• La cantante pozoalbense emprende una gira con 20 fechas cerradas este verano para presentar su aclamado disco de debut, 'Sanación'

  • "Me preocupaba mucho cogerle miedo a los demás, a un abrazo, pero veo que no ha ocurrido"

Entrevista María José Llergo: "Siento que con mi música he aportado algo de luz en este tiempo adverso"

La cantante cordobesa María José Llergo, en una imagen reciente. La cantante cordobesa María José Llergo, en una imagen reciente.

La cantante cordobesa María José Llergo, en una imagen reciente.

Laia Sabaté

Escrito por

· Ángel Robles

Redactor

María José Llergo (Pozoblanco, 1994) inició a finales de mayo una gira con una veintena de fechas que arrancó en Faro, en Portugal, y recorrerá buena parte de España durante el verano. Tras el impás que ha supuesto la pandemia en su carrera, retoma con fuerza el camino iniciado en Sanación, su aclamado disco de debut, lanzado pocos meses antes de la declaración del estado de alarma. 

-Presenta 'Sanación', su primer trabajo discográfico, durante una intensa gira de verano. ¿De qué la ha curado?

-Me curó de mis propios miedos, de mis traumas, de mis propias experiencias del pasado que me impedían vivir el presente. Y me ha enseñado a provechar las oportunidades. Llevaba tanto peso en esa mochila que tenía que sacarlo para vivir en paz las oportunidades que me venían, que eran preciosas. Me notaba demasiado cansada para disfrutarlas.

-Tiene solo 27 años, ¿tanto pesaba la mochila?

-Sí que pesaba... Han sido muchos años de lucha, de preparación, de perseguir un sueño, de búsquedas. Y también de superación, así que sí que pesaba. Sacar este primer disco ha sido un recorrido muy largo en cuanto a formación, trabajo y preparación, incluida la preparación psicológica en mi caso, porque la exposición ante el público me daba cosita, sentía muchísimo miedo. Ahora lo he superado y me entrego por completo, que es lo que quiero.

-El álbum salió a la luz un par de meses antes de que la pandemia estallara. ¿Cómo ha afectado esto a las posibilidades, a su recorrido?

-Tenía una gira nacional e internacional que se canceló por completo. Había muchas expectativas y mucha ilusión, y el mundo se paró de repente. Pero, por otro lado, siento que le he dado al mundo lo que necesitaba en ese momento, que es un disco de sanación para cuando todos estaban enfermos. Así que creo que he hecho algo bueno por los demás y por mí, y he entregado algo que puede construir en un tiempo de dificultad y adversidad, aportar algo de luz. El dolor está ahí, pero siempre se puede convertir en belleza.

-¿Cómo llevó el confinamiento duro de los primeros meses?

-Ha habido fases. La primera la pasé en el campo, encerrada. Era la primera vez desde que me fui de mi pueblo con 19 años que he estado allí durante tanto tiempo tranquila, en contacto con la naturaleza. Fue un periodo de parar, de observarme, de cuidarme, de descubrirme, de querer muchísimo a los demás. No sé qué nos pasa pero, cuando estamos a punto de perderlo todo, valoramos lo que tenemos. Me sentía la persona más afortunada del mundo por tener a mi familia sana y salva, por tener a mi alrededor a personas preciosas, con muchísimo corazón y mucho talento. Aprendí a valorar las cosas del día a día, porque a veces nos acostumbramos a todo lo grandilocuente y nos olvidamos de los pequeños detalles, que tienen un valor incalculable. Y luego salieron algunas oportunidades de trabajo, tampoco muchas. Al final hemos tenido que aprender a convivir con el virus, con mucha preocupación y lidiando con el miedo, tanto por nosotros como por los que más queremos. Personalmente, me preocupaba mucho cogerle miedo a los demás, a un abrazo. Pero veo que no ha ocurrido. 

-El disco arranca con una breve conversación con su abuelo. ¿Es realmente él?

-Sí, es mi abuelo Pepe [José Sánchez Muñoz], que para mí es inspiración eterna. Es la persona más grande y sencilla que conozco. Me hizo comprender el mundo de una forma libre, sin estereotipos, sin juzgar, fijándome solo en lo que las personas son por dentro. Y me enseñó a amar el cante sin saberlo él. Me enseñó a querer, a actuar a bien, a que te definen tus actos y no tu procedencia o tu religión. 

