El fotógrafo de Minamata | Filmin y Movistar+

El compromiso y el ego

Johnny Depp es Eugene Smith en 'El fotógrafo de Minamata'.

Si es usted de los que ya han condenado a Johnny Depp después de las acusaciones de abuso y violencia contra mujeres que circulan por la plaza digital del pueblo sin prueba ni sentencia algunas, El fotógrafo de Minamata no es su película para esta tarde-noche.

La cinta sigue los pasos del afamado fotoperiodista Eugene Smith (1918-1978), autor de algunas emblemáticas imágenes del siglo XX, entre ellas aquella The walk to Paradise Garden (1946) fue daría carta de naturaleza al nuevo humanismo de posguerra, en la que sería su última aventura profesional en Japón, a donde acudió en 1971 como enviado de la revista Life para revelar al mundo con su cámara las enfermedades físicas y neurológicas derivadas de la contaminación con mercurio provocada por la empresa química Chisso en la zona de la Bahía de Minamata.  

Aquel acontecimiento y las protestas de los ciudadanos contra la empresa y sus responsables fueron filmadas por Noriaki Tsuchimoto para varios documentales, cuyos materiales también forman parte de este filme que se centra en el retrato estereotipado del fotógrafo comprometido, gruñón, solitario y en horas bajas al que Depp parece prestar encantado su gusto por el disfraz, la imitación y el despliegue de facultades en una serie de escenas que parecen escritas para su lucimiento frente al elenco local japonés.

Con todo, el filme de Andrew Levitas no deja de destilar un cierto aroma a telefilme didáctico y bienintencionado en unas formas bastante planas cuando no algo efectistas en las que sobresale (a veces demasiado) la banda sonora de Ryuichi Sakamoto como suplemento emocional a unas imágenes que, en su retrato del dolor, el sufrimiento y la heroicidad comprometida del americano noble, no terminan de llegar con la fuerza y la intensidad que debieran.