proyecto común de ciudad o no lo encuentran. Cada grupo, cada colectivo, tiene el suyo, pero no hay uno común que los lleve a caminar juntos.

"Yo me encontré hace poco con un representante del movimiento ciudadano de mi época y le escuché las mismas cosas de siempre"

–¿No lo encuentran?

–Pues no. Falta que digamos por qué queremos apostar. Vas a Cádiz y ves que han apostado por el Carnaval, pero lo hace todo Cádiz. En Sevilla puedes decir lo mismo de la Semana Santa, pero lo hace toda Sevilla. Y aquí no, no lo hacemos.

–¿Y por qué ocurre eso?

–Porque yo creo que Córdoba se estructura y vertebra en barrios. Cada barrio tiene su modelo, el que le gustaría y, al final, Córdoba, que yo creo que no ejerce como centralidad en la provincia, tampoco ejerce esa centralidad sobre los barrios. Cuando llega la hora de un proyecto común se dan la espalda unas zonas a otras, no son capaces de entenderse e incluso a veces se convierten en enemigos.

–Por lo que me dice, eso es algo que supera incluso a la política y a la gestión.

–Es un problema de ciudad, sociológico. Yo estuve ocho años en el Ayuntamiento, siempre en la oposición, y en una de esas corporaciones se redactó el Plan Estratégico, algo que parecía que nos iba a despertar. Al principio la gente asistía a las reuniones, pero poco a poco se fue desentendiendo. El último caso fue el de la Capitalidad Cultural. Fue la última ocasión en la que Córdoba acogió algo como propio y que unió a todos.

–Pero aquello fracasó.

–Bueno, fue un fracaso porque no nos la dieron, pero el trabajo estaba ahí. ¿Por qué no se siguió con aquella idea independientemente de lograrlo? Yo creo que aquella fue una ocasión en la que se sumaron muchas voluntades y esfuerzos. La gente se ilusionó. Después no hay constancia, se abandona, como ocurrió con el Plan Estratégico. De todas aquellas líneas estratégicas nunca más se supo. La gente se encoge de hombros y ya está.

–¿Y eso ha provocado que la clase política se acomode y tampoco sea reivindicativa?

–Los políticos no vienen del Cielo, sino de la sociedad cordobesa. Tiene todas sus virtudes y sus defectos. No son paracaidistas que vienen de otro lado, los políticos salen de aquí, de la sociedad, de su barrio, de su instituto, de su puesto de trabajo.

–Lo de que salen de un puesto de trabajo sería antes, ahora no.

–También es verdad.

–Y estudios sobre la realidad de Córdoba hay muchos.

–Por eso digo que sí hay cuestiones a las que agarrarse. El último estudio es el denominado Edusi, que tiene muchas líneas estratégicas y a ver si ese consigue algo. Porque si no hay una cosa clara: la desindustralización de Córdoba es un hecho. Hemos ido perdiendo el tejido industrial poco a poco, el sector joyero permanece y va corrigiendo muchas cosas y se dice que se hace una apuesta por la agroindustria, pero yo no acabo de verla, porque el sector agroalimentario cordobés, con excepciones como Covap, es el aceite y curiosamente lo seguimos exportando a granel. Es un sector muy disperso, con pueblos con dos tres cooperativas que se gestionan con criterios escasamente empresariales.

–Ya, pero incluso con las ayudas que se han dado para concentrar cooperativas, no ha tenido éxito esa idea.

–Porque hay un sentido patrimonial de la cooperativa, de núcleos familiares muy influyentes que siguen teniendo el dominio. Se gestiona como patrimonio personal y no como una empresa. El 70% del aceite se vende a granel y es lo que tenemos.

–Hablaba antes de que Córdoba no sabe ejercer su centralidad en la provincia.

–Córdoba es una ciudad de servicios y de funcionarios. Hoy el comercio no atrae a la gente y el sistema online funciona cada vez más, por lo que los ciudadanos necesitan cada vez menos venir a la capital. Si a eso le unimos las descentralización administrativa, sanitaria y educativa, pues resulta que no hay obligación de venir. Y a todo eso hay que añadir el envejecimiento de la población, por lo que el consumo se va reduciendo. No obstante, el mundo rural empieza a tener un problema grave, como es el del cierre de las oficinas bancarias. Creo que ya hay algunos pueblos que no tienen ninguna y eso es un problema muy serio para pensiones, recibos y demás que deben tener en cuenta los ayuntamientos.

