Córdoba

Experiencias de una labor solidaria

  • El hospital ha intervenido desde 2009 a 63 niños procedentes de países del Tercer Mundo que llegan en colaboración con las ONG

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La labor asistencial del Hospital Reina Sofía va más allá de la atención a la ciudadanía cordobesa y andaluza ya que desde hace años participa en los programas de cooperación al desarrollo de la Junta de Andalucía y colabora con ONG como Infancia Solidaria y Tierra de Hombres. El objetivo es salvar la vida de niños de países del Tercer Mundo cuya esperanza de vida es muy reducida debido a las enfermedades crónicas que padecen y a la falta de medios en sus lugares de origen. Dentro de esta atención a menores extranjeros también hay otra variante, la asistencia a niños inmigrantes que llegan a Córdoba vía Málaga, Ceuta o Melilla tras haber pasado la frontera, ya que una vez que entran en Andalucía tienen garantizada la asistencia en la sanidad pública.

El primer paso para traer a un niño a Córdoba es la presentación de la documentación por parte de la ONG al fondo de cooperación de la Junta; éste contacta con los especialistas y ellos deben dar el visto bueno al caso. Tras esto comienzan las gestiones para que los menores, a los que en algunas ocasiones acompañan sus madres, obtengan los visados y puedan venir a España. Una vez aquí se encuentran con una familia de acogida y su primer contacto hospitalario es con los trabajadores sociales del Reina Sofía, que los orientan por el centro y los asesoran en la gestión de la asistencia del niño y de la madre si fuese necesario.

"Estamos para apoyarlos en todo lo que necesiten o cualquier problema que se les presente; hacemos una labor de acompañamiento y apoyo emocional porque estas familias, estas madres que vienen solas son sus hijos a un país desconocido y un entorno ajeno a ellas, pasan momentos muy difíciles", indica Alicia García, trabajadora social del Materno-Infantil del Reina Sofía, labor que desempeña desde hace 15 años.

Esta profesional explica que la principal inquietud de las familias de acogida es garantizar que la madre esté siempre acompañada, "no les gusta dejarla sola, sobre todo si el niño está ingresado en una situación complicada". Incluso a veces, cuando ellos no pueden estar en el hospital, "llaman para preguntar cómo está la madre, cómo está el niño y para que les des una vuelta".

García asegura que para las familias de acogida ésta es "una experiencia muy ilusionante" y es fundamental la adaptación de ambas partes, "un esfuerzo mutuo". Los encuentros con la trabajadora social dependen de la necesidad que tengan las familias, es decir, son "a demanda".

Hay "muchísimos" casos que García recuerda con cariño "porque son unas vivencias muy intensas", como algunas veces en las que la madre ha llegado embarazada a Córdoba y ha dado a luz aquí a su nuevo hijo: "Hemos compartido ese momento tan especial en la historia de esa mujer", señala.

Pero para que estos casos salgan adelante es imprescindible un abordaje multidisciplinar, es decir, una coordinación entre la trabajadora social, los médicos, las enfermeras y los traductores voluntarios o los de Salud Responde.

La mayoría de los menores que llegan al hospital vía ONG tienen problemas de corazón. La coordinadora de Cardiología Pediátrica del Materno-Infantil, Elena Gómez, destaca que ésta es "una experiencia muy positiva porque tenemos la capacidad de atender a pacientes con cardiopatías muy complejas y que pueden solucionarse en uno o varios actos quirúrgicos, con nuestro trabajo habitual, pero que no tendrían ninguna posibilidad en los países de donde proceden".

Desde 2009 han operado a 63 niños en esta colaboración con las ONG, con una media de seis o siete al año, aunque en este 2016 ya llevan diez. "Generalmente no limitamos el número porque podemos atenderlos", expone esta facultativa, que lleva siete años participando en este tipo de operaciones. Lo que sí valoran los médicos es "la urgencia o no de traerlos" según los informes que mandan desde los países de origen. Sin embargo, hay que tener en cuenta que a veces ese diagnóstico refleja que los pequeños padecen problemas poco solucionables pero al llegar al Reina Sofía han podido resolverlos. El niño más pequeño que han atendido tenía 40 días de vida y como máximo prestan asistencia hasta los 14 o 15 años. Desde que se avisa al hospital del caso, los menores tardan alrededor de un mes en llegar a Córdoba.

El cirujano cardiovascular del Reina Sofía Jaime Casares insistió en la importancia de confirmar el diagnóstico de estos niños porque en ocasiones "hay una gran variabilidad", principalmente en los originarios de Benín o Camerún. Sin embargo, "hay países que más o menos van teniendo una estructura sanitaria lo suficientemente desarrollada como para dar un diagnóstico acertado, aunque no lleguen a intervenir a los enfermos".

"Nuestras sensaciones -apunta Casares- son de una satisfacción muy grande porque es un pequeño grano de arena que aportamos y al menos logramos cambiar el destino de las vidas de algunos de estos niños porque las cardiopatías congénitas son, en su mayoría, mortales a mediano plazo, no se suele superar los 35 o 40 años". Otras veces el problema es tan severo "que no les da tiempo a ser atendidos y trasladados y mueren en cuestión de días".

