Concurso

Ganadores de los 20 juegos Monopoly Edición Córdoba

  • Estos son los comentarios premiados con los 20 juegos de la nueva versión de Monopoly, la Edición Córdoba 

Monopoly Edición Córdoba Monopoly Edición Córdoba

Monopoly Edición Córdoba

Finalizado el concurso que El Día de Córdoba ha realizado entre sus lectores y en el que se premiaba con 20 juegos Monopoly Edición Córdoba, hacemos públicos los comentarios ganadores que recibirán el premio.

Los ganadores, elegidos en base a la originalidad de la respuesta a la pregunta ¿Cuál es tu anécdota favorita jugando al Monopoly?, son los siguientes:

  • Pedro Cruz Luque: Cuando de pequeño tapaba el nombre de las casillas del Monopoly con papelitos y escribía lugares de Córdoba en lugar de los que venían por defecto. Por ello... ¡el "inventor" del Monopoly de Córdoba debe tener uno!
  • José Casanova Mata: Era diciembre y estabamos celebrando la Nochevieja en una casita que teníamos en Torrox costa. Estaba junto a mis primos, con mis tíos, mis padres y mis abuelos, y a mi primo se le ocurrió jugar al Monopoly. Nos picamos tanto entre la familia que casi se nos olvida comernos las uvas. No se nos olvidó porque vinieron los vecinos alemanes que teniamos en frente para tomarnos las uvas juntos. No vi correr tanto a mi familia en la vida, sacando uvas sin contar y cogiendo de los racimos a puñados... Cuando se vendió la casita se nos quedó alli el Monopoly y me encantaría poder tener uno. 
  • Alejandro Martínez de la Haba: La anécdota más graciosa que he "sufrido" jugando al monopoly fue cuando, durante una partida con amigos, hicimos la típica broma de jugar con dinero real o empezar a mezclar dinero real y del Monopoly. Tanto fue así que una vez acabada la partida, al día siguiente, me encontré con que el único dinero que llevaba en la cartera eran dos billetitos morados de 50 que evidentemente, eran del juego y, evidentemente, tuve que explicar la historia al dependiente de la tienda con la que había intentado pagar para que no llegara a mayores. No llevaba otro tipo de billete. Tuve que volverme a mi casa sin la compra y con una mezcla entre vergüenza y risa tonta.
  • Pilar Torres Caño: Pasamos un puente en una casa rural en Cazorla y nos quedamos aislados por la nieve. Estuvimos tres días seguidos jugando al Monopoly. Al final, conseguí todo el tablero menos las estaciones. No he vuelto a jugar desde entonces pero... me han entrado ganas de una partida como aquella pero ahora consiguiendo las calles de mi ciudad, Córdoba.
  • Sarah Roberta López Pereira: Soy muy feliz cuando veo a mis hijos jugando al Monopoly con sus amigos y primos, no puedo evitar acordarme de cuando tenía la misma edad y jugaba en la casa de mis primos. Se pasaban las horas y no nos dábamos cuenta. Cuando compré el Monopoly fue un sueño que realicé porque mis hijos podrían jugar siempre que tuvieran ganas y no tener que ir a casa de primos o amigos, y la verdad es que me alegra que ahora sea más asequible y la diversión pueda llegar a más casas. El Monopoly Córdoba tendrá una casa con mucha diversion.
  • Salvador Carmona Ruiz: Cuando jugaba en familia, hace ya más de 25 años, en invierno los fines de semana que no hacía tiempo de salir a pasear lo hacíamos todos los sábados por la tarde. En una de las partidas recuerdo que cayó una jarra de café en el tablero y lo estropeó todo. Mi hermano, en una cartulina A3, en dos semanas logró realizar otro tablero con nada que envidiar al original y con más calles y sitios incluso que el Monopoly original. ¡¡Aquella partida de inauguración del nuevo tablero fue la bomba!!!
