Sanidad | XVI Semana del Donante

Testimonios de vida y solidaridad

  • Isidora Perales y María Jesús Castillo han tenido que someterse a un trasplante debido a la enfermedad que padecían, poliquistosis renal

Isidora Perales y María Jesús Castillo, en la mesa informativa de trasplantados de riñón. Isidora Perales y María Jesús Castillo, en la mesa informativa de trasplantados de riñón.

Isidora Perales y María Jesús Castillo, en la mesa informativa de trasplantados de riñón. / reportaje gráfico: Jordi Vidal

Las vidas de María Jesús Castillo e Isidora Perales dieron un giro cuando la poliquistosis renal que padecían avanzó hasta el punto de necesitar diálisis. Un trasplante era la única solución para estas dos mujeres que ahora participan en las actividades de promoción de la donación de órganos que organiza el Hospital Reina Sofía para dar testimonio de la importancia de ser solidarios.

Los problemas de riñón de Isidora Perales dieron la cara siendo muy joven, con unos 19 años, cuando le dio una subida de tensión por la que le hicieron una ecografía debido a sus antecedentes familiares ya que su padre tenía poliquistosis renal. De hecho, "mi padre (Agustín Perales) fue de los primeros enfermos renales que hubo en Córdoba", destaca, y "fundó la Asociación Alcer", con la que ella ya colaboraba.

"He ido trabajándolo sin pensar que en un futuro podía ser para mí", dice Isidora

El avance de la enfermedad era lento pero llegó un momento en el que los nefrólogos le recomendaron que entrara en diálisis porque mientras antes lo hiciera menos deterioro iban a sufrir sus riñones. Entró en prediálisis y a los 20 días ya estaba trasplantada (aunque antes tuvo dos llamadas fallidas). Fue la madrugada del 3 de agosto de 2015 y tenía 40 años.

La intervención fue muy bien, el órgano empezó a funcionar desde el primer momento y a la semana ya estaba en su casa. "Hasta ahora el riñón funciona sin ningún tipo de problema y solo he tenido una infección de orina", explica. Isidora destaca que "no estaba muy deteriorada y me he recuperado de forma muy fácil". "Llevaba una vida activa y la sigo teniendo pero desde el momento en el que estaba en la cámara (de aislamiento) noté cómo me había cambiado la piel, el pelo, las uñas... y la gente que venía a visitarme también me decía que estaba cambiada", añade. Está tan agradecida que incluso le ha puesto un nombre simbólico a su riñón en memoria al donante.

Su implicación con el fomento de la donación de órganos le viene de familia e incluso se hizo donante cuando era joven, de hecho "tengo el número 222, de los primeros, y ahora yo soy la receptora". Es decir, "he ido trabajándolo sin pensar que en un futuro podía ser para mí; he tenido la recompensa sin pensarlo". En ese sentido, Isidora indica que "esto te empuja a seguir luchando".

María Jesús Castillo descubrió que tenía problemas de renales en una revisión médica por la esclerosis múltiple que padece. Uno de los estudios que le hicieron reflejó que los niveles de creatinina (los relativos al riñón) "empezaron a despuntar". Le diagnosticaron poliquistosis renal, una enfermedad que podía quedarse estancada o avanzar; como así ocurrió. Cada vez que iba a las revisiones, la creatinina daba valores altos "hasta que me metieron en prediálisis, donde gracias a dios estuve muy poco tiempo porque me llamaron para trasplantarme".

Cuando le plantearon el trasplante sintió "mucho miedo porque oyes cosas pero hasta que no estás metida en este follón no eres consciente". "La coordinación de los médicos y enfermeras y la información que te van dando según vienes al hospital te van tranquilizando y mostrando que el trasplante es la única solución", indica. La poliquistosis renal es hereditaria y una de las hijas de María Jesús también la padece y lleva un año y medio acudiendo a revisiones.

Justo ayer hizo 15 meses del trasplante. "Fue un viernes, había vuelto a mi casa de la diálisis y había acabado de comer cuando llamaron por teléfono", recuerda. Había un posible riñón para ella. "Eran casi las 16:00 y hasta las 00:00 no supe ciertamente si era para mí porque había otras personas a las que también habían llamado; gracias a dios, fue para mí y a las 00:15 estaba entrando en quirófano", apunta. Fue en la madrugada del 4 de marzo de 2017.

Su vida ha cambiado "al 100% porque la actividad que tenía ya era nula, me sentía muy fatigada, muy molesta, no podía atender mis obligaciones y me costaba mucho el día a día en el trabajo" mientras que con el trasplante ha conseguido "vivir". Desde entonces "he intentado implicarme todo lo que puedo" en la promoción y concienciación sobre la donación de órganos "por lo bien que se han portado conmigo y porque mi hija lo tiene, por lo que todo lo que se pueda hacer de adelanto, ella lo tendrá el día de mañana".

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