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Cáritas, el germen de la caridad

  • La institución eclesiástica desarrolla varias iniciativas de inserción social y laboral y alerta de que faltan recursos para continuar con su actividad

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CáritasEl germen de la caridad

Dice el secretario general de Cáritas, Salvador Ruiz, que no pueden atender a más familias y se quedan en unas 20.000 en toda la provincia. Cáritas ha tocado techo en los últimos años, lastrada por la crisis y sus devastadores efectos sobre la economía de miles de personas. Pero aún así, la entidad eclesiástica sigue con su actividad con los recursos de lo que dispone y emprende cuantas iniciativas le son posibles poner en marcha para ayudar, dar caridad y ofrecer iniciativas de inserción laboral y social a quien más lo necesita.

En esas están y hace poco menos de un año crearon, a través de Solemcor, la iniciativa empresarial Dorcas, a la postre un taller de costura en el que trabajan cuatro mujeres. Una de ellas es Custodia Matés, que durante 21 años trabajó en una gasolinera. Sí, así pasó más de dos décadas cuando de un día para otro la empresa acordó un expediente de regulación de empleo y se vio en la calle. En el mismo mes, su marido también se vio en el paro. Así pasó cuatro años, sin trabajo, con dos hijos y sin que entrara ningún sueldo en su hogar. Custodia, que ahora tiene 45 años, confiesa que hasta ese momento "no sabía nada de costura" y ahora es capaz de hacerse su ropa. La situación fue empeorando hasta que no le quedó más remedio que acudir a la parroquia del barrio de Las Margaritas, donde vive. "Piensas que no te va a pasar, pero pasa", asegura, al tiempo que reconoce que eso de tener que ir a Cáritas para pedir ayuda "no me daba vergüenza, lo siguiente, y también pedir la tarjeta del economato". "Acudía todos los días a buscar trabajo y no encontraba nada", relata. Esta vecina de Las Margaritas lo intentó cada día hasta que acudió a la parroquia del barrio y "la trabajadora social me dijo que había un curso de costura", expone. Ahora su vida es más tranquila porque además de su trabajo en Dorcas, su marido también ha encontrado un empleo. Dice que al conocer todos los proyectos que realiza Cáritas no ha tenido reparos en poner este año la X en la declaración de la Renta porque "es verdad todo lo que hacen". "La gente no lo aprecia porque no tiene necesidad, pero a mí Cáritas me ha abierto las puertas", sostiene y añade que "los que trabajan no tiene crisis".

Rosa María Laguna es la jefa del taller. Modista de toda la vida, fue despedida de su trabajo y de la noche a la mañana se vio en una evidente situación de exclusión social. "Estaba bastante mal y tuve que ir a pedir ayuda a la parroquia de Cañero". La capacidad de superación de Rosa María está a prueba de bombas porque durante todo el tiempo que estuvo en el paro "hice muchos cursos, hasta de asistencia a domicilio y de camionera", detalla. Es más, gracias a este último curso logró empleo de camionera "durante dos años en Solemcor". En Cáritas, continua, "me han dado una oportunidad muy grande". Madre de dos hijos, ahora es la responsable de Dorcas y tras "haberlo pasado bastante mal" durante demasiado tiempo, destaca la labor que desarrolla la institución eclesiástica porque "me han dado una oportunidad muy grande y aquí me dejan hacer mi trabajo". Cáritas, expone, "representa estabilidad y que en mi casa haya felicidad".

Además de este taller de confección de ropa, Solemcor y Cáritas Diocesana también tienen otro proyecto en marcha. Es el restaurante escuela Tagba, desde el que también forman profesionalmente a jóvenes en el sector de la hostelería y que se encuentran en situación de exclusión social. El nombre del establecimiento se debe a que es el espacio en el que, según cuentan los Evangelios, se produjo el milagro de los panes y los peces. En él ahora trabaja Agustín García, vecino del Parque Cruz Conde. Agustín trabaja como ayudante de cocina y cuenta que accedió a este puesto de empleo tras realizar un curso de Cáritas. A sus 41 años, este cordobés bien conoce los efectos de la crisis, ya que pasó de ganar "mucho dinero" a quedarse en el paro. Su historia comienza cuando era un adolescente. Al concluir octavo de la extinta EGB comenzó a trabajar como solador. Desde entonces no paró, siguió trabajando, ganó mucho dinero y formó una familia. Así hasta 2011, en plena crisis perdió el trabajo, pero encontró otro como camarero hasta 2015. Aquel año, se acabó su etapa laboral y recuerda que entonces "ya no había trabajo". Agustín comenzó a buscar ayudas en todas partes hasta que, según cuenta, "me enteré en la iglesia de San Pelagio que había cursos de formación de Cáritas". "Me apunté y fue una decisión dolorosa porque no estaba acostumbrado", confiesa. Su paso por el curso de formación en el sector de la cocina dio un vuelco a su vida y nada más acabarlo encontró trabajo como cocinero en una residencia de ancianos durante dos meses. El trabajo siguió llamando a su puerta tras el citado curso y, nada más acabar en la residencia comenzó a trabajar en Tagba, donde estará hasta el próximo mes de agosto. "La labor que hace Cáritas es muy buena y nos da oportunidades a personas sin medios y sin estudios", anota, al tiempo que subraya que en todo este tiempo ha aprovechado para seguir estudiando y sacarse el título de Secundaria.

Carlos Ortega y Rocío Gómez, por su parte, son dos de los empleados de Solemcor. En su caso, en el área de recogida de cartón. Carlos tiene dos rutas semanales: una por Levante y otra por Santa Rosa, aunque por las tardes acompaña a Rocío en la zona Centro. Carlos, de 54 años, se dedicó durante dos décadas al negocio de la platería hasta que la crisis y la falta de ingresos llegó. Después de 20 años de trabajo comprobó que "tengo cotizados -a la Seguridad Social- nada más que siete años-". Así, recurrió a Cáritas "porque tenía una deuda de 4.500 euros al INEM en un cobro indebido y debía siete meses de casa". Durante tres años estuvo en el paro y en su casa no entraba ningún ingreso, hasta que recibió la llamada de Solemcor -tras dejar su currículum- y empezó a trabajar "el 16 de febrero del año pasado", expone. "Volver a trabajar ha sido increíble, no lo esperaba", asegura, al tiempo que destaca la importancia de la actividad que lleva a cabo Cáritas, de la que asegura que al final "es una familia en la que todos nos ayudamos hacia adelante".

Rocío, por su parte, tiene cuatro hijos y 31 años. Su sueldo es el único que entra en su casa, desde hace apenas poco más de quince días, gracias al contrato de Solemcor. Cuenta que ella no quería ayuda, que lo que quería era trabajar, porque ya recibía alimentos de Cáritas. Con este trabajo dice que le ha tocado "la lotería; te da libertad y te quita de estar pidiendo".

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