  • Rafael Vega Pozuelo: Yo estuve muchos años enganchado desde que mi entonces novia me regaló el Monopoly Madrid. Espero retomar el juego ahora que nuestros hijos ya pueden jugar con nosotros (y si puede ser al Monopoly Córdoba, mejor). Casi siempre jugábamos entre nosotros, pero la mejor anécdota fue el cabreo que pillamos cuando una vez vino a casa un amigo y nada más empezar nos hizo ver que jugábamos... ¡¡TODA LA VIDA JUGANDO MAL!! Nos enseñó que cuando alguien cae en una propiedad y no la compra, se subasta para que cualquier otro jugador pueda hacerlo. Toda la vida jugando mal... Y aunque nos costó una pelea de casi una hora... Nos cambió los esquemas y he de decir que el juego mejora mucho.
  • Juan Carlos Aguilar Gil: Lo recuerdo como mi juego de mesa preferido y nunca olvidaré una tarde que se fue la luz y estuvimos hasta bien entrada la noche jugando varias partidas a la luz de las velas. También recuerdo, de esto hace poco, jugar tres generaciones de mi familia a la vez: abuelos, padres y nietos. Señal que un buen juego no pasa nunca de moda. 
  • María Francisca García Calderón: El Monopoly fue uno de mis regalos de "Reyes" cuando tenía 8 años y, mi hermana pequeñita, que aún no sabía jugar, fue la protagonista de la anécdota. Cuando un sábado por la tarde iba a jugar con mis padres, nos dimos cuenta que no había dinero en la banca, estaba a cero.Y cuando mi hermana nos vió buscar, dijo: "¡Soy millonaria!, tengo en la hucha muchísimos billetes, ¡¡puedo comprar una jugueteria entera!!"
  • María Baena Castilla: Mi anécdota preferida no está relacionada exactamente con el Monopoly y sí con una pieza fudamental de su juego: los billetes. Y es que, ¿quién no los ha usado alguna vez para jugar a compras o "apostar"? Recuerdo cuando en el colegio, con trece o catorce años se puso de moda jugar a póker. En mi clase las apuestas se hacían con los billetes de Monopoly. En el viaje de fin de curso a Lisboa, unos compañeros ganaron una gran cantidad en una jugada y a imitación de los protas de las pelis de Gángsters, se volvieron locos y empezaron a tirar billetes por toda la habitación, con la mala suerte de encontrarse una ventana abierta. De pronto y en plena euforia, los billetes empezaron a salir por la ventana y del cielo lisboeta empezó a caer una lluvia que pudo apreciarse desde todas las ventanas del céntrico hotel. Cuando los billetes comenzaron a inundar las aceras se produjeron las pertinentes quejas al hotel por parte de los viandantes. Aquella gloriosa timba llevo aparejada su consiguiente riña y confiscación del escaso y restante manterial incautado a la impúber banda. No obstante, cada vez que lo recordamos, aún hoy en día, casi veinte años después, las sonrisillas pícaras siguen aflorando en nuestras caras. Seguramente si por aquel entonces hubiésemos tenido un Monopoly con las calles de Córdoba, no hubiésemos usado solamente sus billetes.
  • Olga Navarro García: Mi anécdota es un montón de recuerdos jugando con mis 4 hermanos, teníamos el clásico con las calles de Madrid. Han pasado un montón de años y ahora juego con mi nene, primero con el Junior (fue su primer juego de mesa) y ahora con el mismo con el que yo jugaba con mis hermanos y que aún conservo. Grandes momentos de diversión, ¡y de discusión!
