Blas García | Presidente de la Fundación Prode “La sociedad no es consciente de la vulnerabilidad del discapacitado”

  • Dirige una entidad que acaba de ser premiada por su labor social y solidaria, que ha contribuido a la superación de barreras para la integración de las personas y colectivos con más dificultades

El presidente de Fundación Prode, Blas García. El presidente de Fundación Prode, Blas García.

El presidente de Fundación Prode, Blas García. / Juan Ayala

Blas García comenzó hace exactamente dos décadas –en 1999– a trabajar en la Fundación Prode, la organización sin ánimo de lucro que, nacida en Pozoblanco en 1984, se dedica a la promoción laboral y social de personas con discapacidades, sobre todo, intelectuales. Desde su vicepresidencia primero y ahora desde la presidencia, ha contribuido a generar calidad de vida, bienestar y felicidad en ese tipo de personas y en sus familias. “De alguna forma, en Prode hemos conseguido mucho, porque la situación de estas personas era muy precaria, horrorosa, y ya no lo es tanto, pero nos queda mucho trecho aún para que estas personas puedan tener unos condiciones de igualdad respecto al resto de los ciudadanos”, defiende.

–Acaba de conmemorarse, el pasado 3 de diciembre, el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, ¿cómo cree que la sociedad en general percibe al discapacitado?

–Creo que la sociedad en muchos casos no es consciente del grado de vulnerabilidad del sector de la discapacidad. Los datos hablan por sí solos. El porcentaje de riesgo de pobreza de las personas con discapacidad está en torno al 38%, lo que es una barbaridad. Y en el caso de la discapacidad intelectual y la enfermedad mental, el desempleo está por encima del 43%. Creo que la sociedad no percibe esta situación tan dramática. Trabaja una de cada cuatro personas con discapacidad, lo cual es gravísimo. Se está impidiendo el desarrollo personal de todo este colectivo.

–Hace unos días CCOO exigía que las empresas cumplan con el 2% de contratación a personas con discapacidad que marca la ley ¿Cambiará eso alguna vez?

–Afortunadamente, con la Ley de Contratos del Sector Público, aprobada en marzo del año pasado, está cambiando esa situación. Con esa normativa, las empresas de más de 50 trabajadores deben reservar ese 2% para personas con discapacidad y, si no lo hacen, no pueden acceder a ayudas públicas ni a trabajar para la Administración pública. Y, la verdad, la Administración suele ser un cliente de gran interés al que no creo que quieran renunciar. Ahora, al igual que exigen para cualquier tipo de subvención, licitación o concurso estar al corriente en los pagos a la Seguridad Social y a Hacienda, también se exige estar al corriente con la Ley General de Discapacidad en cuanto a ese 2% de reserva. Antes de esa ley, el 85% de las empresas no cumplían ese porcentaje.

–Pero se sigue incumpliendo ese 2%. CCOO lamentaba además la “opacidad” que existe en la Administración al respecto y reclamaba inspecciones y sanciones a quien incumpla.

–La verdad es que sensibilidad por parte de la empresa ordinaria a la hora de esas contrataciones hay muy poca. Solo tenemos que ver el número de personas que contrata la Administración pública en empleo con apoyo y el que se contrata en empleo protegido, que es con centros especiales de empleo; estamos hablando de un 80%-20%. Es que es muy poco lo que la empresa ordinaria tira de la persona con discapacidad a la hora de contratar. Y también hay otra cosa importante, esta norma regula además que toda Administración pública debe reservar un porcentaje de su presupuesto libremente para centros especiales de empleo de iniciativa social, esto es sin ánimo de lucro, con lo cual, todo ayuntamiento, Diputación y comunidad autónoma tienen que decidir ese porcentaje que es por ley. Pues bien, la mayoría no es que no lo hagan, es que desconocen esta norma, lo que es lamentable.

–¿La ley protege lo suficientemente al discapacitado o queda aún mucho camino por recorrer?

–Una persona con discapacidad, para ser feliz, necesita tener cubiertas unas necesidades, igual que cualquier otra persona. Hablamos de alojamiento, de ocio, de empleo. A mi juicio, a la ley le queda mucho recorrido. Desde Fundación Prode defendemos mucho la orientación, la formación, la ocupación y el empleo de las personas, fundamentalmente, con discapacidad intelectual y enfermedad mental, porque son las dos situaciones que se encuentran en mayor desventaja respecto al resto de la población.

–Respecto al alojamiento, tengo entendido que ustedes son totalmente contrarios a que el discapacitado esté en una residencia.

