La gloria de san agustín

Navidad

PUEDE que la de este año haya sido la mejor Nochebuena de toda mi vida, y eso que de nene me lo pasaba la mar de bien, pero era diferente, y no sé yo si me estoy explicando del todo. De mayor se viven más unas cosas y de nene otras, y de mayor es más difícil que se lo pueda pasar uno bien, porque se tienen más responsabilidades y esas cosas. Me parece que, en vez de arreglarlo, lo estoy liando todavía más.

El día de Nochebuena, esta vez, el Cayetano y yo nos comportamos, que no nos plantamos en la cena con las trancas de otros años, que luego se nos quedaba un cargo de conciencia que nos duraba hasta el verano, que mi hermana se pasa tres días preparando y nosotros ya íbamos hasta las cejas, que apenas probábamos bocado. También ayudó que Soraya se viniera con nosotros a ver Belenes, que este año sí hemos entrado a verlos en vez de apuntarnos a todas las rondas que nos quisieran invitar. En estas cosas sí que tienen más cabeza las mujeres, que no son tan fáciles de dirigir como los hombres, que a la mínima nos despistamos y ya no hay quien nos pille. Pues eso, que yo nunca me había fijado mucho en los Belenes y la verdad es que hay algunos que tienes que estar buen rato mirándolos, de todas las figuras que tienen y de todas las cosas que pasan, que los hay hasta con peces de verdad y con norias que giran. Me gustó mucho verlos, sí, y al lado de Soraya todavía más, para qué les voy a engañar, que se me siguen trabando las palabras cada vez que la tengo cerca.

Tuvimos una noche tranquila, y el veinticinco, como está mandado, nos comimos los restos de la cena y un caldito que hace mi hermana, igualito que el de mi madre, que levanta a un muerto, que yo no he probado cosa más rica en toda mi vida. Y cuando ya íbamos a empezar otra vez con los mantecados y el anís aparecieron Cayetano y su prima Soraya, que era la primera vez que se presentaba en casa de mi hermana. Yo me puse un poco nervioso, pero ellas se hicieron amigas en menos de cinco minutos, que parecía que se conocían de toda la vida. Y anda que no se rieron a costa mía, una auténtica barbaridad, con muchas ganas. Vamos, que le gustó a mi hermana un montón, y lo mismo a mi cuñado, que cuando no se daban cuenta me pegaba codazos el muy puñetero, que me conoce ya de muchos años y no le puedo esconder nada. Pues con el café nos pusimos a organizar el guateque de Nochevieja, que es en lo que estamos ahora liados, que nos vamos a juntar un montón de amigos y seguro que le vamos a dar la mejor entrada posible al año nuevo.

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