  • Gregorio Jiménez: Recuerdo en las noches de los veranos, cuando era adolescente, jugar con mis primos en Bujalance todas las noches al Monopoly. Mi prima María Jesús siempre acababa perdiendo, y es que se ponía a regalar dinero a todos o a perdonarnos el pago de los alquileres cuando caíamos en sus casillas, porque nos quería mucho. La pobre siempre acaba perdiendo. Una de las veces se enfadó tanto (el Monopoly era suyo) que escondió todas las casitas verdes y los hoteles rojos. Imaginación al poder: usamos garbanzos como casitas y como hoteles (unos los pintamos con témperas rojas y los otros con témperas verdes). El resultado: manchamos todo el tablero con témperas roja y verde, todas las manos manchadas de témperas, billetes y calles manchadas igualmente... Cuando mi prima vio aquello casi nos cuelga de un olivo. A día de hoy, hablar de lo que pasó aquella noche sigue siendo tabú. Y eso que era el Monopoly Versión Española, ¡si eso llega a pasar con un flamante Monopoly cordobés no sé qué hubiera pasado!
  • José Antonio Martín del Olmo: En una Navidad con amigos, decidimos que cada vez que alguien caía en la cárcel, debía beberse un chupito de anís. Finalizando la noche, más de uno prefería entrar en la cárcel que comprar un hotel. Al día siguiente la resaca fue nivel "burbuja inmobiliaria" (enorme). Por supuesto a partir de ese día, al Monopoly le faltan casas, fichas, tarjetas y billetes, además de tener una mancha de anís en la casilla de la cárcel.
  • María Hermoso: Una tarde en que estábamos jugando en familia desapareció una de las casas verdes que tenía en mi propiedad y empezamos a discutir y acusarnos de tramposos cuando llegó mi sobrina chica y tenía la casa en el aguejero de la nariz. ¡La partida acabó en urgencias!
  • Paco Fernández: En una partida de Monopoly con la familia en la que también participaba mi nieto de 4 años, la partida estuvo tan interesante y divertida que se alargó demasiado y se hacía tarde. Mi nieto no quería dejar de jugar puesto que poco a poco iba comprándolo todo y construyendo casas y hoteles. Cuando no se dio cuenta, en un momento de distracción quisimos gastarle una pequeña broma: le escondimos sus casas y hoteles y le dijimos que se las había llevado el viento. Tenemos una perra a la que llamamos VIENTO. En ese momento, él no entendió bien lo que quisimos decir lógicamente, así que fue a por la perra, le pidió las casas, le abrió la boca, y como vio que no las encontraba, se enfadó, recogió todo el tablero de Monopoly y se lo llevó a su habitación, metiéndose en la cama después.
  • Alejandro Serrano Luque: Mi familia por parte de madre es muy extensa, por lo que resulta muy complicado que nos juntemos todos alrededor de una mesa. Pero, sin embargo, llevamos unos cinco años que cuando abro el Monopoly del año 2000 raído por los años, el calor y la humedad, nunca dicen "no" a juntarnos. Todos queremos comprar, vender, subastar e incluso los más pequeños se pelean por ser la banca y hacer trampas cuando dan el cambio a los jugadores. Sin duda, lo mejor de este juego es la maravillosa capacidad que tiene para que nos piquemos los unos con los otros.
  • Manuel Páez Orellana: Quedamos un grupo de amigos a jugar al Monopoly en el piso de estudiantes. Vinieron dos chicas, amigas de uno de nosotros, a pasar la tarde. Al final solo quedamos una de esas chicas y yo. Me dejé ganar. Hoy es mi mujer.
  • Luis Díaz Cordón: (M)e entero de un concurso genial, (O)rganizado por El Día de Córdoba, sinónimo de periodismo de calidad. (N)os preguntan sobre anécdotas con el Monopoly, (O)h, ¡qué recuerdos cuando caída en la cárcel con el poli! (P)rimer recuerdo y anécdota que tengo, ¡me encantaba comprar! (O)bservaba mis propiedades objetivo, (L)anzaba los dados, preparaba efectivo... (Y) ¡a disfrutar del juego más divertido! (E)s un orgullo que Monopoly se haya fijado en nuestra ciudad, (L)a edición de Córdoba espero poder disfrutar. (D)ías y días con mis amigos he jugado, (I)nenarrables ratos y risas con este juego he gozado y (A) mis hijos la pasión por este juego ya les he pasado.
