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El amargo trago final (1-4)

  • Con una desidia alarmante y una falta de intensidad defensiva que ya se repite con demasiada frecuencia, el CCF se despide de la Copa con horribles sensaciones de cara a lo que está por venir

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Se acabó la Copa para el Córdoba. El conjunto de Luis Carrión sufrió un tremendo varapalo ante el Tenerife y se despidió del premio de recibir a un equipo de Primera División de manera estrepitosa, dejando además una imagen lamentable que poco o nada ayudará para el futuro más inmediato al cuadro cordobesista. Como si de un joven inexperto que sale de fiesta con sus amigos se tratara, el Córdoba se encontró pletórico de inicio, se creció más de la cuenta y recibió un golpe severo. Un último trago amargo y fatal que le hizo tambalearse y que anula por completo la buena imagen dada el pasado domingo en liga, por mucho que aquellos tres puntos tengan más valor para el técnico y la plantilla que el pase a la siguiente ronda copera. Apenas 15 minutos duró el CCF sobre el césped, pues cuando empezaron las dificultades, los blanquiverdes tuvieron una de esas desconexiones que vienen sucendiéndose demasiadas veces -ya pasó en Barcelona o en Lorca, en la anterior ronda de Copa- y que acaban de la peor manera posible, con un resultado en contra, la afición desencantada y el entrenador enfadado.

A pesar de que en la previa el técnico blanquiverde avisó de que su intención era sacar un equipo competitivo para luchar por pasar la eliminatoria, la lógica se impuso y hasta diez cambios presentó el Córdoba respecto al equipo que el pasado domingo batió al Tenerife (2-0). Sólo Josema, fijo como central zurdo y sin recambio aparente en el plantel, repitió ante el cuadro isleño. En cuanto al posicionamiento, el equipo arrancó con un 4-2-3-1 atípico, pues Carlos Caballero partía desde la banda derecha, aunque con mucha tendencia a jugar por dentro y dejar todo el carril diestro a Loureiro. Tanto cambio, como era lógico, terminó por notarse, aunque no de inicio.

Quizás con la efervescencia del choque del pasado domingo todavía en el cuerpo, el Córdoba tuvo una puesta en escena bastante animada. Tanto que el guión fue el mismo del encuentro liguero ante los chicharreros: balón para el equipo de Carrión y las ocasiones sucendiéndose una tras otra. Ya en el primer minuto Carlos Abad tuvo que trabajar para desviar un lanzamiento de Caballero. Jaime Romero fue el puñal que casi siempre utilizó el CCF para tratar de hincarle el diente a su rival. El manchego desbordó a Luis Pérez en el minuto 8 y sirvió un balón a Markovic que remató alto por muy poco. Acto seguido, misma conexión e idéntico resultado. Aunque ese par de errores no eran más que el preludio del gol del serbio, con la participación de Jaime y Caballero en una brillante triangulación del frente ofensivo. ¿Del rival? Pocas noticias, pues al equipo de Martí no le funcionó de inicio ni la capacidad de aguantar el marcador en empate.

Pero fue ahí, con el resultado a favor y el partido dominado, cuando el Córdoba volvió a darse un tiro en el pie. Josema salió demasiado lejos para tratar de frenar a Casadeús, que lo dribló sin problemas y conectó en profundidad con Brian Martín; Caro no llegó al corte y el empate enfrió el ambiente. Tanto que al CCF se le olvidó ese ímpetu inicial y perdió el dominio del juego de manera inexplicable. El Tenerife se hizo con el control y encontró pronto el premio. La falta de contundencia entre Caballero y Loureiro la aprovechó Iñaki para ganar el área y asistir a Víctor Casadesús con facilidad. Dos despistes atrás, dos acciones de falta de contundencia, dieron al traste con un buen planteamiento y una puesta en escena intensa y acertada. El segundo gol fue una losa para los locales, que ni siquiera pudieron generar peligro recurriendo a un Jaime Romero tan desbordante como intermitente.

Al descanso la sensación ya no era para nada buena. Pero de manera sorprendente Carrión no varió nada de su equipo, no introdujo cambios esperando un cambio de actitud que no llegó. Del juego colectivo que pregona el técnico, ni rastro, pues los blanquiverdes trataron a menudo de hacer la guerra por su cuenta. Así, el desenlace era fácilmente imaginable y más aún cuando a la desidia de muchos futbolistas se unió el infortunio de Álex Vallejo, que pasada la hora de juego convirtió en autogol la enésima internada de Iñaki, que ayer pudo salir de El Arcángel como internacional gracias a la pasividad del CCF para frenar sus arranques.

Carrión aceleró los cambios en busca de una reacción que ya no iba a llegar de ninguna de las maneras, pues hasta el final del choque el equipo no hizo más que desdibujar su imagen, para acabar dejando una sensación bastante lamentable que puede devolver el nerviosismo a la grada y el entorno y que, eso seguro, convierte el partido de Granada en otro examen importante para los cordobesistas. El tanto de Aveldaño, rematando alarmantemente solo en el área para agrandar más la herida, ejemplificó a la perfección la actitud de un Córdoba insolente que dice adiós a la Copa. Ya no habrá más escarceos intersemanales con el premio de ver de cerca la Primera División y habrá que esperar que, al menos, la resaca copera no salpique también al caminar del equipo en la liga.

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