La Orquesta recibe a Miquel Ortega en su noveno concierto de abono

  • El programa de la cita, esta noche en el Gran Teatro, está integrado por la obertura de 'La novia vendida' de Smetana, el 'Concertino nº 4 para trombón' de David y la 'Sinfonía nº 6' de Dvorak

La Orquesta de Córdoba. La Orquesta de Córdoba.

La Orquesta de Córdoba. / el día

Smetana, David y Dvorak integran el programa del noveno concierto de la temporada de abono de la Orquesta de Córdoba (Gran Teatro, hoy a las 20:30), bajo la batuta de su principal director invitado, el barcelonés Miquel Ortega, que protagonizará también, en este caso como compositor, la última cita del curso, los días 15 y 16 de junio, con el estreno de su Suite de danzas iberoamericanas.

La velada de esta noche arranca con la obertura de La novia vendida de Bedrich Smetana, "una de sus obras maestras", destaca Ortega, "una ópera cómica, porque él venía de escribir una muy dramática y quería huir de ese tópico". La obertura "es una pieza sinfónica que se interpreta mucho en conciertos por la calidad que tiene". En este caso "hizo al revés que muchos compositores, usa motivos de la obertura en la ópera, a posteriori: normalmente era al contrario, se escribía la ópera y luego la obertura, que recogía algunos de los motivos". La novia vendida fue originalmente una opereta con diálogos hablados y números musicales. Celebró su estrenó el 30 de mayo de 1866 en el Teatro Provisional de Praga sin gran repercusión. Revisada y ampliada en los siguientes cuatro años, cuando se reestrenó la versión final en 1870 ganó rápidamente popularidad y no solo en su país, ya que durante mucho tiempo fue la única ópera checa en el repertorio general.

La Orquesta interpretará a continuación, con Juan Manuel Morat como solista, el Concertino nº 4 para trombón y orquesta, en mi bemol de Ferdinand David, una de las obras más sobresalientes de su repertorio, como destaca Ortega: "Es, si se me permite la expresión, muy belcantista, porque por la época en que lo escribe hay muchos ecos de la ópera. De hecho, hay momentos en que el trombón parece más un cantante que un trombón, por cómo están escritas las frases. En algunos casos parecen recitativos operísticos, que es algo que también está presente en la Novena de Beethoven. Técnicamente, para el trombón es una obra bastante comprometida". Morat (Cullera, 1971) es miembro de la Orquesta de Córdoba, labor que alterna con clases pedagógicas, recitales y conciertos de cámara.

Y tras el descanso, la Sinfonía nº 6, op. 60, en re mayor de Antonín Dvorak, una obra, señala Ortega, "considerada por los eruditos de la música como un punto de inflexión" en la trayectoria del compositor: "En la Sexta empieza su verdadera madurez. Es ya una obra maestra, y no quiere decir esto que las cinco anteriores no sean buenas. Él consideraba las dos primeras un poco obras de prueba, pero tienen ya una evidente calidad. De hecho, quiso nombrar la Tercera como la Primera, si bien al final no fue así". El primer movimiento de la Sexta, como elemento curioso, "tiene la típica repetición de la exposición escrita, pero dijo que no había que hacerla porque lo alargaba innecesariamente, si bien en alguna grabación todavía aparece". Compuesta en 1880, fue estrenada el 25 de marzo del año siguiente en Praga bajo la dirección de Adolf Cech.

Respecto a la situación actual de la Orquesta, que cumple 25 años, Ortega aprecia que "sigue habiendo algunas lagunas, puestos que habría que cubrir: es una necesidad urgente". "Siempre he visto que es una orquesta en evolución en sentido positivo y tiene algo muy importante, aunque suene como una boutade: es una orquesta a la que le gusta la música. A veces he tenido la sensación contraria con otras orquestas", añade el catalán, que ha dirigido en el Gran Teatre del Liceu y el Palau de la Música de Barcelona y el Teatro Real, el Teatro de la Zarzuela y el Auditorio Nacional en Madrid, así como en Rusia, Ucrania, Alemania, Escocia, Italia, Francia, Rumania, Estados Unidos y otros países. Ha grabado discos con cantantes de la talla de Montserrat Caballé, Jaume Aragall y Carlos Álvarez.

Para Ortega es "un honor" que la Orquesta de Córdoba estrene su Suite de danzas iberoamericanas, "porque le tengo mucho cariño por muchas razones, sigue amando la música, es una de las primeras a las que dirigí y se estableció un vínculo casi afectivo". "Con esta obra -explica- pretendo que la gente se divierta, con una música de extracción popular. He estudiado estas danzas, la zamba argentina, la cumbia colombiana, el corrido mexicano..., para plasmar su carácter real, como si fueran danzas del pueblo. Son originales míos, pero he intentado que haya unos temas casi reconocibles para la gente, que sea una música que parezca que se puede haber oído en cualquier momento. He querido que sea una música muy directa para el público y para los músicos, aunque también hay momentos en los que complico un poco el discurso". Formará programa con la Séptima de Beethoven.

En su análisis del panorama orquestal español, Ortega cree que hace aproximadamente dos décadas "se llegó a un punto muy alto" y que el nivel ha descendido, "no por culpa del colectivo musical sino de quienes llevan las riendas del país: se ha prestado muy poca atención a la cultura, y es una pena porque en este país hay muchísimo talento".

Junto a otros proyectos para los próximos meses, Ortega estrenará en octubre en el Teatre Nacional de Catalunya la ópera de cámara Después de mí, el diluvio, para cinco instrumentos y dos cantantes. En febrero estrenó en Nueva York su ciclo de canciones Pascua florida, que pronto llegará a España.

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