  • Javier Rueda Ávila: Pensar en el Monopoly es recordar las largas tardes de verano en la casa del pueblo. Mis primos y yo jugábamos intentando mantener el silencio para no despertar a nadie de la siesta. De fondo, solo el constante ruido del ventilador; impedíamos que los billetes volaran metiéndolos bajo el tablero. Recuerdo la impotencia de perder turnos en la cárcel mientras el resto avanzaba, las discusiones amortiguadas en aquella cochera recalentada por el sol donde nos sentábamos a jugar. La tensión iba en aumento y llegaba al punto álgido con la construcción de casas y hoteles sobre las calles; era entonces cuando los peajes terminaban de arruinar definitivamente a algún jugador mientras que otro ordenaba sus nuevos billetes con una sonrisa de suficiencia. Yo aún no lo sabía, pero el Monopoly era una representación bastante exacta de la vida: para que unos ganen, otros siempre han de perder. A fuerza de jugar a diario, acabé aprendiendo nombres de calles que nunca había visitado: Fuencarral, Alberto Aguilera, Bravo Murillo... Años después, el destino me llevó a instalarme en Madrid y acabé topándome con esas calles; me convertí en una ficha anónima caminando por el complejo tablero del mundo real. Por fortuna jamás pisé la cárcel. Era roja y muy sobria la caja de aquel Monopoly que nos dio tantas tardes de alegrías y frustraciones. Hace un tiempo visité el pueblo y allí seguía, ligeramente más descolorida y con una gruesa capa de polvo. Nos hicimos mayores, mis primos y yo, y ya no hubo más tardes de verano para jugar. Y ese Monopoly, cerrado y polvoriento y olvidado para siempre en aquella casa, sigue siendo la fiel imagen de la vida.
  • Antonio Sánchez Moreno: En casa es el juego de cabecera para las reuniones familiares. Todas las Navidades y demás eventos y peroles que nos juntamos en casa aparece una sobremesa de Monopoly. Lo habitual suele ser jugarse quién paga la merienda y cosas así. Tengo 2 anécdotas muy graciosas. La primera, en la que toda la familia estábamos jugando y por cosas de azar nos desplumó a todos mi sobrina, que en ese entonces tenía 5 años. A la niña le venían los dados de cara y en todas las tiradas le salía lo más beneficioso. (Tenía el asesoramiento de la abuela, pero os puedo asegurar que era la niña pequeña quién nos ganó a todos). Cosas del azar. La segunda y más divertida de cuando era más pequeño. La tarde comenzó con unos tíos míos que habían venido de visita a ver a mi abuela y después de comer se sacó el Monopoly. Fue un día en que yo tendría unos 13 años o así (actualmente 29). Vivíamos en un 4º piso por aquel entonces y serían como las 19:00 de la tarde. Recuerdo que era como invierno porque era de noche. De repente, se sintió un temblor: era un terremoto que se sintió en la ciudad. Mi madre, mis tíos que estaban en casa y mi abuela, comenzaron a gritar "¡¡Un terremoto!! ¡¡Todo el mundo a la plazoleta!!" (se referían a ir a la calle, ya que vivíamos en la plaza Zaragoza, y le decíamos la plazoleta). Pues bien, después del susto del momento y ya en la calle, con algunos vecinos que también habían bajado al sentir el temblor y demás. Echamos de menos a unos de mis tíos, que baja como a los 10 minutos y suelta: "Todos para arriba que no ha sido pa tanto y me toca a mi comprar casas, ¡que voy ganando!". El muy huevón no se había ni inmutado con el terremoto (recuerdo que se movieron bastante las cosas que había encima de la tele), porque como él iba ganando al Monopoly, no le importó nada más. Aunque el día fue un susto, la anécdota del Monopoly la recordamos siempre, ya que es muy graciosa y su ansias por ganar le pudieron.

¡Enhorabuena!

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