Foro Romano, 12

Como bien decía Juan Andrés

  • El Teléfono de la Esperanza alerta de que el suicidio es la primera causa de muerte no natural en España y pide la puesta en marcha de un plan nacional de prevención

Una voluntaria coge una llamada al Teléfono de la Esperanza. Una voluntaria coge una llamada al Teléfono de la Esperanza.

Una voluntaria coge una llamada al Teléfono de la Esperanza. / El Día

Hace unos años, el presidente del Consejo del Movimiento Ciudadano, Juan Andrés de Gracia, me defendió en una entrevista una verdad como un templo aplicable a muchísimas facetas de la vida. Le pregunté que por qué en Córdoba se enquistaban los problemas y los proyectos, que por qué pasaban años y años sin solucionarse. Me respondió que porque “en esta ciudad se escucha poco” y que había que “aprender a escuchar”. Aunque sea sacar esa respuesta del contexto de la entrevista, Juan Andrés de Gracia lleva más razón que un santo. Vivimos unos tiempos ególatras en prácticamente todas las facetas de la vida en la que no escuchamos al otro porque lo que opina nos da prácticamente lo mismo; tanto que ni siquiera al mantener una conversación le dejamos hablar, intentamos que nuestras palabras y tesis queden por lo alto de las suyas porque, claro, las nuestras son las más importantes.

Todo ello en un contexto en el que vivimos rodeados de personas que necesitan ser escuchadas, de personas a las que les va literalmente la vida en ello, como bien ha explicado la delegada en Córdoba del Teléfono de la Esperanza, Josefina Santos. Con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, conmemorado el pasado 10 de septiembre bajo el lema Todos somos vulnerables –referido a que la idea del suicidio puede darse a lo largo de la vida en cualquier tipo de persona más sensible al sufrimiento y en diferentes situaciones sociales, sanitarias o laborales– la delegada en Córdoba de la ONG ha alertado de que se ha producido un repunte de las llamadas de mujeres, adolescentes y jóvenes que atraviesan situaciones de vida complicadas.

Según los datos estadísticos que manejan desde el Teléfono de la Esperanza, en la mayoría de los casos, el deseo de morir surge como respuesta a una crisis vital, sin que haya un trastorno identificado de base. También según esos datos, el suicidio es la primera causa de muerte no natural en España, por encima de los accidentes de tráfico y de los homicidios. En España se registraron en 2017 más de 3.600 suicidios (73 en Córdoba), lo que supone una media de diez suicidios diarios. Razón demás para que, tal y como defienden desde la ONG, se ponga en marcha “un plan de prevención nacional donde se impliquen la Administración pública, el sector de la Salud, Educación y los medios de comunicación” en una labor de información y concienciación.

Los 30 voluntarios de la delegación cordobesa del Teléfono de la Esperanza escuchan y atienden –las 24 horas durante los 365 días del año a través del teléfono 957 57 01 95 o a través de su página web– a unas 1.500 personas al año, en torno a cuatro cada día. Se trata de un voluntariado profesionalizado que trabaja de manera puntera en muchos ámbitos, siendo precisamente uno de los más importantes el que atiende a la prevención de suicidios. Un voluntariado que escucha y que conforta a quien lo necesita.

El locutor de radio cordobés Francisco Javier Ceular, más conocido como Quino Ceular, contó en una ocasión su experiencia refiriéndose a una campaña del Teléfono de la Esperanza en defensa de la discapacidad, insistiendo en que como persona que veía y que dejó de ver, “cuando me encontraba por la calle a un ciego, me decía que si me pasaba algo así me moriría. Y al final tuve que convivir con este cambio. Cuando tu vida se transforma de esta manera necesitas escuchar y, sobre todo, que te escuchen”. Pese a lo desgarrador de su testimonio, llamó a la esperanza: “Cuando te encuentras en una situación límite, el cerebro hace clack y te dice que no quiere renunciar a vivir. Entonces empiezas a ver posibilidades”. Posibilidades que son más fáciles de ver si frente a una situación de desesperación se encuentra a alguien que simplemente, como Quino Ceular insistió, escuche tus problemas; algo a veces complicado en esta sociedad que –como bien decía Juan Andrés de Gracia, en aquella entrevista, aunque en otro contexto– suspende la asignatura escuchar.

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