La Gloria de San Agustín Volver

  • Realmente en la vida hay pocas cosas importantes

Plaza de San Agustín.

Plaza de San Agustín.

Esta semana pasada me he llevado una sorpresa de las muy grandes, al principio parecía que iba a ser muy buena, luego me llevé un sofocón de los grandes, y ahora no sé qué pensar, aunque yo creo que es para bien, sobre todo si él lo piensa así, que es lo importante en la vida. Porque, de verdad, y esta semana me he dado cuenta más que nunca, realmente en la vida hay pocas cosas importantes.

Lo voy a contar, aunque no diré su nombre, porque a lo mejor le molesta y esas cosas es mejor llevarlas con discreción, me parece a mí. La cosa es que el otro día me encontré con un viejo amigo del barrio, que conozco desde que era un nene, que tiene más o menos mi edad, y que ha decidido volverse al barrio tras haber estado casi cuarenta años trabajando y viviendo en un pueblo de Barcelona. Que todavía me acuerdo del sofocón que me dio cuando me dijo que se iba, que lo puedo recordar como si hubiera pasado esta misma mañana.

Y aunque ha venido de vez en cuando, sobre todo al principio, la cosa es que ya llevaba sin verlo unos cuantos años, por eso de que nos vamos acomodando a donde estamos, los hijos crecen y no quieren moverse y todas esas cosas que se dicen que son verdad y que no dejan de serlo porque se digan muchas veces, que esa es la realidad. Y claro, cuando me lo encontré el otro día me llevé una alegría de las grandes, porque aunque hayan pasado los años somos tan amigos como el primer día, que cuando la amistad es de verdad siempre permanece, pase lo que pase.

Pero dos días después me enteré, porque me lo encontré que iba para el médico, a arreglar papeles, que ha decidido volver a Córdoba y al barrio de toda su vida porque está malito de una cosa muy grave y muy fea, y que si le queda poco por vivir prefiere hacerlo en su tierra. En fin, que ya se pueden imaginar cómo me quedé, que lo estoy escribiendo y estoy pasando de nuevo el mal rato. Nada me gustaría más que pudiera curarse, pero si no es así tengo claro que por mí no va a quedar que pase bien el tiempo que le queda, que ojalá sea mucho.

Y eso a lo mejor pasa por decirle lo amigo mío que es y lo mucho que lo aprecio, que nos vamos guardando las cosas y al final casi no podemos andar del peso que llevamos y eso no es ni inteligente ni bueno, y no sé si me estoy explicando. En fin, que lo mío de hoy tiene un poco de tristeza, pero también de alegría, como la vida misma, que es así.

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