Sobre el seguimiento de estos pacientes explica que a los que llegan a través de la cooperación estatal "los perdemos porque vuelven a sus países". En otros casos es la misma ONG que facilita su traslado a Córdoba "la que nos manda información sobre cómo han evolucionado".

Según su experiencia, manifiesta que "la gente es muy solidaria aquí y hemos visto de todo; unas madres de acogida que son ejemplares, llegan a tener un vínculo muy grande con el niño, sufren mucho cuando hay que operarlos, cuando se van...". Son personas que "se vuelcan con toda su capacidad para cobijar al niño en esos momentos tan duros", añade el cirujano.

La enfermera gestora de casos es una figura fundamental en estos procesos, aunque trabaja de forma más habitual con niños inmigrantes que suelen ser enfermos crónicos. Los que traen las ONG en Córdoba "están respaldados por una gran familia de acogida y tienen sus cuidados garantizados, por lo que no hay un riesgo importante de que no se cumpla el tratamiento o no tenga los medios económicos y socioculturales que necesita", señala Lourdes Cabrera, una de las veteranas del Reina Sofía, ya que lleva 41 años en él y 12 como gestora de casos.

Por esto, su labor se centra en menores que necesitan una "dedicación continua y más exclusiva" ya que suelen estar sólo con su madre, que no conoce el idioma ni la cultura. Generalmente estos pequeños suelen necesitar trasplantes renales, hepáticos y pulmonares. Así, la principal tarea de Cabrera es "gestionar el caso del niño de forma que cuando llegue la familia al domicilio pueda continuar con sus cuidados, seguir con su medicación y rehabilitación y tener todo el material que necesita para llevar una vida saludable". Para eso se cerciora de que la madre sabe cuál es la dosis de medicación que le corresponde al niño y, como la comunicación es difícil, han desarrollado unos pictogramas, una cuadrícula en la que con dibujos como la luna o el sol diferencian el día de la noche.

Cabrera les da una educación sanitaria de forma que antes del alta comprueba que la madre sabe cómo conseguir la medicación y cómo administrarla. Además hace un listado de las citas médicas que tiene el paciente y las unifica para evitar que tenga que desplazarse varios días al hospital para que no haya más gasto de transporte, y también llama al centro de salud correspondiente para explicar la situación del niño a la enfermera gestora de casos y al pediatra por si en algún momento tienen que solucionar algún problema.

Una vez que se van del hospital hace un seguimiento telefónico casi a diario y les recuerda las citas médicas que tienen. Se trata de "dar el apoyo que estos niños necesitan y para eso lo primero es ganarse la confianza porque los padres llegan muy asustados e incluso algunas veces el sufrimiento y aislamiento social que tienen hacen que desconfíen y se pongan muy irritables". En resumen, su trabajo se basa en la acogida: "prácticamente nos hacemos sus amigos e incluso, en los años que llevo, algunos niños ya son familia porque dependen mucho de nosotros". Esta enfermera les da el número de su teléfono corporativo, donde está disponible de 08:00 a 15:00 de lunes a viernes, aunque hay veces que tiene que atender casos por la tarde o noche, al igual que los fines de semana. La forma de comunicarse ahora también es a través del Whatsapp, que tiene símbolos que facilitan el entendimiento.

Además de enseñar, esta profesional también ha aprendido grandes lecciones de las madres que acompañan a sus hijos. Son mujeres que "tienen un sufrimiento espiritual enorme" pero a su vez "lo dan todo". Cabrera explica que algunas han tenido que dejar en Marruecos a otros hijos, a su familia, y se han venido solas con su niño "a meterse en un piso y estar aquí de por vida prácticamente solo con el dinero que le proporcionan los Servicios Sociales". Esta enfermera incide en que "la valentía y el coraje de esas mujeres que anteponen sus hijos a todo, y lo hacen sonriendo, no me lo enseña ningún libro, es una lección de vida y de renuncia a todo".

Las diferencias socioculturales son tan grandes que a veces los profesionales se sorprenden al ver a las madres porque el abrir el grifo del agua o encender la luz para ellas es algo asombroso, o el quitarse el pañuelo de la cabeza para estar más cómodas. Cabrera recuerda el caso de una mujer a la que el pasado año se le estaba haciendo un estudio para que fuera donante vivo de su hijo y su mayor preocupación era que tenía que ponerse desnuda delante de hombres, por lo que pidió, mediante la intérprete, "que todos los médicos que le buscara fueran mujeres". Para ellas hay "una barrera cultural enorme y para conseguir que el caso del niño vaya adelante esas personas se tienen que quedar en España de por vida prácticamente porque necesitan una medicación especial que sólo se aseguran estando aquí". Para ello, el Ayuntamiento, a través de la trabajadora social, les busca una vivienda.

Aunque algunas de estas historias no acaban bien porque el niño finalmente fallece, esta enfermera recuerda "con alegría todos los que han salido adelante, niños que ya son adultos y han conseguido estudiar aquí una formación profesional, que van a empezar a trabajar o están trabajando, que vienen al hospital y te abrazan; así ves que el cambio ha supuesto para ellos una mejora tremenda en salud y situación social", concluye.

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