La Gloria de San Agustín

De vuelta

  • Ya estamos en 2023 y ojalá sea ese año que siempre hemos deseado

Numerosas personas en la Fiesta de Nochevieja de Las Tendillas.

Numerosas personas en la Fiesta de Nochevieja de Las Tendillas. / Juan Ayala

Pues ya estamos aquí, en 2023, como el que no quiere la cosa, pero que ha llegado. Y espero que sea bonito este año y que nos traiga cosas grandes y buenas, que yo creo que nos lo merecemos, y algo más. La verdad es que me parece bonita la cifra, que es un número que me compraría para la Lotería, y eso que yo no gasto, pero ya saben ustedes lo que quiero decir. Que el nuevo año trae un llamativo envoltorio, y ojalá no sólo sea eso.

Estas pasadas navidades me lo he pasado muy bien, y también me he portado muy bien, que también puede ser compatible, aunque muchas veces no lo sea. Y es que ya saben lo que me pasó hace años, que estiré más de la cuenta lo que ahora los jóvenes llaman la tardebuena y que llegué muy malamente a la cena. Me prometí que no volvería a pasar, que no fui bonito lo que les hice a mi hermana y mi cuñado, que se habían pasado dos días comprando y cocinando y casi no los pude acompañar.

Y no se vayan a creer que no me gusta lo de la tardebuena esta, que me gusta para reventar, pero más me gusta que las cosas sean como siempre, y eso de llegar a la Nochebuena mareado, y un poco más, no me parece que sea muy bonito, ni mucho menos.

Por eso este año la cosa ha sido más tranquila, de estar en el barrio con mis amigos y vecinos, que San Agustín está ahora más hermoso que nunca, y eso que mi barrio nunca ha sido feo, ni mucho menos. Comimos algunas sardinas, que somos mucho de respetar las tradiciones, y anda que no sientan bien, y cuando ya vi que se juntaban demasiadas botellas de anís, de Rute por supuesto, como que salí corriendo, que me conozco y me temo.

En Nochevieja nos juntamos otra vez en el cocherón de la calle Montero, que la verdad es que allí estamos muy a gusto. Por lo menos treinta estábamos, que cada cual llevó un poquito de lo que fuera, que acabó siendo, como de costumbre, una auténtica barbaridad, que eso no había quien se lo comiera. Desde ya hace un tiempo, cenamos juntos y nos tomamos las uvas, que antes nos veíamos después, hasta que decidimos hacerlo así, que es mucho mejor, porque en realidad en mi barrio somos como una familia y eso es una maravilla, que hay que disfrutar como se merece.

En fin, que ya estamos en 2023 y ojalá sea ese año que siempre hemos deseado, en el que se cumplan todas las cosas que tenemos en la cabeza. Y que, sobre todo, no nos falte la salud ni las buenas compañías, que sentirse solo es de lo peor que te puede pasar en la vida. Seguro que lo pasamos en grande y lo disfrutamos, que me da buena pinta este año, y no lo digo con la boca chica.

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