Editorial

La bofetada y el esperpento

CUANDO la Justicia se empeña en alejarse de la realidad tiene una gran facilidad para caer en el esperpento. Es lo que ha sucedido en Pozo Alcón, un pueblo de Jaén, con la pintoresca sentencia emitida por un juzgado de lo penal en la que se condena a una mujer sordomuda a 45 días de prisión y un año de alejamiento de su hijo de 11 años por propinarle una bofetada durante una discusión sobre los deberes escolares y las faltas de asistencia a clase. Durante esa discusión, por cierto, el menor agredió a su madre con una zapatilla. Si al esperpento le faltaba algún detalle, el fiscal ha recurrido la sentencia porque le parecen pocos los 45 días y pide que la condena se eleve a 67. La razón es que los hechos ocurrieron en el domicilio familiar, lo cual constituye un agravante. Aun admitiendo que la sentencia es consecuencia de una reforma legal mal hecha y desenfocada, es también responsabilidad del juez hacer una interpretación razonable y no puramente mecánica de la normativa legal. En este caso no cabe duda de que esa aplicación mecánica de una ley mal hecha ha llevado a la estrambótica situación en la que una madre va a ser separada un año de su hijo por un incidente nimio que en ningún caso debe marcar el futuro de esa familia. Hay que pensar que cuando el legislador decidió modificar el Código Civil y retirar la norma que permitía a los padres "corregir moderada y razonablemente a sus hijos" estaba buscando proteger a los menores contra los malos tratos sistemáticos en el hogar. Calificar de malos tratos lo sucedido durante el incidente que comentamos es, sencillamente, un disparate. En la exageración de lo políticamente correcto que estamos sufriendo en muchos ámbitos hay un aspecto que se presenta especialmente preocupante: la pérdida de autoridad de padres y profesores. Esta sentencia y el recurso del fiscal entran de pleno en este aspecto. No es ni mucho menos un problema menor el que refleja esta situación. La pérdida de autoridad en el hogar y en el colegio está causando un daño social que ya se puede adivinar, pero que, desgraciadamente se proyectará con toda su crudeza en el futuro.

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