–En efecto, somos absolutamente contrarios a ese tipo de servicios porque en ella la gente vive masificada y acaba por sentirse sola, sienten que no son libres para decidir la mejor manera de vivir. ¿Por qué una persona con discapacidad no puede vivir en la Corredera? ¿por qué no puede vivir en el Casco antiguo? ¿por qué no puede vivir donde le dé la gana? Y estoy hablando de plazas de alojamientos concertadas con la Junta, pero ese modelo no existe, eso no está regulado por norma aquí en Andalucía, cuando no sale más caro que una plaza de residencia de adultos o una plaza de vivienda tutelada. Sale incluso más económico contando con unos apoyos socioeducativos e independientemente de que pueda requerir en cada caso apoyos domiciliarios. Pero eso no existe, por tanto estamos negándole a las personas con discapacidad intelectual la posibilidad de que vivan como la mayoría de las personas vivimos, eligiendo si quieren vivir solas, acompañadas de una pareja, acompañadas de sus padres o como quieran vivir.

El presidente de Fundación Prode, Blas García. El presidente de Fundación Prode, Blas García.

El presidente de Fundación Prode, Blas García. / Juan Ayala

–¿Y qué queda que mejorar respecto al empleo de las personas con discapacidad?

–Si nos vamos al tema del empleo, las necesidades son escandalosas. Los recursos que necesita una persona con discapacidad intelectual o enfermedad mental no están a sus disposición. Nosotros somos defensores de un modelo que implica la formación dual. Estamos hablando no de la formación dual como se entiende desde Educación, hablamos de un modelo desde el empleo y a partir de los 21 años. Sabemos cómo se hace porque hay otras comunidades autónomas que ya lo están haciendo. Estas personas, que han abandonado el sistema educativo. requieren tener una certificación profesional para poder acceder al mercado laboral y como no tengamos la forma de que puedan acceder a esa certificación estamos condenándolas a no acceder.

–¿En qué consiste esa formación dual a partir de los 21 años?

–Esa formación dual se reparte durante tres años en un 80% en trabajo y un 20% en teoría, formación con la que adquieren la certificación profesional. Esto es a través de contratos de formación y aprendizaje. En nuestro caso, Fundación Prode lo que hace es crear el empleo. No se limita a la formación. De hecho, tenemos a 104 personas con discapacidad intelectual y enfermedad mental trabajando de las 300 que tenemos con discapacidad, de una plantilla de 500 y pico. La persona, para sentirse feliz, necesita sentirse útil, que tenga una remuneración económica, y que vea que la sociedad le reconoce lo que hace. Al fin y al cabo eso es lo que buscamos todos con un trabajo. Y resulta que el mayor número de personas con discapacidad intelectual se encuentra en centros de día ocupacionales, con manualidades y con actividades que no tienen nada que ver con un empleo real. Eso concepto hay que cambiarlo.

"Que digan que los discapacitados son privilegiados sociales me perece inmoral y una gran barbaridad”

–¿Y cómo se cambia?

–Tiene que haber flexibilidad. Hay casos de personas que cuando están en un centro ocupacional tienen la oportunidad de trabajar en una empresa unos meses y que renuncian a ese trabajo pensando que cuando finalice y quieran volver al centro ocupacional se van a encontrar las puertas cerradas porque han perdido la plaza. Insisto, tiene que haber flexibilidad entre centros ocupacionales, la formación y el empleo. Una persona perfectamente podría estar formándose, estar a la vez un número de horas en ocupación y en un momento dado también estar un número de horas trabajando. Vamos a flexibilizar la ley, es que no tiene sentido ninguno esa rigidez.

–Supongo que habrá escuchado alguna que otra vez defender que las personas con discapacidad tienen más privilegios sociales que las personas sin discapacidad, ¿qué opina al respecto?

–Me parece la barbaridad más grande del mundo. Las estadísticas están ahí. Los porcentajes de exclusión social y de pobreza de las personas con discapacidad, su realidad en cuanto al empleo, son datos que hablan por sí solos. Que a mí, por ejemplo, me vengan diciendo que hay subvenciones que hacen que en un momento dado los centros especiales de empleo puedan competir de forma desleal con las empresas, como a veces se escucha, es una barbaridad tal que acabo echándome las manos a la cabeza. Es más, lo contextualizo como inmoral. Mire, en Pozoblanco, Fundación Prode tiene la friolera de 11 viviendas tuteladas. Tenemos a 68 personas viviendo en viviendas. En Córdoba, por ejemplo, no hay ni una sola vivienda para personas con discapacidad intelectual. Prode, para esa necesidad que hay para la discapacidad intelectual y la enfermedad mental en cuanto a acceso a una vivienda y al empleo hemos creado el área sociolaboral. Y tenemos que estar buscando fondos por todos sitios, de instituciones bancarias, de empresas, de administraciones públicas...nos tenemos que estar partiendo todos los días la cabeza para generar los fondos. Pensamos que la persona con discapacidad se tiene que costear su comida y su alojamiento, como todo hijo de vecino. Nosotros le damos empleo y con su salario paga su arrendamiento y su manutención. Pero esa persona necesita unos apoyos, una necesidad por encima del resto de la ciudadanía. Ahí es donde hay que buscar cómo se prestan esos apoyos desde la Administración pública para que esas personas puedan vivir en condiciones de igualdad con el resto de ciudadanos. Nada de privilegios.

