Córdoba CF-Nástic

Carrión juega a matar... y muere (1-5)

  • El futuro del técnico queda más en entredicho que nunca tras la clara derrota de un Córdoba superado desde el primer minuto y martirizado en la recta final

  • El equipo cae a zona de descenso tras su séptimo tropiezo

Un lance del partido. Un lance del partido.

Un lance del partido. / Álex Gallegos

Ya no hay nadie (ni nada) que pueda defender a Luis Carrión. El técnico se la jugó ayer a cuerpo descubierto y salió malherido, moribundo prácticamente. No es el único culpable, pero sí la solución más fácil que el club tiene entre manos para tratar de reconducir el rumbo de un equipo que tiene una pinta malísima. El Córdoba ya está en descenso de nuevo, con una serie de siete derrotas en diez partidos y con la defensa más goleada de la categoría, con mucha diferencia además, tras un encuentro infame ante el Nàstic, que se adelantó a los 48 segundos y goleó en los últimos diez minutos para dejar tocado un proyecto al que las campanillas que se le quisieron colgar en el verano ya le sobran. La afición habló bien claro ayer por enésima vez, pero en esta ocasión señalando tanto al banquillo como al palco, pues apenas diez jornadas han bastado para que las costuras del plantel hayan saltado por lo alto. Ahora es el turno a los que mandan: o cogen el toro por los cuernos o pegan otro capotazo, pero mientras tanto el grupo pide a gritos soluciones para no hundirse.

Empeñado en levantar al equipo a través de la posesión y el ataque, olvidando que en la categoría lo básico es ser fuerte sin balón, como se lo han hecho ver los primeros dos meses de competición, Carrión dio una vuelta más de tuerca al once: Edu Ramos como central para mejorar la salida desde atrás, con Pinillos, Jaime y Aguza completando las novedades. El plan volvía a ser el mismo que en Lugo o ante el Alcorcón, pero se torció antes del primer minuto cuando el malagueño se quedó en tierra de nadie en un salto con Manu Barreiro, que la bajó bien y dejó solo a Uche para que luciera definición.

A los 48 segundos, el Córdoba ya estaba por debajo en el marcador, lo que enervó aún más los ánimos de una afición de uñas ya desde la previa. Quedaba por ver ahora la respuesta de un conjunto incapaz hasta la fecha de remontar. Al contrario que en anteriores ocasiones, esta vez al menos se mantuvo en pie y, con balón, trató de crear algo de peligro, pero lo más que logró fue inquietar a Dimitrievski con un testarazo lejano y bombeado de Markovic. Enfrente, el Nàstic se mostraba tremendamente cómodo con la situación del encuentro, con unos espacios tremendos para explotar sus contras.

La distancia entre las líneas del CCF era enorme, y ahí nadó a las mil maravillas el ataque grana. Omar lo intentó con un derechazo mal repelido por Pawel que a punto estuvo de aprovechar Barreiro a la carrera y, acto seguido, el disparo del gallego lo volvió a dejar muerto el polaco para que esta vez sí Uche resolviera de lujo. Ahora sí, los de Carrión notaron el golpe y una nueva transición de banda a banda casi la exprime Omar para romper definitivamente el duelo. No lo hizo y casi en la siguiente jugada una buena acción en la presión de Aguza posibilitó el robo de Markovic y el gol de Guardiola.

La confianza del equipo creció como la espuma tras el tanto y le sirvió para ajustar las líneas. No sólo a la hora de atacar, sino también para taponar las vías de agua defensivas, que como dicen los números son muchas y preocupantes, pues con una media de más de dos goles encajados por cita es imposible llegar a ningún sitio. Con el Córdoba con la posesión, buscando más de una vez el desplazamiento en largo buscando los movimientos de fuera hacia adentro de Jovanovic, al Nàstic le costaba ya más salir, mientras se afanaba en minimizar los intentos locales: saques de esquina, tiros lejanos de Aguza y Lara, desequilibrio interior con Jaime, incorporación de los laterales... Más o menos el guión que seguro tenía Carrión en la cabeza en la previa, sólo que con el marcador cuesta arriba...

El duelo se jugaba cada vez más en campo rival, aunque las dificultades para ver de cerca a Dimitrievski eran mayores con el paso de los minutos. El Nàstic acumulaba sin importarle lo más mínimo hasta nueve futbolistas en menos de 20 metros con el objetivo de proteger su arco, que a duras penas quedó indemne antes del descanso.

Pero el paso por los vestuarios, como al inicio, sentó bien al equipo de Rodri, que subió su línea de presión y, a los 30 segundos, robó un primer balón que Uche hizo bueno sacando una falta en la frontal y una amarilla a Edu Ramos; el intento de Tejera cortó la respiración a más de uno. Esa puesta en escena frenó el ánimo del CCF, que tardó en entrar en acción. Eso sí, su primera aparición, más vertical que combinativa, fue clarísima: el envío de Jaime Romero no acertó a empujarlo a la red, en posición forzada, Jovanovic.

Acto seguido, Carrión movió ficha, ganándose la pitada del respetable: Jona al campo... por Sergi Guardiola. ¿Cómo se explicaba eso con el marcador en contra y en casa? Pues porque el delantero pidió el cambio porque estaba vomitando, según dijo luego el técnico. Y es que no era muy normal prescindir de tu hombre más enchufado en ataque -cinco goles en las últimas seis jornadas-, ni siquiera atendiendo a que el encuentro ya estaba más trabado y a los blanquiverdes les costaba mucho más pisar con peligro real el campo rival. Markovic y Fernández lo intentaron al recoger balones en bote en el área tarraconense, pero sus disparos salieron sin dirección muy lejos del portal grana.

El crono corría y el Nàstic apenas sufría pese a los intentos de un CCF alocado, volcado ya sin red. Y eso provocó un par de contras letales. En la primera, Pawel le ganó el mano a mano a Delgado, pero en la segunda, su salida temeraria ante el chileno acabó en un penalti que el atacante grana marcó a la segunda para liquidar el partido y algo más. Porque sin que hicieran falta el cuarto y el quinto más que agrandar la herida y rubricar el partidazo de Manu Barreiro, tanto el proyecto como la aventura de Carrión en el banquillo ya van camino de saltar por los aires.

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