Rescatado

San Agustín recibe al Rescatado con todos los honores

  • Los vecinos del barrio se congregan en una plaza con gran sabor cofrade · Una multitud sigue la imagen del Nazareno

 La del Rescatado no es una hermandad al uso. Es la encargada de canalizar una de las devociones más potentes de la ciudad. La multitud está siempre presente esté donde esté el portentoso Nazareno de los trinitarios. La salida, en los Padres de Gracia, en una de esas grandes multitudes que se dan cada Semana Santa y que nunca decaen. El Rescatado, elevado, hierático, solemne, se convierte en el eje devocional del Domingo de Ramos, como culminación de todos esos viernes de años en los que su camarín atrae a miles de devotos que no saben distinguir entre una marcha de Virgen de otra de paso de misterio. Ni falta que hace.

Esta predilección por el Rescatado se hizo realidad un año más ayer en las calles de Córdoba, donde una riada densa de fieles dejaba claro que la devoción no es de un barrio ni de una parroquia, sino que es transversal, como diría  un moderno.

Uno de los puntos del recorrido donde se produjo una singular combinación entre lo general y lo concreto fue en la plaza de San Agustín, donde esa espesa marea humana que rodea al Rescatado fue recibida por los vecinos de unos de los barrios que lo llevan más a gala. El de San Agustín es muy suyo y así lo ha sido desde siempre. Ha defendido con uñas y dientes la singularidad de ser el único barrio del casco histórico que no es parroquia y no permite por eso ninguna intromisión.

Si se lo proponen, los de San Agustín pueden ser muy fríos a la hora de recibir a quien llega de fuera. Pero ayer se volcaron, como es normal, a la hora de recibir el cortejo del Rescatado.

La plaza de San Agustín, la que tiene el azulejo de la Virgen de las Angustias como algo más que una declaración de intenciones, se convirtió a eso de las siete de la tarde en el salón engalanado que recibió a los nazarenos trinitarios. La Virgen de la Amargura entró en la plaza en medio de una multitud llegada desde la calle Jesús Nazareno, Hinojos o Dormitorio. Cruzó el viejo compás sin marcha alguna, con granadera, pero esto no mermó el ánimo de los vecinos que la piropearon con una saeta antes de que se perdiera por las Rejas de Don Gome.

La imagen del Rescatado, la que concita el fervor de un pueblo desde el siglo XVIII, más que llegar irrumpió como una aparición por la esquina de la antigua farmacia de Dávila y compitió en altura con los plataneros de la plaza. No había que mandar silencio, esa mirada baja desde lo alto del paso caló en los vecinos de San Agustín que asistieron respetuosos al paso del Jesús Preso que marchaba camino del centro de la ciudad.

Tras la imagen, las miles de personas que lo acompañan en una singular forma de hacer promesa y que rompe el silencio y el respeto que trasmite la portentosa talla del Rescatado cada Domingo de Ramos.

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