–¿Un político se jubila?

–En la medida en la que la política sea una vocación y no una profesión, puesto no te jubilas, porque los sentimientos y las vocaciones no tienen edad. Yo conservo la sana costumbre de reunirme con exsenadores andaluces de vez en cuando y hablamos de política, lógicamente. Lo que pasa es que somos conscientes de que nuestras aportaciones son intrascendentes. Recordamos otros tiempos y comparamos, que es lo propio de gente mayor como nosotros.

Conservo la sana costumbre de reunirme con exsenadores andaluces de vez en cuando y hablamos de política, lógicamente

–Usted habla de vocación, pero políticos vocacionales quedan pocos. Se ha hecho de esa actividad una profesión. No digo que sea malo, pero es la realidad.

–Mi generación no llegó joven a la política porque no había otras opciones, más allá de correr delante de la policía; no teníamos otra oportunidad. Los jóvenes están en mejores condiciones, porque tienen la opción de protestar y, además, la de votar. Nosotros llegamos ya hechos a la política, con un bagaje profesional. Era una vocación y cada vez que he salido de un cargo he vuelto a mi trabajo.

–¿Eso de tener un trabajo al que volver da libertad a la hora de tomar decisiones en lo público?

–Yo creo que eso va más ligado a la personalidad de cada uno. Si uno es rebelde, lo es aunque te estén machacando, pero sí es verdad que la dependencia de un puesto político como forma de vida desdeña algunos caracteres. Pero no creo que eso influya mucho.

–¿Y cómo ve usted a su partido, el PSOE?

–[Ríe] Yo estoy alejado porque creo que no es mi momento. En política los ciclos se acaban y no tendría sentido participar en exceso en algunos debates.

–Pero usted ha sido parte activa, por ejemplo, en las primarias a la secretaría general socialista.

–Yo voté a Pedro Sánchez y me molestó muchísimo que se dijera que había duplicado mi voto. Falso. Hasta hice algo que no había hecho nunca, como es tener que recurrir. A mi me parecía que a mi edad y con mi trayectoria yo no merecía que trataran de hacerme pasar por un chorizo que había intentado meter dos votos por sacar una candidatura. Recurrí, pero no se me contestó.

–Y una vez que el sanchismo ha llegado al Gobierno, ¿qué le está pareciendo?

–Yo ni creía en el guerrismo, ni en el borbollismo, ni en los renovadores o en las etiquetas que algunos se ponen o les ponen. Yo creo que Pedro Sánchez tuvo una visión que yo comparto, que además la dijo Ábalos recientemente y parece que ha suscitado polémicas, tal vez porque no supo explicarlo. Sánchez fue consciente de que la socialdemocracia tenía que resetearse y el partido también, en su organización, en sus relaciones con la sociedad y en su estructura. Me pareció sincero y, efectivamente, la socialdemocracia en toda Europa viene de capa caída desde 2006 y los vemos en Francia, Alemania, Italia o Grecia y hay que preguntarse el por qué. Por eso digo que hay que resetearse, porque la sociedad ya no es la misma. La socialdemocracia ofreció en su día la democracia, la libertad, la lucha por la igualdad, el estado del bienestar o el control del capitalismo. Pues todo eso lo asumió la sociedad, pero la de hoy no tiene nada que ver con aquella en las relaciones sociales, laborales, etcétera. Nada es igual y la socialdemocracia, sin embargo, se ha seguido manteniendo igual y eso la sociedad no lo entiende. La oferta que se le hace no es la que se demanda. Ábalos utilizó el término regeneración, pero creo que no es una palabra afortunada, el término es reseteo, que es mucho más moderno.

–Pero se ve que ni en su propio partido se pusieron de acuerdo en ese modelo, porque hay un PSOE federal y otro en Andalucía.

–Hay otra segunda parte. Lo que me hizo apostar por Pedro Sánchez es comprobar que él había visto esa necesidad, pero ese modelo no está cerrado todavía. Sánchez entendió que el partido también había que resetearlo en su estructura orgánica y en sus relaciones internas y ahí es donde está la discrepancia, en lo interno.

–¿Por qué?

