Manantiales urbanos

Los lazos entre Córdoba y sus fuentes: Una relación histórica y fructífera

Varias mujeres esperan en una fuente para beber agua. Varias mujeres esperan en una fuente para beber agua.

Varias mujeres esperan en una fuente para beber agua.

Juan Ayala

Escrito por

· Noelia Santos

Redactora

Podría decirse, con pocos atisbos de duda, que Córdoba es la ciudad de España con más fuentes. Así lo asegura el gerente de la empresa municipal de aguas, Emacsa, Rafael Serrano, que explica que no hay datos de todas las ciudades del país, pero que apunta la cantidad de fuentes por habitante que hay en Córdoba. En la ciudad hay 663 fuentes públicas, 203 por cada 100.000 habitantes, y de ellas, 501 son aptas para el consumo, una por cada 650 cordobeses.

Córdoba y su población tienen un nexo de unión a través de estos surtidores de agua que evidencian una relación histórica. Ese sonido tan característico que puede escucharse en numerosos puntos de la ciudad, el del agua emanando en estas infraestructuras, se remonta a la época del Imperio romano. Tras su refundación como Colonia Patricia Corduba, la Córdoba romana dio comienzo a un proceso de expansión urbana: había que mejorar la imagen de la ciudad y hacerla acorde a su categoría de capital de provincia. Formando parte de esa imagen estarían las termas, las fuentes monumentales que adornarían las calles y los modestos laci (fuentes de vecindad) de los que se abastecerían los patricienses. El vínculo se mantuvo en Al-Ándalus y buena cuenta de ello dan los fastuosos surtidores de Medina Azahara, aunque aquí nunca se asumió el diseño y puesta en marcha de un sistema de abastecimiento público tal y como lo había hecho Roma en el pasado.

Fuente en la plaza de la Corredera. Fuente en la plaza de la Corredera.

Fuente en la plaza de la Corredera. / Juan Ayala

A día de hoy es complicado recorrer la ciudad y no encontrar uno de estos manantiales urbanos cada pocos pasos. No hay barrio de Córdoba que no tenga una fuente para beber agua. Emacsa cuenta con un mapa interactivo en el que cada una de ellas está señalada, ya sean aptas para el consumo o no y, en el caso de que lo sean, se dividen entre ornamentales y bebederos.

Esas fuentes bebedero componen la mayor parte de surtidores para el consumo. Reconocibles fácilmente, de las 470 que hay, un total de 445 están concebidas para el consumo en boca (las que se activan con el pie) y un total de 25 son para rellenar botellas. Son las más numerosas y, por lo tanto, las que pueden encontrarse en cualquier barrio de la ciudad.

Además, hay 193 fuentes ornamentales de las que también se puede beber, aunque estas suelen estar concentradas sobre todo en el Casco Histórico y el Centro. En esta categoría entrarían los surtidores de la Fuenseca, la Corredera, los Jardines de Orive o las fuente de Canaletas de la avenida de Barcelona, réplica del surtidor de mismo nombre que hay en las Ramblas de la Ciudad Condal y que el Ayuntamiento barcelonés donó a Córdoba en 1982.

Fuente de Canaletas, en la avenida de Barcelona. Fuente de Canaletas, en la avenida de Barcelona.

Fuente de Canaletas, en la avenida de Barcelona. / Juan Ayala

La instalación de nuevas fuentes, además, sigue en activo. El gerente de Emacsa detalla que no es una actividad que se lleve a cabo muy a menudo, sobre todo teniendo en cuenta que ya hay un número muy elevado de surtidores. Aún así, el Ayuntamiento sigue recibiendo peticiones para la instalación de fuentes en determinados puntos, especialmente en los barrios en expansión, pero también en parques que aún no cuentan con ellos o en espacios deportivos.

