Josep M. Rodríguez sitúa la memoria en el centro de su poesía en 'Sangre seca'

  • El catalán presenta la obra con la que obtuvo el pasado año el premio Ricardo Molina

Josep M. Rodríguez sitúa la memoria en el centro de su poesía en 'Sangre seca' Josep M. Rodríguez sitúa la memoria en el centro de su poesía en 'Sangre seca'

Josep M. Rodríguez sitúa la memoria en el centro de su poesía en 'Sangre seca'

Hay algo de "regreso al origen" en Sangre seca, el libro con el que Josep M. Rodríguez logró el XXIV Premio de Poesía Ciudad de Córdoba Ricardo Molina y el primero de sus poemarios "en el que la memoria tiene un peso importante". Así lo señaló ayer el catalán en la presentación de la obra en la Feria del Libro, en la que estuvo acompañado por el teniente de alcalde de Cultura del Ayuntamiento, David Luque, y el cantante Lin Cortés.

Si en la edición anterior el trofeo se lo llevó Javier Fernández con Canal, un libro "de ritmo poético intenso, un golpe de realidad", anotó Luque, que lo comparó con "una folha seca", en 2016 le correspondió a un poemario "más intimista, que va de lo personal a lo global" y que conviene leer "con pausa". Ha sido publicado por Hiperión y cuenta con un epílogo de Joan Margarit.

Rodríguez, que celebra "la apuesta" del Ayuntamiento de Córdoba "por la poesía", en tiempos en los que "no parece fácil" este tipo de conducta, comenzó su intervención con un recuerdo a Eduardo García y una evocación de su infancia: fue un niño con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) en un pueblo en el interior de Cataluña en el que nadie tenía idea "de lo que era eso". La música y los libros le ayudaron a crecer, y cuando tuvo que elegir para encauzar su futuro optó por las letras: la filología: "Soy filólogo, o sea, pobre".

Escribía canciones para sus amigos y un día esas canciones se convirtieron en poemas. Y fue a finales del pasado año, en un viaje a Israel para participar en un festival de poesía y música, cuando se le ocurrió anudar estas dos disciplinas ("regresar al origen") en las presentaciones de su nuevo poemario. De ahí que ayer el acto contara con la voz y la guitarra de Cortés.

"La literatura es un tren enorme y cada poeta es un vagón nuevo", ilustró Rodríguez, que se considera "un enano subido a hombros de gigantes" entre los que citó a Lorca, Eliot, Rimbaud, Baudelaire y Garcilaso: "Parto de la tradición literaria y a partir de ahí añado". Y eso, considera, es lo que hace Cortés con el flamenco: "Es lo que los modestos intentamos hacer".

El poeta recitó para el público algunos poemas del libro, empezando por el final, Antes y después. En Fundido en negro recuerda su primer contacto con la muerte y en A este lado del río reflexiona sobre la juventud perdida. Su objetivo como poeta es "decir el máximo de cosas con la máxima sencillez, brevedad y economía: no hace falta disparar tres flechas si la primera da en la diana".

Recordó que en algún momento se le presentó una duda: escribir en catalán o en español, y Luis Antonio de Villena le recomendó que se centrara en una. Eligió el español pero de vez en cuando regresa al catalán. Por ejemplo, en Historia natural, incluido (en versión bilingüe) en Sangre seca aunque no formó parte del original enviado al premio.

El jurado, integrado por Pablo García Baena, Antonio Lucas, Jesús Munárriz, Aurora Luque y Guadalupe Grande, destacó de la obra que "tiene una voz muy fragmentada y una voluntad muy fragmentaria en su forma de disponer las inquietudes, las zozobras y también los entusiasmos del autor". "Un libro que se maneja en versos cortos, que tienen una voluntad casi aforística en algunos momentos pero que van completando el discurso, la galaxia de esta obra que tiene una condición muy orgánica", en palabras de Lucas.

La jornada de ayer en la feria contó también con la presencia de Care Santos, que presentó Media vida (Destino), la obra con la que el pasado enero logró el premio Nadal. Una novela surgida del encuentro con antiguas compañeras del colegio a las que no veía desde hacía décadas. Otro momento musical llegó con Ricardo Lezón, miembro del grupo McEnroe, que abrió la sesión vespertina con la poesía de Los minúsculos latidos (Bandaàparte). La caseta de firmas recibió, entre otros, a Marta Jiménez, que dedicó ejemplares de Yo, Bill Murray (Bandaàparte), y María José Fernández Marchena dirigió un taller de cocina infantil.

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