La consejera eclipsa a su jefe
Aguilar es recibida en la investidura de Griñán con honores de estrella y recibe el halago contenjdo de todo el PSOE, que sólo en privado celebra la jugada política
Ayer se supo por qué José Antonio Griñán ha fichado a Rosa Aguilar. La ex alcaldesa fue recibida en el acto de investidura del presidente de la Junta de Andalucía con honores de estrella. Si se mide el impacto de una figura política por el lío mediático que genera a su alrededor, Aguilar tuvo ayer su minuto de gloria, persecución incluida por el patio del Hospital de las Cinco Llagas. La llegada de la ex militante de IU redujo considerablemente el impacto de hechos políticos de relevancia como la llegada de Mar Moreno a Educación o de Luis Pizarro a Gobernación. En realidad, parte de la culpa la tiene la novedad. Rosa Aguilar, que atesora una larga carrera en la política local y la estatal, no se ha prodigado en la política autonómica desde que dejó de ser parlamentaria.
Griñán lo dijo. Ficha a Aguilar porque "ha estado al 99% de acuerdo con su gestión". En realidad, visto lo visto, la alcaldesa otorga al Gobierno andaluz un perfil popular que la mayor parte de sus representantes no tienen. "Es sólida y tiene una gran aceptación popular", dijo el nuevo presidente de la Junta. "Ha sido lo más impactante", dijo, escueto, Chaves, que abrazó cariñoso a Aguilar, acompañada por la edil Rosa Candelario, una vez que Griñán prometió el cargo.
El PSOE, desde arriba hasta abajo, ha aparcado la euforia que realmente siente para evitarse más líos con IU. La secretaria de Organización, Leire Pajín, intentaba teñir de normalidad la decisión de captar a Rosa Aguilar. "José Antonio Griñán ha demostrado que aquí no se le pide a nadie el carné", afirmaba. La consigna es contención. Entender la larga cambiada como un elemento producto de la "vocación de servicio público" de la ex alcaldesa.
Entre lenguas, pasilleando, se es menos correcto. Hay dos discursos. Uno, fuera de Córdoba. Allá donde el fichaje de Aguilar se considera como la puntilla, "un anzuelo" para los votantes de izquierdas que el PSOE necesita sumar a la masa centrista que, según sopla el viento, comparte con el Partido Popular. Otro, para Córdoba. Donde la evidencia es que se allana el camino al PP a corto plazo pero a medio plazo permite desarrollar una estrategia para que los dos grandes partidos nacionales sean quienes realmente corten el bacalao. Los socialistas cordobeses saben que ahora les toca a a ellos mover ficha de cara a las próximas municipales. Aguilar tuvo un lugar curioso en la toma de posesión. Fue colocada junto a la familia del nuevo presidente de la Junta, justo detrás de su madre. Allí recibió todo tipo de gestos de cariño, particularmente de sus compañeras del Gobierno andaluz y de la única ministra que estuvo presente en el acto, Bibiana Aído.
No hay que olvidar que Aguilar va a manejar la poderosa máquina inversora de la Junta de Andalucía. De ahí le llegaron los afectos del empresariado. El presidente del Grupo Sánchez Ramade, Javier Sánchez Ramade, y el máximo responsable de Unicaja, Braulio Medel, entre otros.
Muchos cordobeses se vieron entre el público, acalorado, del hospital de las Cinco Llagas. Todos del PSOE: Juan Pablo Durán, Francisco Pulido, Isabel Ambrosio o Rafael Velasco. Del PP, no se vio a nadie siguiendo las directrices de Javier Arenas. IU tuvo una presencia también menguada. Su único representante de cierto fuste fue Juan Manuel Sánchez Gordillo, que hace muy pocos días auguraba la salida de Aguilar hacia los predios del puño y la rosa. Fue escueto. "Es mejor estar en el PSOE pensando como el PSOE, que estar en IU pensando como el PSOE".
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