Y a usted, ¿le atienden?

Pedro Caballero-Infante Caballeroinf@hotmail.com

Soledinemia

RAMÓN era un paciente virtual de la farmacia hasta que, de un tiempo a esta parte, se ha hecho real por una triste razón. Este hombre enviudó hace dos años de Leocadia, que no sólo era su mujer sino sus pies, sus manos y su mente.

El boticario lo conocía más por lo que hablaba de él su mujer que del trato personal.

-A mi Ramón, los mareo no se le quitan.

-Leocadia… la que necesita cuidarse es usted y olvidarse un poco de su marido, que está más sano que una pera.

-Es que mi maríoé un cascabé, tié toa la grasiader mundo, pero lleva una temporámuachantao.

-Pues la que se tiene que cuidar es usted.

Leocadia, obviamente, no se dejó aconsejar y murió hace dos años de una neumonía no diagnosticada a su debido tiempo. Por ello Ramón, el paciente virtual, que no aparecía por la farmacia ni por lo más elemental, ahora se ha convertido en un asiduo por su obligada soledad.

Tiene tres hijos, ya independizados, que lo vigilan y lo visitan asiduamente.

-Pero no es lo mismo… usté.

Este viudo se ha encontrado de golpe ante una situación inesperada que se le ha escapado de las manos. Una asistenta por horas no palía en casi nada lo que es la lucha diaria por la mínima supervivencia.

-Yo no sé comprá, don José. Hay vese que las maría me miran y me disen: "¿quién é la úrtima?". Y yo, por no cabrearme , contesto: "¡Servidora!"

La salud de Ramón es aceptablemente buena sopesada su edad y una juventud pletórica pero pequeños achaques y la presunción de una enfermedad incapacitadora que lo convierta en una carga para sus hijos, lo trae por la calle de la amargura.

Los vástagos, como el padre por deformación profesional (se jubiló como empleado de un diario local), es un afanoso lector de prensa, le han puesto en su casa internet para que así no tenga que comprar los muchos periódicos que siempre le ha gustado leer.

Ahora recibe gratis el que edita la empresa en la que trabajó y lee en pantalla los digitales.

-No é iguá, don José. Yo me comía mejón la tostá con er tufo de la tinta.

Ramón ha caído en la tentación de acudir diariamente a la consulta médica del doctor Google que lo ha convertido en un erudito a la violeta de patologías y de parámetros analíticos.

-¿No me han hecho er peseá?... ¡mia que le dije a la niña que me lo sacaran tamién!

-Pero, Ramón… ¿usted tiene problemas de próstata?

-No.

-Usted, si acaso, tiene las goteras propias de la edad.

-¿Goteras, dise usté?. ¡Yo tengo un bajante!

El doctor Google ha conseguido que el viudo se haya hecho un habitual de la farmacia y que don José, a pesar de su comprensión y cariño, se descomponga un poquito cuando lo ve, desde muy temprano, esperando a que abran la farmacia.

Hoy ha venido, una vez más, con unos nuevos resultados analíticos para que el boticario se los interprete, aun en la seguridad de que los asteriscos brillan por su ausencia.

-Ramón, está todo muy bien.

-¿Pero me han hecho de o no?

-De todo.

-Pó argo debe fartá porque yo no me encuentro bien. ¿Qué me podría jasé má?

-Un análisis de soledinemia.

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