Colocar una fuente bebedero cuesta entre 1.500 euros y 2.500 euros, una cifra asequible para el Consistorio. El precio varía según la ubicación y la necesidad de desagüe que tenga el sistema. Si ya existe sistema de desagüe la instalación es menos costosa. Las ornamentales, eso sí, no corren a cuenta de Emacsa, sino que dependen de la Delegación de Infraestructuras y de la Gerencia Municipal de Urbanismo (GMU).

Mantenimiento y limpieza

Lo que sí compete directamente a Emacsa es el mantenimiento de estos grifos. Aunque Sadeco también se encarga de la limpieza de los mismos (especialmente en esta época de coronavirus), Emacsa realiza una limpieza programada y otra puntual que depende de los avisos o de las urgencias que puedan surgir. Dentro de sus labores, la empresa municipal de aguas se encarga de las instalaciones eléctricas con las que cuentan algunas de las fuentes y de los sistemas de bombeo y recirculación.

Entre esas labores de limpieza se encuentran la retirada de elementos flotantes que pueda haber en las fuentes y el mantenimiento aborda la revisión de fugas o del caudal del agua. Además también se llevan a cabo limpiezas generales que consisten en vaciar la fuente, cerrar la aportación de agua, abrir el desagüe y extraer todos los residuos que puedan existir. Tras esto se limpia la superficie usando hipoclorito sódico diluido en agua o detergente. Una vez limpia, la fuente se vuelve a llenar con agua de la red de distribución y se pone en funcionamiento de nuevo.

Fuente emanando agua. Fuente emanando agua.

Fuente emanando agua. / Juan Ayala

En las fuentes ornamentales, por otra parte, se lleva a cabo un control de calidad semanal que analiza los niveles de cloro y de contaminación de los surtidores.

Según los datos aportados por Emacsa, estas fuentes ornamentales están clasificadas según sus necesidades de mantenimiento, de forma que se programa su limpieza una, dos y hasta tres veces por semana, llegándose a realizar cerca de 2.000 limpiezas al mes. En estos surtidores también se actúa de forma puntual para eventos o festejos.

En el caso de los bebederos, la revisión consiste en comprobar el pulsador y el desagüe y también se retiran aquellos elementos que pueda haber en la copa. La limpieza de las fuentes bebedero, incide Emacsa, se programa con carácter bimestral y se ejecutan unas 200 actuaciones al mes.

Coronavirus y fuentes

Aunque pueda pensarse que el coronavirus ha provocado una bajada en el uso de las fuentes, lo cierto es que la reducción apenas se ha percibido. Como comenta el gerente de Emacsa, el consumo durante 2020 fue muy parecido al de años anteriores, algo que se observa en el apartado de consumo municipal, que es el que tiene que ver con estos surtidores. La pequeña bajada que se ha podido notar, explica Serrano, tiene más que ver con el menor tránsito de personas que con un uso menor, lo que quiere decir que los cordobeses no temen a hacer uso de las fuentes en tiempos de pandemia.

Un hombre bebe agua de una fuente. Un hombre bebe agua de una fuente.

Un hombre bebe agua de una fuente. / Juan Ayala

"Beber agua en las fuentes de Córdoba es seguro", aseveran desde Emacsa, ya que la mayoría de ellas se accionan con el pie y en ningún momento es necesario tocar la superficie para beber. Esto, recuerda Serrano, unido al hecho de que el covid-19 no puede transmitirse a través del agua (no sobrevive en ella y mucho menos si hay cloro) hace que beber en las fuentes sea 100% seguro. Es más, existen ciudades donde las fuentes han llegado a dejarse inutilizadas porque se activan con la mano y no cuentan con el sistema de activación por el pie.

Y si son seguras por sí mismas también lo son por el hecho de que se desinfectan por parte de Sadeco, como también se desinfecta otro mobiliario de la ciudad, como los bancos. Además, en las que precisan de ser pulsadas con la manos para poder beber (la de la plaza de la Almagra o la de la avenida Barcelona, por ejemplo) esa desinfección por parte de Sadeco es aún más potente.

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