Laliga 1,2,3 | Córdoba-Lorca

Narváez resuelve el jeroglífico (1-0)

  • Con muchísimos apuros por su actuación más gris en mucho tiempo, el Córdoba saca adelante el partido con un golazo del colombiano y se sitúa a sólo dos puntos de la permanencia

  • El Lorca tuvo más y mejores ocasiones

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Las imágenes del Córdoba-Lorca / Álex Gallegos

El Córdoba ya está donde quería. Le ha costado sangre, sudor y alguna que otra lágrima, pero desde ayer, cuando uno echa un vistazo a la clasificación, por fin ve al equipo blanquiverde en el lugar imaginado. El objetivo, la permanencia, está a tiro de dos puntos, un partido, después de dar forma a una remontada espectacular que, eso sí, no se podrá considerar como tal hasta que no se culmine con éxito. ¿Será la próxima jornada? ¿Dentro de dos? Mejor no jugar a adivinos y quedarse con que el milagro está en su punto justo de cocción. Entre otras cosas porque dar por hecho lo que puede ocurrir en el futuro ya ha quedado demostrado que no es nada recomendable.

El más vivo ejemplo fue el partido ante el Lorca. Desde que el día antes se conocieron los resultados, quien más y quien menos se hizo sus cábalas, todas por supuesto con los tres puntos ante un equipo desahuciado que lleva colgado el dudoso honor de tener los números más pobres a domicilio de toda la categoría. Pero había que jugar para ganar. Y en el verde, ya las cosas resultaron muy diferentes. El Córdoba firmó su actuación más gris en mucho tiempo, de largo la peor desde la llegada de Sandoval al banquillo, yendo un poquito más allá en cuando a actitud de lo ofrecido una semana antes en Soria. Era como si todos supieran que el gol llegaría porque sí, sin necesidad de ofrecer lo mejor, por simple inercia. Así, tocó sufrir, agarrarse a Pawel y esperar al cuarto de hora final, ya ante un enemigo en inferioridad numérica, para dar el golpe de gracia con un golazo de Narváez. Su grito, de liberación tanto personal como colectiva, hizo retumbar toda una ciudad que empieza a creerse que su equipo puede volver a vestir de plata el próximo curso. Por el momento, ya depende de sí mismo, y eso es una ventaja extra de cara a las ocho jornadas finales.

Amigo de las sorpresas y pese al mal sabor de boca que le dejó la última, Sandoval se la jugó con Quiles de inicio en un equipo al que volvía Aguza para dar otro aire a la medular. Y el Córdoba se presentó en la batalla bien, con una línea de presión alta y buscando en los envíos directos la mejor opción para dañar la poblada zaga lorquina. Con esos argumentos y un Reyes haciendo estragos en el juego entre líneas, los blanquiverdes empezaron a llegar bien al área, aunque sin capacidad real para inquietar a Dorronoso. Lo intentaron Sergi Guardiola, que pidió mano de Pina en el recorte, y Jovanovic, con un desmarque de ruptura al que le faltó el toque final por elevación ante la salida del meta. Se sumaron luego a la fiesta el propio Reyes, con un disparo desde la medular que no halló puerta, y Aythami, que no supo dirigir su cabezazo tras aprovechar un aclarado en un córner.

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Las imágenes del Córdoba-Lorca / Álex Gallegos

Todo parecía seguir el guión previsto, aunque sin chispa, sin ese plus de intensidad que necesita todo partido para terminar de estar bajo control. Ni siquiera una clara ocasión de Jovanovic, que no supo qué hacer tras un buen envío de Guardiola (ay si los papeles hubieran sido al contrario...) fue capaz de encender a un equipo peligrosamente indolente. El Lorca poco a poco fue encontrando su sitio en el verde, con pausa en la salida desde atrás, y Noguera y Javi Muñoz al mando de las operaciones. Lo suficiente como para pasar a dominar el partido, a llevarlo a su terreno y demostrar que pese a que sus opciones de salvación son remotas, su profesionalidad está por encima de todo. Y entonces le tocó aparecer a Pawel con su capa de superhéroe. Primero para repeler un buen derechazo de Javi Muñoz desde el balcón del área, luego para desviar un tiro a bocajarro de Dani Ojeda, que había desviado lo justo un zurdazo de Fede Vega. Y entre una y otra, para soplar ante un envío de Peña que se paseó sin que Manu Apeh y el propio Ojeda acertaran a empujarlo a la red.

Ya por ese momento, el partido había cambiado de decorado al tener que irse lesionado Reyes, tras una dura entrada de Noguera para frenar una contra. Con Narváez sobre el verde, el Córdoba perdió claridad en el pase largo y manejo en la zona de tres cuartos, pero ganó pegada. De hecho, de los pies del colombiano salió la primera oportunidad que hizo trabajar de verdad a Dorronsoro, atento para mandar a córner un zurdazo que buscaba el palo largo, a ras de suelo, donde duele. Demasiado poco bagaje para un equipo que se juega la vida ante su gente. Por eso, Sandoval retiró en el descanso a Quiles para volver al plan original con Aguado, lo que desplazaba a la izquierda al jugador del Betis.

Con la mitad del partido consumido, era el momento de buscar otra cosa, de probar algo diferente. La movilidad y el arrojo del jienense dieron más ritmo de salida a los blanquiverdes en el juego de transición y, por unos minutos, encerraron cerca de su área a los visitantes. Fue un espejismo, pues el Lorca siguió teniendo el partido bajo su control hasta que Gomelt cortó con una falta una salida de Aguado en la medular, pisándole el tobillo. Roja. Un argumento más a favor para poder terminar de dar el giro adecuado al encuentro. Nada más lejos de la realidad.

Ante diez, el Córdoba se perdió del todo. No supo cómo hacer daño al orden blanquiazul y empezó a conceder opciones a la contra. Pawel apareció con una manopla espectacular a mano cambiada para despejar un derechazo de Ojeda y repitió actuación de continuo ante otro disparo de Javi Muñoz. El Lorca era el que llegaba más y mejor, con suficiencia en la línea de tres cuartos, saliendo bien aprovechando la movilidad de Villalibre, que fabricó otra buena acción en el área que Ojeda, solo, mandó a las nubes con todo a su favor.

Era la fase más crítica del equipo de Sandoval, que quemó sus naves con la entrada de Jauregi para ajustar a los centrales enemigos, a los que tocaba exigir y exprimir para que al menos sufrieran tras vivir en un escenario demasiado cómodo. Con Aguado al mando, el Córdoba empezó a mirar el área y con todos pendientes del cuándo el balón iría a la olla, Narváez hizo diana con un latigazo desde la frontal. Con un cuarto de hora por delante, el Córdoba ya había hecho lo más difícil y, tras el sufrimiento anterior, optó por el control y el temple ante un rival que se fue con todo para igualar en lugar de buscar el segundo. No hizo falta. El único dos que importa ahora es el que marca la distancia con la salvación.

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