–Porque el PSOE se ha asentado en unos poderes territoriales que son muy celosos de su poder y cuando tú tocas eso, esas relaciones de poder, se produce la discrepancia. En que hay que renovar la oferta y adaptarla a las nuevas necesidades no hay conflicto. ¿Usted cree que tiene sentido hoy la Casa del Pueblo? Hoy la gente se relaciona de otra manera y no necesariamente acudiendo al casino, que también ha desaparecido.

–Pero lo de resetear, eso en lo que usted tanto insiste, no se hace cuando se quiere, sino cuando se puede. Por eso, tras lo ocurrido en las elecciones autonómicas en Andalucía tal vez sea ahora el momento.

–Decía san Agustín que en tiempos de turbación, no andar de mudanza. No sé si este es el momento más oportuno. Pero hay que encontrar el momento, lo que no vale es que nunca sea el momento. Lo que no vale es decir que hay elecciones, porque aquí hay cada dos por tres. Si la socialdemocracia no se resetea y el PSOE tampoco lo hace, la estadística y el historial dice que vamos para abajo, a una pérdida de voto y de electorado y eso nos llevará a la marginalidad. Esa caída hay que pararla y sólo se hará si hay una nueva oferta. Fíjese bien que las formaciones emergentes como Ciudadanos, Podemos o la misma Vox tienen unas estructuras distintas. No digo que sea mejor o peor y que sean capaces de permanecer sin contaminarse tras acomodarse en los sitios de poder, porque parece que siempre acaban domesticando a los partidos.

–Si aquí en Andalucía se confirma un gobierno de los partidos de derechas, como parece. ¿Qué debería de hacer Susana Díaz?

–Esa es la pregunta del millón. Si hay un gobierno de derechas se caen varios mantras que han venido usando, como que gobierne el partido más votado y en consecuencia no sé si el presidente de esa coalición será tan ilegítimo como dicen que es Pedro Sánchez. Segundo mantra: ¿eso del bloque constitucionalista dónde quedaría? ¿Abascal es constitucionalista? ¿Vox es constitucionalista? Nada de nada. A partir de ahí, habrá que ver dónde queda Ciudadanos, que tendrá que dar muchas explicaciones.

–Pero la pregunta era que dónde quedaría el PSOE.

–Y se lo voy a decir. Estoy de acuerdo con Susana Díaz en que se presente a la investidura porque el PSOE es el partido más votado y el PP ha perdido también. Debe aspirar a conformar una mayoría y si no la conforma, está el ejemplo de Fernández Vara en Extremadura, que perdió, se quedó en la oposición y luego volvió a ganar la presidencia. ¿Por qué no se va a repetir eso en Andalucía? No obstante, es una reflexión que ella, y únicamente ella, tiene que hacer. Porque tiene que analizar sus errores de campaña, los resultados y ver su fortaleza personal, porque todas estas cosas afectan. Y después tendrá que corregir los errores. Es en esa corrección donde tiene el peligro de que, aun siendo consciente de hasta dónde tiene que corregir, su entorno no se lo permita.

–¿Por qué?

–Porque hay distintas visiones dentro del partido. Imagine que ella entiende que su estrategia ha estado mal en algunas cosas y que ha acertado en otras y que la solución pasa por cambiar su grupo de trabajo más cercano. Eso es más fácil hacerlo en una posición de poder que en una de derrota, hasta el extremo de que en una posición de debilidad puede que no te lo permitan hacer. Si Susana Díaz es presidenta de la Junta y secretaria general del PSOE y manifiesta que la estrategia debe ir hacia un determinado sitio, eso tiene una fuerza. Pero eso mismo dicho en situación de debilidad, no es lo mismo. El peligro es que cuando Díaz diga de tomar decisiones no pueda hacerlo y eso será negativo, sobre todo en las siguientes elecciones.

–Le leo una frase: "los jóvenes de hoy trabajan para ser pobres".

–No sé si la dije yo [Ríe].

–La escribió un tal @confederado.

–Sí, sí. La escribí yo. Lo sigo pensando. Los jóvenes de hoy son los grandes sacrificados y los perdedores de la crisis. No lo somos los pensionista, aunque hay algunos que lo están pasando mal. Los jóvenes trabajan con contratos de dos horas, cotizan por la mitad, sin dar de alta. Trabajan para ser pobres, por desgracia. Y lo malo es que la sociedad se está acomodando a eso y lo toma como algo inevitable y lo asume. Falta un poco de rebeldía, pero por parte de todos, no sólo de ellos. Porque lo que está ocurriendo es un abuso.

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