Foro Romano, 12

De las caquitas a los patinetes eléctricos

  • El Ecobarómetro realizado por la Consejería de Agricultura revela que el problema medioambiental que más preocupa a los cordobeses es el de la suciedad en las calles

Detalle de una campaña contra la falta de recogida de excrementos animales de las calles. Detalle de una campaña contra la falta de recogida de excrementos animales de las calles.

Detalle de una campaña contra la falta de recogida de excrementos animales de las calles. / El Día

Puede que los propietarios de mascotas –perros sobre todo– se hayan acabado concienciando de que las calles son de todos y por eso ya sean los menos los que dejan la caquita en la acerita negándose a llevar bolsita para después tirar ese regalito fétido a la papelerita. Supongo que los que aún miran para otro lado cuando defeca su querido animal lo harán porque aún están convencidos de que quienes acaben aplastando esa caca deslizante con el zapato o la zapatilla van a tener un gran día de suerte. Cómo diría el gran Joan Manuel Serrat, si te tropiezas alguna vez –que te tropezarás– con esas heces traicioneras piensa que ese puede ser un gran día, mejor plantéatelo así. Porque caquitas de mascotas ensuciando las calles, aunque menos, haberlas haylas.

Y si no que se lo pregunten a quienes consideran que el principal problema medioambiental que tienen los municipios es la suciedad de las calles. Esa preocupación medioambiental gana por goleada al resto en el caso de los cordobeses, con un 37,4% de las respuestas de los encuestados, tal y como revela el Ecobarómetro realizado por la Consejería de Agricultura de la Junta, un informe que recoge en uno de sus apartados cuáles son las inquietudes en este sentido. Ello supone un aumento respecto al anterior informe, del año 2013, cuando la limpieza viaria inquietaba al 25% de la ciudadanía.

El segundo problema ambiental que afecta a los cordobeses es la falta de zonas verdes, para casi el 30% de los consultados, con lo que la demanda de parques y jardines en los municipios se duplica respecto al estudio de hace siete años, que era del 15%. Algo parecido ocurre con lo que el Ecobarómetro de la Junta denomina como deterioro del paisaje urbano, que se lleva el 27,5% de las respuestas, cuando en la anterior consulta no llegaba al 14%. Llamativa es también la opinión de los residentes respecto a la calidad del agua, que preocupa al 26,8% de los consultados, frente a la 14% que se registraba hace unos años.

En cuanto a las basuras y los residuos sólidos urbanos, se convierte en la cuarta inquietud de los cordobeses con un 24,6%, muy por encima del 19,6% del ejercicio 2013. En lo que sí ha mejorado Córdoba –según la percepción de sus vecinos– es en el problema del ruido. El análisis muestra que preocupa en un 16,6% de los casos, cuando en la anterior encuesta se sobrepasaba el 20%, lo que revela que las medidas al respecto que se han ido adoptando en los municipios han tenido un efecto positivo.

En un porcentaje muy pequeño –del 4%– aparece también la contaminación lumínica como problema. El Ecobarómetro también recoge las prácticas más comunes que se llevan a cabo en los hogares de la provincia. El más destacado es el reciclaje, que asegura que realizan el 85,5% de los encuestados, casi 15 puntos más que hace siete años.

Sobre este último asunto me gustaría saber la opinión de los responsables de Sadeco en el caso de Córdoba capital, porque dudo mucho de que el porcentaje de los recicladores llegue a ser de ese calibre. No hay nada más que darse una vuelta por las distintas calles y echar un vistazo a cualquier contenedor –desde fuera, eso sí, sin abrir la tapa, que como mínimo, huele– para observar cómo no todos estos recipientes están impolutos de basura ajena. Me refiero a que no todos los de materia orgánica contienen tan sólo materia orgánica –las bolsas las tiran con sorpresitas hasta de vidrio– y lo mismo ocurre con el resto.

Parece mentira que en pleno siglo XXI todavía tengamos que convencernos de que es necesario reciclar. Un siglo, el XXI, en el que ya empieza a preocupar también esa otra contaminación que producen en las calles bicicletas y patinetes montados por fitipaldis de turno por las aceras caiga quien caiga o por la calzada en dirección contraria, una peligrosa contaminación abrazada a la ley del más salvaje oeste que, de momento, no tiene sheriff que le ponga remedio, ni se le espera.

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