Educación

La brecha digital en la educación compensatoria en el curso del coronavirus

Alumnos de un instituto durante una clase digital. Alumnos de un instituto durante una clase digital.

Alumnos de un instituto durante una clase digital. / El Día

Tutorías vía WhatsApp, llamadas a horas intempestivas o en días festivos, entrega de tablets puerta a puerta… Así ha sido, en parte, cómo han vivido los centros de educación compensatoria de la provincia de Córdoba durante el confinamiento por el coronavirus en el curso que ahora acaba y en el que han intentado por todos los medios acabar con la brecha digital.

Ubicados en barrios con un elevado nivel de población en riesgo de exclusión social, estos centros –tanto colegios como institutos- han intentado de la mejor manera posible sortear esta pandemia con todos los recursos disponibles y buscando donde a veces no había. Sin embargo, el resultado ha sido bueno, a tenor de los cuatro centros de los 62 centros de estas características que hay en la provincia y que ha consultado el Día.

Uno de ellos ha sido el instituto Averroes, con cerca de un millar de alumnos. Ubicado en la calle Motril de la capital cordobesa, según cuenta uno de sus profesores, Álvaro Luque, “hay muchos retos con los que luchar”. El docente explica que “la brecha digital ha tenido dos vertientes, una la falta de dispositivos en casa y, otra la falta de competencia digital por falta de muchas familias”.

“Por más equipos que dejáramos hay familias para las que entrar en el correo electrónico, escribir la contraseña de su WIFI o subir un formulario relleno ha sido un reto inmenso”, reconoce, al tiempo que añade que “durante el confinamiento estricto ha sido casi imposible solucionarlo, llamábamos por teléfono y a veces resolvíamos la duda pero, si hacía falta apoyo visual, no sirve mandar un tutorial de cómo hacer algo si no se sabe abrir ese tutorial”.

No obstante, destaca que “a medida que avanzábamos de fase, sí ha sido posible vernos en persona para dar una solución, aunque por disponibilidad había que dejarlo para situaciones urgentes” y, por ello, considera que “el curso que viene habrá que formar mucho más en lo digital a familias y alumnado”.

Aun así, en este centro partieron con la base de que llevaba ya año y medio operando con las aulas virtuales “y no era raro entregar trabajos vía online”.

Clase virtual del instituto Averroes desde la casa de un profesor del centro. Clase virtual del instituto Averroes desde la casa de un profesor del centro.

Clase virtual del instituto Averroes desde la casa de un profesor del centro. / El Día

Sin embargo, la realidad socioeconómica de muchas familias de los alumnos de este centro puso de manifiesto la escasez de recursos. Por ello, “haciendo un gran esfuerzo hemos ido dejando portátiles del instituto”, anota, al tiempo que señala que han sido 49 los que han entregado, al igual que han entregado tablet a alumnos de segundo de Bachillerato. Luque, además, advierte de la necesidad de “renovar todos los nivel educativos  y proveer con recursos digitales y humanos a los centros”.

“La educación presencial es mucho mejor”. Es lo que sostiene Inmaculada Mediavilla, la directora del instituto Guadalquivir, otro centro de educación compensatoria, quien anota que durante todo el confinamiento “se ha trabajado mucho en eliminar la brecha digital que sí existe”. El instituto cuenta con 170 alumnos y muchos de ellos ni siquiera tienen un ordenador en casa, así que gran parte de ellos “se ha adaptado a trabajar con el móvil” durante la pandemia.

El instituto ha repartido tablets, además de una decena de ordenadores y profesorado, de manera voluntaria, ha entregado móviles para que los estudiantes pudieran seguir las clases. El instituto Guadalquivir también ha contado con el apoyo incondicional de una librería del barrio, a la que mandaron las tareas, las imprimió y luego se repartió entre el alumnado “para que nadie se quedara sin trabajar”.

El hecho de que las clases fueran virtuales, continúa, “también ha hecho que se haya puesto a prueba el interés, pero nos hemos desenvuelto bien y tenemos mucho contacto con el alumnado y la familia”. Además, el instituto ha contado durante todo este tiempo con el apoyo de la asociación de estudiantes Al-Kabir que ha puesto en marcha numerosas iniciativas y proyectos para continuar las clases.

Formación digital del profesorado

Lo primero que tuvieron que hacer en el colegio Duque de Rivas tras decretarse el estado de alarma fue “aprender a comunicarnos a través de Zoom”, recuerda su directora, Auxiliadora Blanco. Además de este sistema, también crearon un grupo de WhatsApp entre los maestros y se formaron “a marchas forzadas” en la enseñanza digital.

Lo que también tuvieron claro desde el primer momento es que se centrarían en las materias instrumentales: Lengua, Matemáticas e Inglés. Sin embargo, se dieron cuenta también de que la brecha digital era muy palpable, ya que “algunas familias no tenían WIFI o ni siquiera tarifa de datos”. Por ello, decidieron preparar el material impreso para entregar al alumnado, en el que incluyeron rotuladores, gomas o lápices de colores porque son objetos “que no tienen en casa de manera habitual”, subraya.

En el caso del Duque de Rivas, ubicado en Las Palmeras, las clases han sido durante este tiempo vía WhatsApp o por videollamada, “casi una enseñanza individualizada y la respuesta ha sido muy buena”, subraya. En esta línea, la directora incide en el hecho de que “hemos tenido contacto –con el alumnado- casi a diario e incluso en días festivos porque no se planteaban si molestaban o no”.

Es más, para intentar enganchar al alumnado también han recurrido a Instagram, aunque reconoce también que “con el alumnado absentista crónico no hemos podido contacta”

Ubicado en el Distrito Sur, que engloba a los barrios más desfavorecidos de Córdoba, se encuentra el colegio Jerónimo Luis de Cabrera, que también de la noche a la mañana vio cómo había que cerrar el centro por el covid-19. Su director es Manuel Saco y rompe una lanza por la administración educativa con la puesta en marcha de la plataforma digital porque “estuvo muy pronto”.

En un principio, confiaban en que la estado de alarma se prolongara durante dos semanas y se organizaron para que “el alumnado y las familias estuvieran atendidas”. El problema, sin embargo, llegó cuando se dieron cuenta de que “no podíamos contactar con el alumnado y la brecha digital es comparable al resto de la diferencia con la sociedad cordobesa”. Este centro forma parte del programa de las Tecnologías de la Información y la Comunicación desde 2003, pero “se ha dejado morir”, anota.

Viendo las circunstancias, en el colegio decidieron habilitar una nueva página web utilitaria el mismo fin de semana del decreto del estado de alarma “para avisar de toda la información y que ha tenido éxito”, detalla.

Pero la brecha digital seguía existiendo y “había familias sin cuadernos para las fichas”, lamenta el director. Así que ellos también llegaron a un acuerdo con una librería del barrio e hicieron un “reparto seguro” del material. En un intento de luchar contra la brecha digital, pidieron al Ayuntamiento de Córdoba tarjetas de datos para el alumnado. Como balance, Saco expone que “hemos intentado cubrir las necesidades básicas del alumnado, pero también de las familias que pedían para comer”.

Así nació una iniciativa por parte del profesorado para el reparto de “bolsas de comida de emergencia a las que no llegaba ni el Ayuntamiento ni la Junta”. “Hemos echado una mano en la medida que hemos podido”, concluye.

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