-¿Llegó a la música por su abuelo?

-Así fue. Mientras él labraba la tierra labraba también mi cante. Él cantaba y yo jugueteaba con la voz, y así empecé a utilizar este instrumento que me gusta tanto. Mis primeros recuerdos de la música son mi abuelo en el campo cantando fandangos, boleros, coplas... Imagínate con la calor que hace en Córdoba y me cantaba La niña de fuego.

-Otra niña, la de las dunas, fue su presentación ante el gran público. ¿Qué ha supuesto este tema en su carrera?

-Supuso un "hola, mundo", era mi primera composición. Me sorprendió toda la repercusión que tuvo porque no me lo esperaba. Veía la exposición pública como una posibilidad para otros artistas, pero no pensaba que a mí me fuese a ocurrir. Pero sí, a mí también. Cuando alguien recibe tan bien lo que haces solo puede haber un sentimiento enorme de agradecimiento y le da sentido a tu trabajo, porque nunca canto para mí solo. Es una conversación con el momento en el que vivo y con la sociedad. Y saber que la sociedad me escucha le da sentido a todo, porque el mensaje está llegando.

-¿Qué se va a encontrar el público en los conciertos?

-El público va a ver un caminito. A través de la poesía, recorreremos desde lo más tradicional hasta mi mundo interno personal. Desde un sonido más tradicional de guitarra flamenca y voz hacia un sonido más moderno, con sintetizadores, subgraves y movidas varias. Es como entrar en el mundo de los sueños. 

-Arrancó la gira en Faro, Portugal, y hay una veintena de fechas, pero no pasará por Córdoba... ¿No ha surgido la oportunidad?

-Sí que estaremos, pero todavía no lo hemos dicho. Será en septiembre... Aún lo estamos cerrando. La gente me lo ponía en las stories, que no venía a mi tierra. Pero sí que voy, ¡estoy deseando!

-¿Cómo se refleja Córdoba en su música?

-Creo que perfectamente podría cantar el disco dentro de la Mezquita, porque Córdoba está en todo el disco. Desde los sonidos más mestizos en cuanto a melismas arabescos, por ejemplo. Siento en mí esa influencia de mi Córdoba, de la Judería, de lo multicultural, con mucha esencia pero sin fronteras. Es una música que acoge, igual que Córdoba. Todo eso está ahí. ¡Y de Pozoblanco está el escardillo de mi abuelo, que abre el primer tema!

-Es lo primero que se escucha en el álbum. ¿Cómo se grabó ese efecto en concreto?

-Es un sonido real de una azada contra la tierra, que luego se ha tratado y se ha construido un ritmo por soleá. Es como si mi abuelo me marcara el compás con la azada mientras sembraba. Mi abuelo tiene 92 años, y ríe y canta todos los días. 

-¿Cómo reaccionó él cuando escuchó el disco?

-Llora, llora mucho. Se emociona cuando lo escucha. Para mí era muy importante, quería que supiera lo importante que es para mí, porque si yo canto es porque él canta, siempre ha amado el cante. Mi abuelo sigue llorando cuando escucha flamenco, cuando escucha cantar por fandangos y tiene 92 años. Yo quiero ser así, cantar hasta el día que me muera y emocionarme hasta el día que me muera. Es el ejemplo más sabio que me he encontrado en mi vida, y es una persona de campo. Es un orgullo. 

-¿Cómo lleva las comparaciones con Rosalía?

-Me parece muy bien que me comparen con una mujer que lo está haciendo genial. Me parece precioso que estemos cada vez más mujeres en este mundo, y no debería ser una novedad ni una pregunta rara. No pasa entre hombres, no se compara a artistas masculinos. Y a nosotras se nos enfrenta.

-¿Sigue el trabajo de Rosalía?

-¡Soy amiga! Coincidimos en la Universidad. 

-¿Y hay por ahí alguna colaboración en ciernes?

-¡Secreeeeto! Todo es un secreto...

La pozoalbense María José Llergo, en una imagen promocional. La pozoalbense María José Llergo, en una imagen promocional.