–Recientemente las Asociaciones y Fundaciones Andaluzas (AFA) han reconocido a Fundación Prode con un premio por “su acción social y solidaria, que ha contribuido a la superación de barreras para la integración de las personas y colectivos con más dificultades”. ¿Qué supone este reconocimiento para ustedes?

–Evidentemente, para nosotros es un honor que una institución de ámbito andaluz con el carácter que tiene AFA nos haya estimado. A nosotros un reconocimiento como éste nos fortalece en el propósito que tenemos de hacer felices a mucha gente con discapacidad y de promover oportunidades de empleo para mucha gente con discapacidad. Pero para nosotros es además mucho más que un premio.

–Mucho más que un premio, ¿en qué sentido?

–Nosotros, ciertamente, a nivel de Córdoba y a nivel andaluz no hemos sido muy proclives a darnos a conocer. No obstante, en nuestro último plan estratégico se decidió que teníamos que buscar determinados reconocimientos para ello. En concreto, se dijo que teníamos que tener un reconocimiento por año. Eso no es porque nos guste aparentar, es que tras esos reconocimientos vas a tener más facilidad para conseguir recursos al llamar a muchas puertas. Desde entonces se ha empezado a acudir a convocatorias de este tipo. Y para nosotros este premio supone cumplir eso que nos hemos propuesto de darnos a conocer.

El presidente de Fundación Prode, Blas García. El presidente de Fundación Prode, Blas García.

El presidente de Fundación Prode, Blas García. / Juan Ayala

–Las cifras de Prode están ahí. Ofrecen alojamiento a centenares de personas con discapacidad y les proporcionan empleos; además de las líneas de negocio que tienen abiertas... ¿llegan a sentirse saturados de tanto trabajo?

–En Fundación Prode intentamos que lo que hacemos no se considere como un trabajo, sino como una manera de entender la vida. Creo que todos intentamos ser felices y la manera, a mi juicio, de ser felices es poner nuestros dones al servicio de los demás. Es lo que estamos haciendo y precisamente ante un colectivo tan vulnerable como es el de la discapacidad y, sobre todo, el de la discapacidad intelectual y la enfermedad mental. Evidentemente tenemos un volumen de dedicación inmenso porque hemos entrado en empleo, en educación, en salud, en sanidad, en ocio…en todas las facetas de la vida. Tenemos 23 unidades de negocio abiertas, lo mismo tenemos gasolineras, que hoteles, fabricación de biomasa, venta de vehículos seminuevos, taller mecánico, una empresa de programación informática…pero es porque no nos ponemos límites a la hora de conseguir nuevas oportunidades de negocio para dar empleo a las personas con discapacidad.

–¿Cómo se toman las otras empresas esa competencia?

–Sabemos que hay sectores empresariales para los que no es de su agrado que seamos competitivos, porque, bueno somos fuertes y quieras que no les hacemos competencia. Pero cuando surgen este tipo de situaciones siempre digo que “cuando tengamos dudas, vamos a mirar a la misión”, y se nos aclara todo, y eso es lo que a nosotros nos tiene que importar, no el juicio de personas que un momento dado tienen unos intereses muy ajenos a los que nosotros perseguimos. Esos intereses pasan por hacer mientras más caja mejor, algo que es muy legítimo, pero nuestro objetivo es otro. Tenemos mucho por hacer y bendito sea. Sinceramente a mi gente le digo que somos los seres más privilegiados del mundo por hacer lo que estamos haciendo.

–Supongo que ese “mucho por hacer” que les queda pasa también por el trabajo a realizar en la sede que acaban de abrir en Córdoba capital.

–No nos ponemos fronteras ni límites. Hemos conseguido en la parte del Norte de la provincia, con una limitación enorme de población, un desarrollo como lo hay en pocos sitios, me refiero a que en tan poco espacio tenemos la totalidad de centros a los que una persona con discapacidad puede acceder, y 500 puestos de trabajo. Cuando la crisis, en 2008, se hizo un análisis de situación, se dijo no interesa depender tanto de la Administración pública, interesa tener más clientes, porque eso es un riesgo grande, nos interesa diversificar, tanto en actividades como en número de clientes. Por ejemplo, el Valle de Los Pedroches tiene 54.000 habitantes. Ésto de lo que estamos hablando no se podría hacer con ese número de población, por lo que se decidió ampliar el territorio siempre que no le pisemos terreno a nadie. Nosotros lo que intentamos hacer son cosas que no hace nadie y se decidió entrar en Córdoba capital, pero no solo en Córdoba capital. Hay un principio, un valor de nuestra organización que es la universalidad, del fruto de nuestro trabajo debe beneficiarse cualquier persona con discapacidad, sea de donde sea. En la nueva sede de la avenida del Aeropuerto de Córdoba capital ya están todas nuestras empresas funcionando y lo que queremos es desarrollar nuestros dones, nuestras capacidades, donde sea necesario para cumplir la misión de la organización. Creemos que el desarrollo en la zona Norte ya está saturado, ese desarrollo lo queremos también llevar a cabo en toda Andalucía. No tenemos en ese aspecto fronteras.

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