Córdoba vuelve a llorar a Álex Ortega un año después de su asesinato
Familiares y amigos se dan cita en el recinto ferial de El Arenal, escenario de una ausencia que sigue doliendo, para homenajear su memoria
Las imágenes del sentido homenaje a Álex Ortega, el joven asesinado hace un año en El Arenal
El recinto ferial de El Arenal, acostumbrado al ruido, la música y la celebración, se detuvo este domingo para guardar silencio. Un silencio denso, cargado de recuerdos, ausencias y preguntas sin respuesta. Un año después del asesinato de Álex Ortega, el mismo lugar donde perdió la vida se convirtió en punto de encuentro para familiares, amigos y vecinos, que siguen sin asumir que un chico de solo 16 años no volviera nunca a casa desde que salió de ella aquel 1 de febrero de 2025.
Álex murió de madrugada, tras intentar recuperar una botella que le habían robado. Un gesto inocente, casi automático, que terminó de la forma más cruel. Desde entonces, el tiempo avanza, pero el dolor permanece intacto. Porque Álex no es solo una víctima de la violencia: es un hijo, un hermano y un nieto que falta, un amigo que no envejece, una sonrisa detenida en el recuerdo.
La concentración comenzó a las 18:00 bajo una fina lluvia, de esas que parecen acompañar el dolor en momentos como los que se estaban viviendo en El Arenal. “Cuando llueve, lloran los ángeles”, una expresión que en países como México simboliza el luto y la tragedia ante pérdidas prematuras e injustas, como la de Álex. Nadie alzó la voz. Las palabras sobraban cuando el silencio lo ocupaba todo.
Velas encendidas, multitud de ramos de flores y fotografías de Álex marcaron el punto exacto del homenaje. En los bancos del recinto, junto a los ramos y las imágenes, podían leerse pintadas con un mensaje repetido como un susurro colectivo: “Justicia para Álex”. Una frase sencilla, pero cargada de significado, que resumía el sentir de todos los presentes. Y en el lugar, una pancarta con el rostro de Álex en la que reza: "Una vida que no debió apagarse. Tu ausencia duele. Tu memoria permanece".
Su madre, sus abuelos y sus hermanos, visiblemente emocionados, permanecieron unidos y arropados en todo momento por amigos y vecinos. El dolor dejó a su padre en casa. Hay ausencias que pesan tanto que apenas permiten salir, y la suya se sentía en cada mirada y en cada abrazo prolongado.
Algunos de los amigos llegaron con camisetas en las que Álex aparece jugando al fútbol con la elástica del equipo en el que militaba cuando fue asesinado, el Club Deportivo Azahara del Guadalquivir. También desplegaron una pancarta con un mensaje de denuncia social: “La ley del menor no funciona: hace más delincuentes a los menores”, acompañada de una larga lista de nombres. Una petición de justicia que iba más allá de Álex, recordando a otras víctimas y señalando unas heridas aún abiertas.
Uno de los momentos emotivos del homenaje llegó con la suelta de globos blancos. Decenas de globos se elevaron lentamente entre paraguas hacia el cielo gris de Córdoba. Cada globo, un recuerdo; cada mirada al cielo, una promesa de no olvidar. Durante esos segundos, El Arenal quedó suspendido en una emoción compartida imposible de describir.
Durante el acto también se recordó la sentencia judicial: ocho años de internamiento, cinco de libertad vigilada y una indemnización económica para la familia. Pero entre velas, flores y lágrimas, la justicia parecía insuficiente. Porque ninguna condena devuelve una vida ni llena el vacío de una habitación que quedó en silencio.
Con la caída de la noche, las velas siguieron encendidas y nadie parecía querer marcharse. El Arenal dejó de ser un recinto ferial para convertirse en un lugar sagrado, marcado para siempre por la ausencia de un adolescente que salió una noche con sus amigos y no regresó.
Los globos ya no estaban, pero el mensaje permanecía. Álex no se va. Vive en la memoria de quienes lo amaron y en la firme determinación de que su nombre no se diluya con el tiempo. Porque no fue solo una víctima. Fue una vida que merecía seguir siendo vivida.
La noche que todo cambió
Todo ocurrió en la noche del sábado 1 de febrero de 2025. Álex compartía una velada tranquila con sus amigos en El Arenal, la mayoría también menores de edad. Se encontraban en una zona iluminada y concurrida, cercana a la avenida Campo de la Verdad
Pasadas las 22:00, dos jóvenes —el que más tarde sería identificado como presunto autor de los hechos y otro acompañante— se acercaron al grupo para pedirles algo de beber. Álex y sus amigos accedieron, intentando evitar cualquier conflicto.
Poco después, alrededor de las 22:20, regresaron. Esta vez para pedir más alcohol. Álex se negó. No quería problemas. A pocos metros del grupo, el acompañante le arrebató la botella y emprendió la huida. Álex fue tras ella, sin pensar en el peligro. En ese breve y confuso instante, frente al presunto agresor, se produjo el ataque. Un “dos contra uno”, como señalaron entonces fuentes policiales.
Álex recibió una puñalada por la espalda. Un golpe certero y brutal. El autor de los hechos y su acompañante huyeron hacia la zona más oscura de El Arenal, dejando atrás el caos, los gritos y a un adolescente gravemente herido.
Cuando las patrullas de la Policía Nacional llegaron al lugar, ya estaban allí la ambulancia y el padre de Álex, avisado en mitad de la noche para enfrentarse a lo impensable. La agresión acabó con la vida del menor horas después, ya en el Hospital Reina Sofía, en la madrugada del domingo 2 de febrero.
Álex, Alejandro para su familia, era un joven del Barrio del Guadalquivir, donde había vivido toda su vida junto a sus padres y a sus dos hermanos (un hermano y una hermana), siendo el mayor de los tres. Un chico familiar, deportista, amante del fútbol, descrito por quienes lo conocían como un gran amigo y una gran persona. Un adolescente con proyectos, rutinas y sueños que quedaron abruptamente e injustamente interrumpidos.
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