La pozoalbense María José Llergo, en una imagen promocional. / Laia Sabaté

-Ha tenido la oportunidad de estar cara a cara con Lola Flores en el anuncio de Cruzcampo. ¿Cómo ha vivido esta experiencia?

-Lo viví como un auténtico privilegio porque lo es. Soy fan de Lola Flores desde que era niña. Es un referente de mujer andaluza que se comió el mundo sin renunciar a sus raíces, honrando a su tierra. Su personalidad, su fuerza y su impronta me dan fuerza a mí. Pienso que si ella fue capaz de todo eso sin traicionarse a sí misma, yo también seré capaz. Cuando me lo propusieron dije, ¿en serio? Lo viví con mucha felicidad y con mucho amor, con mucha emoción.

-Tenía solo un año cuando falleció Lola Flores. ¿Cómo la descubre?

-Por mi abuelo y porque Lola es eterna por su legado, por su forma de pensar, de vivir, de conmover a los demás. Sigue siendo trending topic y lo será. 

-Hay quien la considera una renovadora del flamenco. ¿Cómo lleva esa responsabilidad?

-No. De verdad, solo soy una chica de Pozoblanco que canta lo que siente, que hace su propia música y la comparte con los demás. No creo que el flamenco me necesite en absoluto para renovarse porque es un género tan inmenso y tan rico que se mantiene solo. Y hay tanta verdad y tanta riqueza en esas letras que reflejan la verdad de la sociedad para siempre. Pero gracias, entiendo que quien lo piensa lo dice como un piropo. 

-¿Quién le influye a la hora de componer?

-Hay muchos. Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, Antonio Machado, Rosalía de Castro, Billie Holiday, Ella Fitzgerald, Etha James, Paganini, Enrique Morente, Camarón, la Niña de los Peines, la Niña de la Peina, la Niña de Antequera, Juanito Valderrama, ufff... Lole y Manuel, Caetano Veloso, mucha gente, mucha mucha mucha gente. Frank Ocean, incluso Bob Smoke me gusta mucho. Me encanta también la música cubana, la salsa, el son, la cumbia... Mucha gente de todo el mundo.

-Cita a muchos clásicos. ¿Y suele escuchar la música que escuchan las personas de su edad, aunque suene a tópico? Me refiero a las músicas urbanas, al reggaeton...

-En mi día a día hay de todo. Entran por ejemplo Israel Fernández y Kendrick Lamar, Enrique Morente y 50 Cent, Bad Bunny, Alicia Keys, Dellafuente, Rusowsky, Rema... Y Burna Boy, me flipa, me vuelve loca. Skepta me encanta. ¡Y Niña Pastori! Todos esos saltos doy.

-¿Cómo es el proceso de composición?

-Es diferente cada vez. Algunas veces estoy en la ducha y se me ocurre una letra y de pronto la grabo. Otras veces voy por la calle andando y me vienen movidas, ideas, y luego llamas a los músicos y las pules. Otras veces vas al estudio a hacer una sesión de composición a posta con un productor y acabas componiendo... O no. Depende del feeling. Y, en cuanto a las letras, pues de repente de cabreas y escribes unas notas en el iPhone. Otras veces son descriptivas, costumbristas... Ves a un pescador y se te ocurre algo precioso. ¡Y mientras friego los platos la verdad es que canto un montón!

-¿Algún proyecto próximo que pueda anticipar?

-Hay por ahí algo, pero no voy a decir nada porque basta que avance una cosa para hacer justo la contraria. 

-La acaban de nombrar Embajadora de Pozoblanco, ¿cómo asume esta responsabilidad?

-Con mucha alegría y con mucho amor, con ternura y emoción. Es tan bonito que tu gente pueda disfrutar de lo que haces... Es la cosa más bonita del mundo. Me da la sensación de que algo estaré haciendo bien si se sienten orgullosos. Y es la manera de devolverles todo lo que ellos me dan. Al final todos salimos sanados, no solo yo.

-¿Desaparecerá el acento de Pozoblanco en algún momento?

-Pues claro que no. Si llevo ya fuera de mi casa muchos años, desde los 19... Y aquí sigue mi acento, intacto.

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