Crítica de Teatro

Cuando el momento está más cerca

'La velocidad del otoño'. 'La velocidad del otoño'.

'La velocidad del otoño'. / carmen cremades

Lleno absoluto en el Gran Teatro el pasado fin de semana para recibir La velocidad del otoño, obra del joven dramaturgo Eric Coble. Estrenada en 2014 en Broadway y tras el éxito obtenido allí, recibiendo su protagonista una nominación a los premios Tony a la mejor interpretación femenina, llega a los escenarios españoles. Bernabé Rico firma la adaptación al castellano, Magüi Mira la dirección y la pareja formada por Lola Herrera y Juanjo Artero la interpretación.

Toda la acción transcurre en el lujoso y céntrico piso de Alejandra, una mujer de 81 años que se niega abandonar su hogar pese a la insistencia de sus hijos por llevarla a un lugar donde, según ellos, será mejor atendida. La oposición de Alejandra llega a tal extremo que decide encerrarse rodeada de botellas con líquido inflamable y amenaza con quemar el edificio si alguien pretende sacarla por la fuerza. Ante el dramatismo de la situación, Cris, su hijo favorito, al cual no ha visto en 20 años, se cuela por la ventana del salón para disuadirla. En el arduo proceso de negociación madre e hijo transitarán de la tensión inicial y los reproches habituales hacia otros estadios en los que compartirán recuerdos, confidencias, risas y lágrimas para al fin terminar reconciliados y abiertos a vivir una nueva etapa juntos.

La producción cuenta con una escenografía acertada, tratada con sencillez, marcada por un puñado de detalles reveladores de la personalidad de la protagonista, donde solo existen algún que otro cambio de luz o la inclusión de alguna pieza de ópera en los momentos en que la acción requiere mayor intimidad. Un montaje indicado para aquellos profesionales con capacidad suficiente para llenar el espacio con su interpretación, algo que sin lugar a dudas Lola Herrera y Juanjo Artero cumplen de manera sobrada. Tal es la complicidad que tienen sobre las tablas que el público disfruta con cada matiz que aplican a sus personajes y cada noche celebran su reencuentro acabando la representación unidos en un vals que parece hacer un guiño a aquellas Seis clases de baile en seis semanas, obra que los unió artística y sentimentalmente. Magüi Mira aporta su sensibilidad especial para combinar todas las piezas y acompañar con sutiles pinceladas a esta pareja de profesionales enormes.

La velocidad del otoñoes un retrato sobre el papel que ocupan las personas mayores en la sociedad occidental y cómo se transforman en piezas obsoletas incapaces de seguir el ritmo de la maquinaria de los tiempos modernos. Desgraciadamente y cada vez más, la solución a este problema es decidir por ellas, despojándolas incluso de su dignidad. Lo irónico del asunto es que los que hoy ejercemos de jueces en el futuro con seguridad recibiremos la misma sentencia.

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